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Ir por lana y volver trasquilado


Se trata de un dicho muy antiguo; aparece en el Poema de Fernán González, y también en La Celestina, donde, por haber chiste, se cambió el "trasquilado" por "sin pluma".
Según la historia que dio como resultado esta expresión, se opina que lo de "volver trasquilado" se refiere a la antigua pena de trasquilar a cruces, es decir, sin orden, cruzándose las tijeretadas al modo con que se trasquila a las ovejas, pena que se aplicaba a los blasfemos y judíos. A esta pena le llama el Fuero Juzgo "esquilar ladinamente", y el Concilio IV de Toledo, turpiter decalvare.
No obstante esta opinión, existe una, mucho más antigua, según la cual, el proverbio que comentamos alude al carnero que se mete en rebaño ajeno y vuelve al suyo trasquilado.
Fuente: http://www.fundacionlengua.com/es/ir-lana-volver-trasquilado/art/165/

Tener siete vidas como el gato

El que los gatos tengan siete vidas es una antigua creencia de origen egipcio, que consideraban tal animal como sagrado.

Como ocurre con todos los felinos, la flexibilidad de su columna vertebral y su agilidad —que les permite volverse rápidamente en al aire aún cayendo de espaldas— les hace salir indemnes de situaciones comprometidas. Y las almohadillas de sus patas evitan que los impactos con el suelo sean violentos.

Su proverbial facilidad para suavizar el impacto de las caídas desde lugares altos, su habilidad para retorcerse en el aire y no caer nunca de espaldas, su especial predisposición para la supervivencia, les otorgó fama de tener siete vidas, de tener siete oportunidades para salvarse de peligros.


En Egipto el gato estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad. Los gatos también eran momificados y todo aquel que se atrevía a matar un gato era acreedor de la pena de muerte.

En el siglo XII la Iglesia comenzó una persecución a los gatos, a los que consideraba símbolo del diablo y cuerpo metamórfico de las brujas. Se alentó de tal forma esta persecución que llegó a convertirse en espectáculo la quema de estos animales en las hogueras la noche de San Juan.

Se reivindicó la existencia de los gatos a partir del XVII debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de temibles y desoladoras plagas. Durante el siglo siguiente recuperó su prestigio y por su belleza sirvió como modelo para múltiples cuadros y esculturas..

La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca dio lugar a que en las supersticiones relacionadas con él se le considere representante de la mala o la buena suerte, según las circunstancias o lugar en que naciesen.

El gato negro puede traer buena o mala suerte dependiendo del lugar y la circunstancia de su encuentro: unos dicen que el gato negro es portador de mala suerte, mientras que otras creen que la mala suerte la trae el rojo.

Se dice que el vaticinio es nefasto si se cruza en el camino de una persona de derecha a izquierda. También que pierde este carácter de maldad si tiene un lunar blanco en alguna parte del cuerpo.

En Europa y Norteamérica se considera que un gato negro trae buena suerte si camina hacia ti, pero si se aleja se lleva la suerte consigo. Lo mismo sucede si el gato se cruza de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, considerado de mal agüero.

Desde tiempos lejanos las madres deben tener los gatos alejados siempre de los bebés porque "sorben el aliento" del niño como los vampiros. Si observamos a los gatos cuando los tenemos en el regazo tienden a acercarse a la boca y husmear. No es difícil imaginar que, dado el miedo a las fuerzas tenebrosas, este gesto parecería un intento de sorber que podría poner en peligro a un niño, pues el gato le sorbería la vida.

Soltar los galgos

El galgo es un perro que se caracteriza por ser muy rápido en la carrera, especialmente cuando le sueltan la liebre. Los que hayan visto alguna vez una carrera de galgos comprenderán que me refiero a cuando los organizadores de estos eventos bastante patéticos hacen circular un cuero de liebre tirado por un alambre a lo largo del lateral interno de un circuito por donde hacen correr a los pobres perritos, al tiempo que ellos apuestan para ganar o perder dinero a costillas del “sudor de la frente” de los velocistas caninos.

Arrastrar el ala

Aquí en mi país, frente a la Casa de Gobierno -La Casa Rosada, que le decimos- hay una plaza enorme: la Plaza de Mayo, cuyo nombre viene a cuento de la Revolución de Mayo de 1810, en que los criollos se reunieron allí –en aquel entonces, su nombre era Plaza Mayor- para derrocar al Virrey Cisneros, reconociendo la autoridad de la Junta Revolucionaria y formándose así el Primer Gobierno Patrio. (Fuente: Ministerio de Educación de la Nación Argentina)

Como un elefante en un bazaar

Elefante en un bazar
Cortesía  DesdeElTablón.blogspot.com
En la Argentina, decimos "como un elefante en un bazaar". Aunque tenemos entendido que en otros países, como España, se utiliza "cacharrería" o "cristalería" en vez de bazaar. Por ejemplo, Carlos Rivera ha escrito: "Esta popular locución es una construcción gramatical en sentido comparativo y es frecuentemente utilizada para ponderar el daño ocasionado por la inadecuada presencia peligrosa de alguien o algo que puede ser lesivo en determinado lugar o circunstancia. Su origen es el imaginario popular haciendo alusión, exageradamente, a los posibles destrozos que podría causar el paquidermo citado en la frase con su presencia en un establecimiento dedicado a la venta de cacharros o recipientes de barro, aunque también suele utilizarse en la frase, según hábitos locales, la palabra “cristalería” por “cacharrería”."

Fuente:  Carlos Rivera

Estirar la pata

Antes de comenzar a definir, pediré encarecidamente a los lectores un minuto de silencio.
Muchas gracias.
(Se ruega a las personas impresionables que no continúen la lectura, ya que contiene material explícito acerca de temas que pueden excitar su impresionabilidad, [Nota del Autor])
Una vez realizados todos los preámbulos, he aquí lo que sigue:
Mientras buscaba sinónimos de fallecer en el diccionario, me vino a la mente la reflexión de que, indudablemente, el tema de la muerte es tabú en nuestra cultura occidental, con su típico apego a la vida, a juzgar por la enorme cantidad de sinónimos de morir, sean verbos, frases o expresiones coloquiales. Me arriesgo a decir que para muchos, las palabras muerte y morir, así como sus sinónimos llegan a ser verdaderas “malas palabras”. Todas ellas están teñidas por el sufrimiento cultural de la pérdida y el duelo subsiguiente, motivo por el cual, a lo largo de la historia nos hemos esforzado en ocultarlo debajo de la gruesa alfombra del disimulo, el sarcasmo, el optimismo y todos los demás posibles artilugios.
De todo este tema, lo que más me ha llamado la atención es la cantidad de expresiones coloquiales que giran en torno al verbo morir, más que el extenso listado de verbos sinónimos.
Entre ellas, la que intitula a este post y otras de la misma índole, que nuestra riquísima lengua popular (Calamaro dixit) nos ofrece:

“irse al otro mundo”
“irse al otro barrio”
“doblar/torcer la cabeza”
“estar fiambre” (Argentina)
“mirar los rabanitos desde abajo” (Argentina)
“salir con los pies/las patas para adelante” (Argentina, haciendo clara referencia a cómo se empuja un cuerpo en una camilla)
“irse a la quinta del Ñato” (Argentina)
“colgar los guayos” (Colombia)
“ponerse el traje de madera” (España)
“irse a criar malvas” (España)
“liar los petates” (México)
“colgar los tenis” (México)
“entregar el equipo” (México)

Entre otras con significado similar, pero más benévolas figuran: “pasar a mejor vida”, “apagarse” (opcional: como una vela), “cerrar los ojos”, “dar el último suspiro”, “irse al cielo”, etc.
El origen de estirar la pata, según la fidedignísima aseveración de nuestro gran amigo, el frondosamente experimentado y nunca bien ponderado José “El Antiguo”, radica en la forma en que mueren los pajaritos. Según me ha referido personalmente Don Pepe, como cariñosamente le llamamos en nuestro círculo íntimo, los canarios y otros tipos de aves de diminuto porte, domésticas o silvestres (las cuales en mi país llamamos, con inspirada originalidad, pajaritos), al morir adoptan una rigidez característica: con las patas estiradas hacia delante, las cuales, al yacer sobre el dorso los cuerpos a los que aun pertenecen, quedan apuntando hacia el cenit en lugar de apuntar hacia abajo, como cuando se hallan parados. Quienes hayan conocido de cerca a los pajaritos, darán fe por sí mismos de la afirmación de Don Pepe. Quienes no hayan visto fenecer una de estas avecillas, deberán saber que si las encuentran con las patas estiradas hacia delante, será en vano que insistan en soplarles las partes íntimas en franco intento de reanimarles. Ya no habrá soplido que pueda hacerles aflojar esas patitas, ni volver a hacerles levantar el vuelo, desdichadas criaturitas de este mundo.
Espero, sinceramente, no haber herido la susceptibilidad de ninguno de ustedes y dejaré por hoy el teclado en reposo para irme a estirar las piernas, que no es lo mismo que ya saben qué.
Salut!
Imagen: La Coctelera

Por si las moscas

Publicado originalmente por D'Artagnan el 3/07/08 y editado por D'Artagnan y Athos el 4/11/08)

Las moscas son unos insectos tan molestos como habituales, de los que hay que proteger y resguardar los alimentos por higiene.La simple precaución de tapar los recipientes, envolver o resguardar la comida por si las moscas hacían su aparición, ha devenido un gesto cotidiano para preservar la salud.Es de suponer que la frase se emplearía habitualmente épocas anteriores y en ambientes rurales lo que pudo motivar que la precaución se generalizara posteriormente a cualquier actividad y que por si las moscas se convirtiera en una locución coloquial con el significado de ‘por si acaso, por lo que pueda suceder’.Otra versión, arguye que, en ocasiones, la frase se acentúa afirmando: “por si las moscas pican” ('desazonan, incomodan, abrasan') y atribuye su origen a una extraña leyenda, en la cual se cuenta que las moscas conocidas con el nombre de "moscas de San Narciso" brotaron repentinamente en 1285 de la tumba de este santo gerundense y atacaron al ejército francés, que al mando de Felipe 'El Atrevido', se disponía a sitiar la ciudad de Gerona. Las famosas moscas levantaron el pánico y contagiaron la peste entre los invasores, quienes tuvieron que levantar el sitio mientras salían espantados.

Fuente: 1de3, Carlos Rivera

Papar moscas

“Papar moscas” es una locución coloquial que alude a una situación muy concreta : estar con la boca abierta y sin hacer ni decir nada, con referencia a quien está absorto y distraído. El verbo “papar” viene a significar “comer cosas blandas que no necesitan masticarse”, aunque también se utiliza de manera exclamativa, en modo imperativo, para llamar la atención de alguien o para indicarle que va a recibir su merecido (“¡pápate esa!”). Coloquialmente el verbo “papar” se utiliza también en la forma de “papear”, habitualmente en Andalucía. Por extensión se ha dado el sobrenombre de “papamoscas” a cierto artilugio del siglo XVI que marca las horas en la catedral de Burgos. El “papamoscas” burgalés (que nada tiene que ver con el nombre del pájaro que se alimenta de moscas) es una figura grotesca de rostro humano que emerge sobre la esfera del reloj y hace sonar la campana de las horas mientras abre y cierra la boca.

Fuente: Carlos Rivera

Después del burro muerto la cebada al rabo

Ningún animal es peor tratado y está tan mal considerado, también en el lenguaje, como el burro y sus sinónimos más usados: borrico, jumento, asno, pollino. Juan Ramón Jiménez ha reparado en gran parte el agravio diario que hacemos a este cuadrúpedo que en realidad es noble, paciente, sufrido, laborioso y filosófico. En "Platero y yo", nuestro poeta de Moguer (Huelva) elevó a este fiel y sumiso amigo del hombre al altar de la poesía. Pero el burro se sigue manteniendo en casi todos los idiomas como paradigma de la ignorancia, la estulticia y la tozudez, aplicándosele cualidades negativas que en realidad son sólo propias del ser humano.

El conocido fabulista de Orotava (Tenerife), Tomás de Iriarte (1750 - 1791), es el autor de la fábula "El burro flautista":

"Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

'¡Oh!, dijo el borrico,
¡qué bien sé tocar!
¿Y dirán que es mala
la música asnal?'

Sin reglas del arte
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad".


En esta fábula se ha originado la expresión coloquial "es como el burro que tocó la flauta", que se aplica a una persona que, careciendo de conocimientos, aptitudes o dotes, consigue hacer algo bien por casualidad.

Un (-a) burro (-a) es para un español alguien con muy poco entendimiento, con escasas luces, de menguado intelecto. También significa una persona terca, obcecada, testaruda o cabezota. Pero el burro, al menos eso se le reconoce, es muy trabajador, cualidad de la que abusa su amo, el hombre."Trabajar como un burro" decimos de quien trabaja demasiado. Un "burro de carga" es en sentido figurado alguien al que se echa encima o que asume más trabajo del que le corresponde, que trabaja exageradamente o que es capaz de aguantar mucho trabajo físico (o intelectual).

En el aspecto de la presunta necedad e insensatez del asno incide la expresión hacer el burro [asno], que significa hacer tonterías o disparates, cometer dislates. En el mismo sentido empleamos la expresión hacer burradas.
Es un burro puede significar que alguien es un ignorante total. "Es un burro, no sabe ni leer". Pero también puede emplearse en el sentido de ser obstinado, terco, tozudo y también poco sensible, animal. "Es un burro, nunca da su brazo a torcer". Las personas tercas no se apean nunca de su[del] burro. "Apéate del burro" decimos a alguien que es muy terco, que no quiere avenirse a razones, pero también se aplica a quienes son soberbios y creen estar sobre un pedestal de renombre y poder.

No hay peor ignorancia que la necedad. Esta idea la expresa la locución un burro cargado de letras, que se dice de quien habiendo leído mucho y poseyendo conocimientos se comporta como un necio, carece de discernimiento e ingenio.

Con burro existe en castellano también el dicho una vez puesto en el burro, buen palo, que quiere decir que cuando alguien emprende por fin una acción, lo mejor es llevarla a cabo con decisión.

En fin, muy acorde con la filosofía española del placer por el presente y de lo pasajero de las cosas terrenas, heredada de los árabes, pero que también hallamos en Séneca, está la expresión a burro muerto, la cebada al rabo, que nos sugiere que disfrutemos de esta vida, aquí y ahora, porque después de haber abandonado este mundo de nada sirven las riquezas ni los honores. En contra de lo que pudiese parecer a primera vista, la expresión es menos epicúrea que estoica, más fatalista que optimista. Nos aconseja que no esperemos nada de la posteridad después de muertos. Los elogios, la fama, la gloria son como la cebada que colocamos junto al rabo de un burro muerto. No sirven para nada.


Fuente: Asociación Alemana de Profesores de Español

La parte del león

Es una reminiscencia de la fábula de Esopo "El león y el onagro" (una especie de asno salvaje).

Según cuenta el fabulista griego, los dos animales colaboraban en una jornada de caza hasta que cobraron una pieza y llegó el momento del reparto, en la que el león llevaba la voz cantante.

Lo primero que hizo fue dividir el animal en tres partes y comenzó a efectuar el reparto: la primera parte era para él, por ser el rey; la segunda, también para él, en su condición de "socio a partes iguales" y, a llegar a la tercera, se detuvo, miró al onagro y le dijo: "Si no te vas de acá, la vas a pasar muy mal".

Posteriormente, el modismo quedarse con la parte del león pasó a expresar el abuso de poder y la falta de equidad en el reparto, cuando uno se asocia con alguien más poderoso.

Fuente: BELCA

El tiempo de las vacas gordas

Según cuenta la Biblia (Génesis), cierta vez el faraón tuvo un sueño singular e inquietante: vio cómo siete vacas gordas eran devoradas por otras tantas vacas extremadamente flacas.

Desconcertado por tal visión, convocó a los adivinos y agoreros más afamados del país, pero ninguno de ellos supo interpretar satisfactoriamente la pesadilla.

Ante tal circunstancia, hizo comparecer ante sí a José, hijo de Jacob y Raquel, que se hallaba en prisión y éste le explicó que las siete vacas gordas simbolizaban "los siete próximos años, que serían de abundancia y prosperidad", mientras que las siete vacas flacas representaban la "escasez y penurias que harán que se olvide toda la abundancia de la tierra de Egipto durante otros siete años, y el hambre consumirá la tierra".

Con el tiempo, la frase el tiempo de las vacas gordas adquirió el valor de aludir a cualquier período de prosperidad material, pero con la advertencia implícita de que a ese período habrá de sucederle otro de necesidades y apremios.

Fuente: BELCA

Bajar la caña

Si hubo algo que me cautivó cuando niño, ese ‘algo’ fue la pesca. Deporte unipersonal. Hombre o niño compitiendo contra un rival con idénticas huellas digitales y fecha de nacimiento. Presa oculta bajo el agua. Y la caña.
Sí, ese precioso instrumento de fibra de vidrio o carbono (o cualquier fibra que no fuera una de esas para colorear).
El aprendizaje y concreción de un tiro (lanzamiento) de la línea ‘de fondo’ o ‘de flote’ era –aaaaahhh!!!- una maravilla. Llegar a tirar ‘justo ahí, en la boca del pescado’. Una verdadera felicidad ribereña.
El día que escuché por primera vez la frase ‘bajar la caña’, mi ingenuidad constitucional agravada por la crianza típica dada a todo primer hijo, nieto, sobrino -y demás defectos congénitos con que he nacido-, no comprendía por qué se usaba dicha frase refiriéndose a una pareja (hombre-mujer) reciente y casualmente formada.
Ahora, miles (o millones) de años después, la ‘d’ final de mi ingenuidá’ ha sido derribada por esta excelentísima definición hallada por azar durante una nostálgica búsqueda de ‘técnicas de lanzado’ con caña de pescar en vuestro buscador favorito.
La sabiduría vino esta vez de la mano del “Mini Diccionario de Lunfardo” (Mini, de aquí en adelante) publicado por Colecciones Buenos Aires, un sitio web con el aval de la Secretaría de Cultura de la Nación (Argentina, por supuesto).
Y allí pude leer lo siguiente:

-bajar la caña.
1. Cobrar por algo un precio excesivo.
2. Poseer carnalmente a una mujer” (o a un hombre, agrego yo)

En un intento de traducir estas escuetas definiciones, propongo:
1. No necesita traducción.
2. Tampoco necesitaría, pero tratándose de un tema tabú, permítanme atreverme. Y la traduzco así: Cuando una ‘niña’ (o no tan niña) consigue el cometido de acostarse con un muchacho y viceversa (un viejo amigo del muchacho). (Cuando son varios seguidos, se dice “no deja títere con cabeza”).

Luego del esfuerzo traductoral, me surgió una pregunta inevitable: ¿Qué tiene que ver la caña con dos actos tan disímiles?
La respuesta del “Mini” no se hace esperar y está expresada así (con paréntesis y corchetes que llaman a ‘reserva y discreción’): “(Si no fuera tan nena le habría bajado la caña. 127/202). [Para interpretar este modismo conviene recordar la aguijada o picana que se baja sobre el buey para castigarlo, y también a la caña con que algunos cambalacheros bajaban las perchas con ropa de vestir destinadas a la venta]”.
Puede que esto corra para la acepción que lleva el as, pero ¿quién me explica el segundo significado?
Como ‘a falta de pan, buenas son las tortas’, intentaré hornear yo mismo un esponjoso pastel de definiciencia pretendidamente correcta para la acepción namber chú, de ignoto origen.
Y mis aproximaciones (no me cansaré de recordarles que si son del género f., siempre las prefiero de a muchas) se relacionan nuevamente con el deporte de la pesca.
La primera que me surge, tiene que ver con una técnica de recogimiento de la línea, en la que se realiza un movimiento descendente con la caña –hasta ese momento en posición casi vertical- llevándola a la posición (casi) horizontal, de manera de poder tomar impulso y elevarla repentinamente y con fuerza hacia su posición ‘anatómica’ original (sin ‘casi’). Con esto se consigue traer la ‘presa’ con mayor celeridad (Imaginen ustedes cuál puede ser la ‘presa’).
La segunda y última por hoy, no difiere tanto de la anterior, pero posee un orden diferente. En caso de ser una señorita la que ‘baja la caña’ al hombre - siendo este último el portador de ‘la caña’-… dejo a ustedes imaginar cuál podría ser esa ‘caña’ y a qué se llamaría en este caso ‘bajar’.
Dejo a vuestra más sincera creatividad, queridos lectores, la propuesta de participar aportando nuevos probables orígenes para la acepción que desentona.
Salut y disculpas por tanta implícita y grosera chabacanería!

Fuentes: Colecciones Buenos Aires
Foto: Iberimages

Lo conocen hasta los perros

El dicho alude a la figura de don Francisco de Chinchilla, alcalde de Madrid a fines del siglo XVIII.
Este buen señor acostumbraba a presentarse en los mercados, acompañado de sus alguaciles y guardias, al menor signo de disputa o riña, logrando -con su sola presencia- calmar los ánimos de los presuntos contendientes, de manera que la calma volvía a reinar en el lugar.
También se cuenta de don Chinchilla que, en cierta oportunidad, con el propósito de mejorar las condiciones de salud de los madrileños, dictó una ordenanza que autorizaba a los alguaciles a matar a pedradas a todos los perros abandonados y vagabundos.
La orden fue cumplida al pie de la letra y muy pronto se pudo ver por las calles de Madrid un gran número de lapidaciones de perros vagabundos.
Y llegó a tal punto la cuestión, que la gente comenzó a decir que los animales realmente conocían a su verdugo, ya que con la sola presencia de don Chinchilla, los canes empezaban a aullar y salían corriendo.
Con el tiempo, la expresión lo conocen hasta los perros se aplicó para dar a entender que alguien es muy popular.

Fuente: BELCA

Gato negro trae la mala suerte

Entre las supersticiones, el temor a un gato negro que se cruce en nuestro camino es de origen más bien reciente. Asimismo, se opone por completo al lugar preferente ocupado por el gato, cuando fue domesticado por primera vez en Egipto, unos 5.000 años. Todos los gatos, incluidos los negros, eran tenidos en muy alta estima por los antiguos egipcios, y la ley les protegía contra los malos tratos y la muerte.
Tal era la idolatría que inspiraba el gato, que la muerte de uno de estos animales hacia que toda la familia que le había albergado le guardara luto, y tanto ricos como pobres embalsamaban los cadáveres de sus gatos con el mayor lujo, envolviéndolos con un fino lienzo y colocándolos en sarcófagos de materiales valiosos, como el bronce e incluso la madera, todo un lujo en un Egipto tan pobre en árboles.
Los arqueólogos han exhumado cementerios enteros de gatos momificados en los que abundaban los negros. Impresionados por la supervivencia del gato, animal capaz de soportar numerosas caídas desde gran altura y salir ileso de ellas, los egipcios originaron la creencia de que el gato tiene siete vidas, e incluso nueve según otros.
La popularidad del gato se extendió rápidamente a través de las civilizaciones. Textos en sánscrito que cuentan más de dos mil años de antigüedad hablan del papel de los gatos en la sociedad india. En China, hace unos 2.,500 años, Confucio tenía un gato como animal de compañía predilecto.
Alrededor del año 600 de nuestra era, el profeta Mahoma predicaba con un gato en sus brazos y, más o menos en la misma época, los japoneses empezaron a mantener gatos en sus pagodas para proteger los manuscritos sagrados.
En aquellos siglos, el hecho de que un gato se cruzara en el camino de una persona era signo de buena suerte. El temor a los gatos, especialmente a los negros, surgió en Europa durante la Edad Media, particularmente en Inglaterra.
La característica independencia del gato, junto con su testarudez y su afición al robo, unida al repentino aumento de su población en las grandes ciudades, contribuyeron a su caída en desgracia. Los gatos callejeros eran alimentados a menudo por ancianas pobres y solitarias, y cuando se propagó en Europa una oleada de histeria, en la que muchas de esas mujeres carentes de hogar fueron acusadas de practicar la magia negra, los gatos que les hacían compañía —especialmente los negros— fueron considerados culpables de brujería por asociación de ideas.
En Francia, millares de gatos eran quemados mensualmente hasta que, en la década de 1630, el rey Luis XIII puso fin a esta vergonzosa práctica. Dado el largo tiempo —varios siglos— durante el cual los gatos negros fueron sacrificados en toda Europa, es sorprendente que el gen del color negro no se extinguiera en esa especie... a no ser que el gato realmente tenga siete vidas.

Fuente: Tinet

Tener mala pata

Esta frase hecha se utiliza como expresión de la mala suerte que una persona puede tener en las contingencias de la vida. Existe la creencia de que las patas de algunos animales, especialmente la pata del conejo, traen buena suerte y por eso suelen utilizarse como amuletos en algunas culturas. En el caso de la expresión “tener mala pata” significaría, en su sentido original, que el uso de la pata de conejo no ha producido el efecto deseado, sino el contrario.

Relacionada con esta locución estaría la superstición netamente española de “levantarse con el pie derecho”. Hay quienes atribuyen este acto a propiciar un día favorable, mientras, si las circunstancias no han sido propicias, se emplea la expresión contraria : “levantarse con el pié izquierdo”.

Fuente: Carlos Rivera

La extraña tradición de llevar una pata de conejo en el bolsillo para atraer la suerte no nace de este animal, sino de la liebre. En las regiones medievales de Europa existía la creencia de que las brujas se transformaban en liebres para sorber la leche de las mujeres que habían dado a luz. ¿Pero cómo nace esta creencia? Antiguamente, las cabras, vacas, cerdos, liebres y otros animales de granja entraban libremente en la casa de sus amos, ya que la familia aprovechaba su calor corporal para protegerse del frío invernal. Los campesinos criaban liebres para comérselas y las cuidaban con esmero y cariño. De hecho, por ejemplo, los antiguos britanos pensaban que estos animales eran criaturas mágicas que incluso había que evitar ingerir.

Algunos tratados de la época mencionan que las mujeres embarazadas y durante la época de lactancia acostumbraban a sentarse en un rincón del hogar y ponerse en el regazo uno de estos nobles animales para que las calentara. A cambio, dejaban que la liebre tomara de su pecho. La tradición popular; como ya se ha mencionado, aseveraba que durante la caza de brujas, éstas se transformaban en liebres y se colaban en las casas de los campesinos para salvarse del peligro. Incluso había una manera de reconocer el engaño: si la liebre, una vez atrapada, resultaba difícil de despellejar o cocinar, entonces la bruja se había transformado en animal antes de morir. La idea de que la pata de liebre trae buena suerte nació de la primitiva creencia de que los huesos de sus patas curan la gota y otros reumatismos, así como los calambres. Pero, para ser eficaz, el hueso debía tener una articulación intacta. Por ser tan parecidos, la liebre y e] conejo se unieron como fruto de las supersticiones relativas a sus virtudes mágicas.

Fuente: Planeta Sedna

Echarle a uno los perros

El origen de esta expresión es taurino. Antiguamente, cuando un toro de lidia se mostraba remiso en embestir o rehuía el capote, se sacaba al ruedo una jauría de perros que estaban adiestrados para hostigar al animal con ladridos y mordiscos. Si la res acosada no reaccionaba, finalmente era condenada a la puntilla. De este lance, que el público solía pedir al grito de "¡perros! ¡perros!", proviene la expresión "echar los perros". Ésta se emplea como sinónimo del acto de acosar y hostigar a alguien para sacarle de su pasividad u omisión culpable.

Fuente:
Félix Cardona

Tener buena onda

"Sentir espontánea simpatía hacia otra persona”. A primera vista podría creerse que la expresión procede de la contracultura “hippie”, pero en realidad se refiere a la teoría del magnetismo animal, relacionada con la sugestión y con la hipnosis. En la Europa del siglo XVIII el médico austríaco Franz Mesmer alcanzó gran éxito con esa teoría, que postula la existencia de "fluídos" entre las personas. Mesmer practicaba la "imposición de manos" y la hipnosis.


Fuente: Carlos Rivera


Franz Anton Mesmer (23 de mayo de 17345 de marzo de 1815) fue un médico alemán. Descubrió lo que él llamó magnetismo animal y otros después llamaron mesmerismo. La evolución de las ideas y prácticas de Mesmer hicieron que James Braid (1795-1860) desarrollara la hipnosis en 1842.

Mesmer nació en la aldea de Iznang (Suabia). Después de estudiar en las universidades jesuitasDilinga e Ingolstadt, estudió medicina en la Universidad de Viena en 1759. En 1766 publicó una tesis cuyo título en latín fue De planetarum influxu in corpus humanum, el cual estudiaba la influencia de la Luna y los planetas sobre el cuerpo humano y las enfermedades (astrologíaFrank A. Pattie sugiere que Mesmer plagió su tesis de un trabajo de Richard Mead (1673-1754). de médica). Evidencia recolectada por

Fuente: Wikipedia

Ser de tiros largos

En la España antigua, cada quien era libre de colocar en su coche la cantidad de caballos que quisiera, pero en cambio, solamente el rey y algunos dignatarios de la Corte tenían derecho a colocar el tiro delantero a mayor distancia que los traseros, para lo cual, lo alargaban por medio de extensas correas y hubo una época en que eran tantos los alargamientos que los tirantes llegaron a medir cuatro o cinco varas (casi cuatro metros y medio).

A esta clase de arreo se le llamaba tiros largos y el modismo pasó -por extensión- al lenguaje familiar para designar el vestido de gala o cualquier otro atuendo ocasional lujoso.

Entre nosotros, por una deformación posterior, la expresión ser de tiros largos se aplica en el caso de las personas que soportan sin objeción largas esperas, viajes interminables o bien, se mantienen despiertos hasta horas muy avanzadas.

Fuente: BELCA

Enroscar la víbora

Engañar a alguien, hacerle creer que es verdad algo que es falso o tratar de convencerlo de la calidad de algún producto o servicio. La expresión proviene de la época en que los vendedores ambulantes de la ciudad de Buenos Aires utilizaban -a manera de mascota- una serpiente (por lo general, una pacífica boa constrictor) que llevaban enrollada al cuello y acariciaban mientras recitaban su discurso. Como la fama de esos vendedores, a causa de la baja calidad de los productos que vendían, los hizo merecedores del mote de embusteros, la frase comenzó a aplicarse en los casos de intento de engaño.

Fuente: BELCA


Boa constrictor

La Boa constrictor, conocida también como jibóia en Australia, macajuel en Trinidad y Tobago[1] , es una especie zoológica de la familia de las Boidae.
Es una boa nativa de América, desde Argentina hasta el norte de México. Solo la subespecie Boa constrictor constrictor posee el final de su cola de un color rojizo.
Vive en hábitats con poca cantidad de agua, como desiertos y sabana, a la vez que se la puede encontrar en bosques húmedos y terrenos de cultivo. Es un reptil tanto terrestre como arbóreo.
Miden entre 0,5 y 4 m, dependiendo de la subespecie y el sexo del animal, siendo las hembras normalmente mayores que los machos. El mayor ejemplar en cautividad es una hembra de 5,5 m de Surinam que se encuentra en el Zoo de San Diego.
Presenta una atractiva coloración que consiste en superficies dorsales de tonos rojizos que quedan dentro de un fondo que puede ser blanco, rosado, marrón o dorado, dependiendo de la subespecie o los cruzamientos llevados a cabo en cautividad. Durante los días próximos a la muda, las serpientes adquieren una piel de color grisáceo poco vistosa y sus ojos se vuelven de color blanco cremoso.
En la naturaleza es raro que vivan más de 20 años, aunque en cautividad pueden alcanzar los 30 con relativa facilidad. En el Jardín Zoológico de Filadelfia se registró el caso de una Boa constrictor que llegó a vivir 40 años 3 meses y 14 días.

Fuente: Wikipedia

Otro gallo cantara (Cantaría)

En las últimas horas de vida de Jesucristo, cuando estaban en el Cenáculo, el Señor había dicho a Pedro que él lo negaría tres veces antes de que cantase el gallo dos, al amanecer.

Por supuesto, Pedro negó que tal situación fuese a cumplirse, pero quizá por la flaqueza humana del apóstol, el hecho se cumplió y Pedro negó tres veces consecutivas que conocía al Maestro.

El curso de los hechos que condujeron a Jesús al Gólgota engendró en los creyentes el sentimiento de que otro habría sido el desenlace de la historia sagrada si el valor de Pedro no hubiese flaqueado.

De ahí, que la expresión otro gallo cantaría se aplique para dar a entender que, de haberse planteado de otra manera, las cosas habrían resultado diferentes.

Entre nosotros, circula la variante otro gallo le cantara, con idéntica función.

Fuente: BELCA

El término gallo tiene varias acepciones:

En biología:

Animales

Aves
Gallus gallus

El nombre "gallo...", generalmente acompañado por algún sintagma adjetivo, se utiliza para designar a varias especies de gallináceas:

  • Se llama gallo, o gallo de corral al macho de la gallina (especie Gallus gallus). En iconografía, la imagen del gallo (macho) tiene un simbolismo distinto al de la gallina:
    • La figura de un gallo es un símbolo de Francia y de Portugal. El término en latíngallus tenía un plural, galli (galo y galos), que en francés dio gaulois. Gallus es homónimo del singular gallus (gallus –i), que significa gallo, en francés coq. Precisamente por esta homonimia entre los dos nombres latinos, en el Renacimientogallus en latín). se tomó como emblema el animal gallo, (
    • En la iconografía cristiana el gallo cantando representa la resurrección de Cristo. Es también uno de los elementos que acompañan a las representaciones de San Pedro.
    • Muchas de las veletas tienen forma de gallo. El origen se debe al papa Nicolás I, que ordenó que colocaran un gallo en la parte más alta de los templos, para simbolizar las tres negaciones que San Pedro hizo de Jesús después de la Última Cena. Como los campanarios ya se adornaban con una veleta, hubo de situarse el "gallo" en el punto más alto; encima mismo de éstas.

Y de Portugal Portus Gallus, "puerto gallo" . De hecho en italiano Portugal es Portogallo.

  • Se llama gallo lira al macho de la especie Lyrurus tetris.
  • Se llama gallo de roca o tunqui (Rupicola peruviana) al ave nacional del Perú.

Peces
Se llama gallo de mar a un pez teleósteo (especie Zeus faber).Se llama gallo a un pez pleuronectiforme (especie Lepidorhombus boscii). También llamado platusa en la provincia de Burgos.

Plantas

  • El gallo o estoque es una planta iridácea de flores rojas
Fuente: Wikipedia