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Dar una puñalada trapera

Suele utilizarse este dicho con el sentido figurado de “cometer una traición”, “defraudar” y/o “preparar una emboscada a una persona confiada”. La expresión nada tiene que ver con la profesión de trapero, que nunca tuvieron fama de asesinos y traidores. Se refiere la frase al desgarrón de ropa cuando se rompe. “Puñalada trapera” es, en su origen, una herida o desgarrón grande que se realiza con un cuchillo o con un puñal. En un principio esta frase no tenía el sentido de alevosía y traición que adquirió con posterioridad. Tal carácter lo asume cuando el asesino, por su acción vil y precipitada, no da una puñalada limpia sino que produce un desgarro en la ropa o en la carne.

Fuente: Carlos Rivera

Matar al mensajero

Este dicho popular se utiliza en el sentido de acusar a una persona que da una mala noticia de ser el origen o la causa de los males que cuenta. También se utiliza para lamentar la injusticia y el desagradecimiento de las personas que reciben una mala nueva por su ira contra el mensajero.
Se trata de una costumbre ancestral, referida ya en los más antiguos libros sagrados : el portador de malas noticias era castigado y sometido a escarnio. En ocasiones, se ahorcaba al mensajero o se le cortaba la lengua o la cabeza. En Grecia y Roma continuó tan desafortunada tradición. Durante la Edad Media era frecuente azotar a los mensajeros que traían desagradables comunicados. Por el contrario, el mensajero que portaba buenas nuevas era agasajado y tratado con honores.

Fuente: Carlos Rivera

Alzarse con el santo y la limosna


El significado de esta expresión popular es “querer o pretender sacar beneficio de varias cosas a la vez” y también “apropiarse de lo propio y de lo ajeno”. Su origen data de un suceso acaecido en Cádiz, cuando los liberales partidarios de la Constitución de 1.812 crearon una asociación para erigir una capilla. Con ese fin pedían dinero, pero al cabo del tiempo olvidaron su devoción y huyeron con lo recolectado, de tal modo que por la ciudad de Cádiz cundió el dicho de que aquellos sinvergüenzas se habían llevado el santo y también la limosna. Aunque es posible que el dicho responda a una simple expresión comparativa utilizando el doble sentido del verbo “alzar” que significa “levantar”, así como “huir con los beneficios de un robo”. Aludiría, por tanto, a la habilidad o picaresca del que llevando el santo a cuestas para beneficiarse de limosnas, huye luego con el dinero obtenido.

Fuente: Carlos Rivera

Estar en capilla


La locución alude a la estancia del condenado a muerte en cualquier pieza de la cárcel habilitada como capilla, desde que se le notifica la sentencia hasta su ejecución. Alude asimismo a quien espera el éxito de una pretensión o negocio de importancia.
Proviene de una tradición de la antigua Universidad de Salamanca, en la que los doctorandos, el día antes de defender su tesis ante el tribunal, debían encerrarse durante un día entero en la capilla de Santa Bárbara de la vieja catedral salmantina para pedir la iluminación al Espíritu Santo. Allí debían prepararse en completa soledad, pues incluso la comida les era pasada por un pequeño ventanuco. En dicha capilla están los escaños de los profesores. En la cabecera de una tumba de mármol, con la figura yacente del obispo Juan Lucero en relieve, está la silla del doctorando. Es tradición, que para inspirarse, los estudiantes apoyaban sus pies en los de la estatua y así pasaban la noche meditando. Hoy día los pies de la figura yacente están desgastados por los de los centenares de estudiantes que así buscaron su inspiración. Finalmente entraba el tribunal examinador ante el que se debía mantener la tesis, resistiendo sus trincas o preguntas. Si el doctorando aprobaba, era sacado por la puerta principal de la capilla, de ahí la procedencia de otra locución, “salir por la puerta grande”, de donde la tomó la jerga taurina como apoteosis del triunfo. Si el doctorando suspendía, debía salir por una puerta pequeña que daba a la calle de los carros, de ahí el origen de una nueva locución, “salir por la puerta de los carros”, como sinónimo de fracasar. Tras ser sacado en hombros por sus amigos, al doctorando exitoso se le imponían el víctor, las ropas y el nombre de doctor, tras lo cual debía invitar al tribunal y al bedel a una comida. Como remate, ponían en los muros de la catedral un víctor con letras rojas y el nombre del nuevo doctor en negro. Aunque es opinión que esta antigua tradición universitaria es el origen del dicho "estar en capilla", hay autores que afirman que bien pudo ser el hecho de que Felipe II ordenó que todos los reos condenados a muerte debían pasar la noche anterior en una capilla, desde donde, tras confesar, oír misa y comulgar, se encaminaban a su ejecución y que nadie debía ser ejecutado sin cumplir la orden de pasar la noche antes orando en la capilla.

Fuente: Carlos Rivera

Al freír será reír

Existen varias versiones para justificar el origen de este dicho, utilizado generalmente para pronosticar el cumplimiento de algún hecho adverso, o bien para reprobar la escasa prudencia en la ejecución de cierta tarea.

La versión más probable dice que en la España del rey Felipe IV existía un calderero (vendedor de calderas, salamandras, ollas y sartenes, entre otros utensilios) muy famoso por sus picardías.

Pero sucedió que una vez, otro pillo ansioso de jugarle una mala pasada y de burlarse de él, entró en su comercio y pidió comprar una sartén. Con el mayor de los desparpajos, el calderero le alcanzó una que estaba quebrada por abajo.

El comprador, ignorando aparentemente la falla de la sartén, abonó satisfecho el importe del elemento, pero lo hizo con plata falsa que el calderero recibió también descuidadamente.

Cuando el calderero advirtió que su comprador se retiraba sonriendo con malicia, dijo intencionadamente: "je, je... al freír será el reír", como previendo el mal momento que su cliente habría de soportar al querer utilizar la sartén.

Una vez que el comprador escuchó esta frase, replicó en igual tono, diciendo: "ja, ja... al contar será el llorar", seguro de la desagradable sorpresa que se llevaría el comerciante al hacer el recuento de sus ganancias del día.

Fuente: BELCA

Bajar la caña

Si hubo algo que me cautivó cuando niño, ese ‘algo’ fue la pesca. Deporte unipersonal. Hombre o niño compitiendo contra un rival con idénticas huellas digitales y fecha de nacimiento. Presa oculta bajo el agua. Y la caña.
Sí, ese precioso instrumento de fibra de vidrio o carbono (o cualquier fibra que no fuera una de esas para colorear).
El aprendizaje y concreción de un tiro (lanzamiento) de la línea ‘de fondo’ o ‘de flote’ era –aaaaahhh!!!- una maravilla. Llegar a tirar ‘justo ahí, en la boca del pescado’. Una verdadera felicidad ribereña.
El día que escuché por primera vez la frase ‘bajar la caña’, mi ingenuidad constitucional agravada por la crianza típica dada a todo primer hijo, nieto, sobrino -y demás defectos congénitos con que he nacido-, no comprendía por qué se usaba dicha frase refiriéndose a una pareja (hombre-mujer) reciente y casualmente formada.
Ahora, miles (o millones) de años después, la ‘d’ final de mi ingenuidá’ ha sido derribada por esta excelentísima definición hallada por azar durante una nostálgica búsqueda de ‘técnicas de lanzado’ con caña de pescar en vuestro buscador favorito.
La sabiduría vino esta vez de la mano del “Mini Diccionario de Lunfardo” (Mini, de aquí en adelante) publicado por Colecciones Buenos Aires, un sitio web con el aval de la Secretaría de Cultura de la Nación (Argentina, por supuesto).
Y allí pude leer lo siguiente:

-bajar la caña.
1. Cobrar por algo un precio excesivo.
2. Poseer carnalmente a una mujer” (o a un hombre, agrego yo)

En un intento de traducir estas escuetas definiciones, propongo:
1. No necesita traducción.
2. Tampoco necesitaría, pero tratándose de un tema tabú, permítanme atreverme. Y la traduzco así: Cuando una ‘niña’ (o no tan niña) consigue el cometido de acostarse con un muchacho y viceversa (un viejo amigo del muchacho). (Cuando son varios seguidos, se dice “no deja títere con cabeza”).

Luego del esfuerzo traductoral, me surgió una pregunta inevitable: ¿Qué tiene que ver la caña con dos actos tan disímiles?
La respuesta del “Mini” no se hace esperar y está expresada así (con paréntesis y corchetes que llaman a ‘reserva y discreción’): “(Si no fuera tan nena le habría bajado la caña. 127/202). [Para interpretar este modismo conviene recordar la aguijada o picana que se baja sobre el buey para castigarlo, y también a la caña con que algunos cambalacheros bajaban las perchas con ropa de vestir destinadas a la venta]”.
Puede que esto corra para la acepción que lleva el as, pero ¿quién me explica el segundo significado?
Como ‘a falta de pan, buenas son las tortas’, intentaré hornear yo mismo un esponjoso pastel de definiciencia pretendidamente correcta para la acepción namber chú, de ignoto origen.
Y mis aproximaciones (no me cansaré de recordarles que si son del género f., siempre las prefiero de a muchas) se relacionan nuevamente con el deporte de la pesca.
La primera que me surge, tiene que ver con una técnica de recogimiento de la línea, en la que se realiza un movimiento descendente con la caña –hasta ese momento en posición casi vertical- llevándola a la posición (casi) horizontal, de manera de poder tomar impulso y elevarla repentinamente y con fuerza hacia su posición ‘anatómica’ original (sin ‘casi’). Con esto se consigue traer la ‘presa’ con mayor celeridad (Imaginen ustedes cuál puede ser la ‘presa’).
La segunda y última por hoy, no difiere tanto de la anterior, pero posee un orden diferente. En caso de ser una señorita la que ‘baja la caña’ al hombre - siendo este último el portador de ‘la caña’-… dejo a ustedes imaginar cuál podría ser esa ‘caña’ y a qué se llamaría en este caso ‘bajar’.
Dejo a vuestra más sincera creatividad, queridos lectores, la propuesta de participar aportando nuevos probables orígenes para la acepción que desentona.
Salut y disculpas por tanta implícita y grosera chabacanería!

Fuentes: Colecciones Buenos Aires
Foto: Iberimages

Ser un viejo verde


De la película "La Máscara" (The Mask)
con Jim Carrey
Originalmente el viejo verde no era lo que es hoy: el que conserva inclinaciones galantes o apetitos carnales impropios de su edad, según lo define pudorosamente -aunque no exenta de cierto enojo- la Academia de la Lengua en su Diccionario.
Antes, el epíteto no estaba cargado de ofensa y por el contrario movía a orgullo a quien se lo aplicaban.
Ser un viejo verde, allá por el siglo XVI, era muy satisfactorio pues con ello se quería decir de una persona que conservaba su vigor y lozanía. Y así se decía en latín vulgar que viridis a vigore, verde es vigor.
Incluso a los hombres maduros de pelo canoso se les comparaba con las cebollas, hortalizas de la familia de las liláceas, que se caracterizan por tener la cabeza blanca y el rabo verde, de donde proviene otra expresión más peyorativa aún: viejo rabo verde.
Extrañamente, a partir del siglo XVII y particularmente en castellano, se le fue dando una connotación obscena, lúbrica, al término viejo verde, que tanto en italiano como en francés conserva su sentido favorable. Y a falta de una explicación coherente, habrá que suponer que fue un sentimiento igual de verdoso, la envidia, el que dictó el cambio de giro a la expresión Sebastíán de Covarrubias ya dijo en 1611: “Es el color de la yerba y de las plantas cuando están en su vigor… No dejar la lozanía de mozo habiendo entrado en edad… A los que siendo viejos tienen verdor de mozos, decimos ser como los puerros, que tienen la cabeza blanca y lo demás verde”.
Si bien tal era el sentido de la locución en el siglo XVI, a partir del siglo XVII se produce el cambio semántico, con lo que a partir del siglo XIX ya se aplica a cuentos, chistes y representaciones de tono obsceno, lascivo y lujurioso, olvidando el calificativo de colorado -debido a que provocaban el arrebolamiento de más de una mejilla- que recibían anteriormente los chistes subidos de tono.

Fuente: 1de3

Enroscar la víbora

Engañar a alguien, hacerle creer que es verdad algo que es falso o tratar de convencerlo de la calidad de algún producto o servicio. La expresión proviene de la época en que los vendedores ambulantes de la ciudad de Buenos Aires utilizaban -a manera de mascota- una serpiente (por lo general, una pacífica boa constrictor) que llevaban enrollada al cuello y acariciaban mientras recitaban su discurso. Como la fama de esos vendedores, a causa de la baja calidad de los productos que vendían, los hizo merecedores del mote de embusteros, la frase comenzó a aplicarse en los casos de intento de engaño.

Fuente: BELCA


Boa constrictor

La Boa constrictor, conocida también como jibóia en Australia, macajuel en Trinidad y Tobago[1] , es una especie zoológica de la familia de las Boidae.
Es una boa nativa de América, desde Argentina hasta el norte de México. Solo la subespecie Boa constrictor constrictor posee el final de su cola de un color rojizo.
Vive en hábitats con poca cantidad de agua, como desiertos y sabana, a la vez que se la puede encontrar en bosques húmedos y terrenos de cultivo. Es un reptil tanto terrestre como arbóreo.
Miden entre 0,5 y 4 m, dependiendo de la subespecie y el sexo del animal, siendo las hembras normalmente mayores que los machos. El mayor ejemplar en cautividad es una hembra de 5,5 m de Surinam que se encuentra en el Zoo de San Diego.
Presenta una atractiva coloración que consiste en superficies dorsales de tonos rojizos que quedan dentro de un fondo que puede ser blanco, rosado, marrón o dorado, dependiendo de la subespecie o los cruzamientos llevados a cabo en cautividad. Durante los días próximos a la muda, las serpientes adquieren una piel de color grisáceo poco vistosa y sus ojos se vuelven de color blanco cremoso.
En la naturaleza es raro que vivan más de 20 años, aunque en cautividad pueden alcanzar los 30 con relativa facilidad. En el Jardín Zoológico de Filadelfia se registró el caso de una Boa constrictor que llegó a vivir 40 años 3 meses y 14 días.

Fuente: Wikipedia

Empinar el codo

Todos sabemos que el acto de beber -no importa si con vaso, porrón, bota o botella- impone por lógica necesidad, el movimiento de levantar el codo hasta determinado nivel. De este simple y cotidiano hecho procede la locución peyorativa empinar el codo, lo que equivale a "alzar, levantar, aupar el codo" de manera que el líquido se precipite dentro de la boca con mayor facilidad.

Por eso, la expresión se divulgó en el uso popular con el sentido metafórico de "tomar, beber en gran cantidad de cualquier clase de bebida alcohólica", o en otras palabras, ser considerado lisa y llanamente un borracho.

Fuente: BELCA

Alcoholismo

El alcoholismo es una dependencia con características de adicción a las bebidas alcohólicas. Su causa principal es la adicción provocada por la influencia psicosocial en el ambiente social en el que vive la persona. Se caracteriza por la constante necesidad de ingerir sustancias alcohólicas,así como por la pérdida del autocontrol, dependencia física y síndrome de abstinencia.
El alcoholismo supone un serio riesgo para la salud que a menudo conduce a la muerte como consecuencia de afecciones de tipo hepática como la Cirrosis hepática, hemorragias internas, intoxicación alcohólica, accidentes o suicidio.
El alcoholismo no está fijado por la cantidad ingerida en un periodo determinado de tiempo: personas afectadas por esta enfermedad pueden seguir patrones muy diferentes de comportamiento, existiendo tanto alcohólicos que consumen a diario, como alcohólicos que beben semanalmente, mensualmente, o sin una periodicidad fija. Si bien el proceso degenerativo tiende a acortar los plazos entre cada ingesta.
El consumo excesivo y prolongado de esta sustancia va obligando al organismo a requerir cantidades crecientes para sentir los mismos efectos, a esto se le llama "tolerancia aumentada" y desencadena un mecanismo adaptativo del cuerpo hasta que llega a un límite en el que se invierte la supuesta resistencia y entonces “asimila menos”, por eso tolerar más alcohol es en sí un riesgo de alcoholización.

Las defunciones por accidentes relacionados con el alcohol (choques, atropellamientos y suicidios) ocupan los primeros lugares entre las causas de muerte en muchos países.

Tratamiento del Alcoholismo

Los tratamientos contra el alcoholismo incluyen programas de desintoxicación realizados por instituciones médicas. Esto puede suponer la estancia del paciente durante un periodo indeterminado, (quizás varias semanas), bajo tutela en hospitales especializados donde puede que se utilicen determinados medicamentos para evitar el síndrome de abstinencia. Después del período de desintoxicación, puede someterse al paciente a diversos métodos de Terapia de grupopsicoterapia para tratar problemas psicológicos de fondo que hayan podido llevar al paciente a la dependencia. Además, se puede apoyar el programa con terapias que inciten al paciente a repugnar el alcohol mediante fármacos como el Disulfiram, que provoca fuertes y repentinas resacas siempre que se consuma alcohol.
La terapia nutricional es otro tratamiento. Muchos alcohólicos tienen síndrome de resistencia a la insulina, un desorden metabólico debido al cual el cuerpo no regula correctamente el azúcar causando un suministro inestable a la circulación sanguínea. Aunque este desorden se puede tratar con una dieta hipoglucémica, esto puede afectar a su comportamiento y su estado anímico. Estos síntomas son efectos secundarios que se observan a menudo en alcohólicos sometidos bajo tratamiento de desintoxicación. Los aspectos metabólicos del alcoholismo, a menudo se pasan por alto dando como resultado tratamientos de dudosos resultados.
En los años 90, los grupos de consultas de autoayuda fueron adquiriendo notoriedad por sus logros. Esta fama llega hasta nuestros días (en 2008), siendo Alcohólicos Anónimos, quizás, el ejemplo más significativo de este movimiento.

Impacto social

Los problemas sociales que se derivan del alcoholismo pueden incluir la pérdida del puesto de trabajo, problemas financieros, conflictos conyugales y divorcios, condenas por crímenes tales como conducción bajo la influencia del alcohol, desórdenes públicos o maltratos, marginación, falta de respeto de gente que llega a ver al alcoholismo como un mal que el alcohólico se inflige a sí mismo y que ven como fácilmente evitable. Estudios exhaustivos, muestran que el alcoholismo no sólo afecta a los alcohólicos sino que puede afectar profundamente a cualquier persona de su comunidad que este a su alrededor.
En los colegios sobre todo a nivel de secundaria se presenta gravemente este problema, cada vez es más baja la edad en que se inician en el consumo del alcohol y muchos es sólo para mostrar "valor" ante sus amigos.

Cálculo del consumo excesivo de alcohol

Existe una sencilla fórmula para averiguar si se está consumiendo una cantidad excesiva de alcohol con los perjuicios que ello supone, mediante el cálculo de los gramos de alcohol. Esta fórmula consiste en multiplicar la cantidad de bebida en ml o cc por el número de grados de alcohol y por 0,8, y este resultado se divide entre 100 para conocer los gramos de alcohol de la bebida en cuestión.
Se considera un consumo excesivo diario, 40 gramos de alcohol en hombres, debido a su mayor tolerancia al alcohol, y 20 gramos de alcohol en mujeres.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Alcoholismo

Dar la lata

Son muchas las versiones que circulan respecto de la procedencia del dicho, aunque todo induce a creer que proviene -por imitación- de los antiguos dichos dar la tabarra o dar la murga, con los que se daba a entender el fastidio ocasionado por alguien que golpea instrumentos de percusión tales como zambombas, palos y cencerros, para festejar las segundas nupcias de una viuda o de un viudo.

Posiblemente, al aparecer en el mercado la hoja de lata (luego, hojalata) como producto de uso común, los recipientes vacíos de ese material fueron incorporados al equipo sonoro de las "cencerradas".

De manera que la expresión dar la lata, o sea, percutir sobre ella, no hizo más que extender el concepto tradicional de dar la murga.

También se ha documentado que la frase podría provenir de la ciudad de Málaga, en cuya cárcel los presos solían comprar una lata de mosto condimentado con sobras de vino, licores y aguardientes que al ser bebidos, provocaban en los detenidos una intensa borrachera y, como consecuencia, un deseo incontenible de hablar.

El uso popular, sin embargo, le ha adjudicado al dicho el significado de fastidio causado por cualquier inoportuna insistencia, aunque entre nosotros se lo aplica lisa y llanamente a quien posee la característica de hablar por demás.

Fuente: BELCA

Éramos pocos y parió la abuela

En los tiempos de calles de tierra, el tiqui taca, los carruajes y casas chorizos eran muy comunes las familias numerosas tales como los García Diez, los Quatrocchi y el Anís 8 Hermanos.
También fue la época de las primeras migraciones internas, provocadas por las victorias electorales de los unitarios contra los federales (para los más jóvenes les decimos que eran lo que son ahora “las populares” y “las divinas”), así fue como una familia harta de la dulzura de su Tucumán natal (para los lectores del extranjero le decimos que Tucumán es una provincia del norte de nuestro país, en donde los índices de diabetes son altísimos) se mudo a la Capital Federal que por esa época no estaba buena como lo esta ahora.
La familia que no se llama Ortega como muchos sospechaban sino que respondían al nombre (apellido) de los Baigorria, dicha familia estaba compuesta por el matrimonio de Maria y José, sus hijos por orden alfabético: Anabel, Belén, Carolina, Eva, Fabiana, Liliana, Maria Ángeles, Maria Claudia, Maria Marta, Noelia, Paula y Roberto, quien fue engendrado bajo el lema “hasta que no tengamos el varón no paramos”, también estaban los hermanos de José, Pedro y Pablo, la madre de todos ellos Emilce y la madre de Maria, quien respondía al nombre de Tita que viajo acompañada por su inseparable amiga de la infancia Rodesia Terra de Bussi (repudiable familia genocida de la provincia).
Todos ellos se instalaron en una pensión de la calle Casita de Tucumán al 900, según consta en el diario íntimo de una de las Maria, para no extrañar tanto. La pensión era un dormitorio de 8,75 metros por 12 metros, con un entre piso en donde solo cabía el colchón del matrimonio bíblico.
No fueron fáciles los primeros tiempos en la ciudad, tampoco lo fueron los últimos pero eso no nos incumbe ahora. Todas las hijas estaban en edad escolar, su padre de oficio carpintero se pasaba los días en un bar lamentando que no se le haya ocurrido a él la idea de darle vida a un muñeco de madera (idea que si tubo Yepeto al crear a Pinocho), sus tíos se ganaban la vida cantando en las paradas del tranvía, su madre se ocupaba de amamantar al pequeño Roberto, mientras que Tita y Rodesia no hacían nada todo el día. Así fue como harta y aburrida Tita se va una noche a bailar tangos a un bolichón por Congreso en donde es seducida por un apuesto anciano del quien no se tienen mayores datos, sí se sabe que un mozo los vio en un reservado dándole rienda suelta a la lujuria (con todas las limitaciones del caso). Al cabo de unas semanas Doña Tita se inflo cual globo en cumpleaños hasta que a los 9 meses dio a luz a un pequeño a quien bautizo como Ricardito. Con la llegada del bebe la familia debió mudarse a un duplex en Caballito en el cual vivieron hasta que la vida los fue llevando por caminos distintos.

Cargar con el muerto

Según las leyes medievales, cuando en la jurisdicción de una localidad era hallado el cuerpo de alguna persona muerta en circunstancias extrañas, si no era posible determinar la identidad del homicida, el pueblo donde había sido encontrado el cuerpo estaba obligado a pagar una multa llamada homicidium u omecillo.

A causa de esto, y con el fin de eludir el pago de la multa, cuando se hallaba un muerto en las calles, los habitantes del pueblo en cuestión se apresuraban y, de común acuerdo, levantaban el cuerpo y lo trasladaban a alguna localidad vecina, de manera que la responsabilidad del crimen recayera sobre ésta y, en consecuencia, fuera ella la que debiera hacerse responsable de pagar la multa correspondiente.

Con el tiempo, el dicho comenzó a aplicarse -en sentido figurado- como equivalente de la pretensión de descargar sobre otro la culpa por algún delito o falta cometida.

En la actualidad, el dicho cargar con el muerto conserva el mismo valor, aunque suele aplicárselo, preferentemente, para referir a la responsabilidad que le cabe a alguien en el pago de alguna deuda, sobre todo cuando se trata de cuentas impagas o difíciles de saldar, como cuando solemos decir -luego de una reunión de numerosos comensales-: "Y ahora... ¿quién levanta este muerto?

Fuente: DEL DICHO AL HECHO... Profesor Esteban Giménez



Poner los cuernos

Del derecho de pernada que le asistía al señor feudal en la Edad Media, derivó lo de "poner los cuernos". Antes de acostarse con la novia, el caballero colgaba en la puerta una ornamenta de ciervo para advertir que nadie entrara so pena de ser decapitado. Mientras tanto, el marido llamaba orgulloso a sus vecinos para mostrar que su señor le había puesto los cuernos.

El derecho de pernada (en latín vulgar medieval, Ius primae noctis; en inglés se usa la expresión francesa Droit de Seigneur, aunque en francés es más acertada la locución Droit de Cuissage) es un derecho feudal que teóricamente, establecía la potestad señorial de tener relaciones sexuales con toda doncella, sierva de sufeudo, que se fuera a casar con otro siervo suyo. Este presunto derecho tuvo vigencia durante la Edade media de Europa occidental (aunque hay paralelismos en otras partes del Mundo) como componente del modo de producción feudal. El DRAE* recoge la acepción estricta que acabamos de enunciar, pero también añade una segunda acepción coloquial, más amplia, referente al abuso de autoridad.

Dado que no han aparecido documentos legales acerca de este presunto privilegio feudal, se ha discutido mucho sobre su naturaleza real. Básicamente hay quien acepta que se trata de un derecho señorial tal cual lo define la historiografía tradicional, incluida la agresión sexual en la noche de bodas; otros, en cambio, piensan que era un ritual simbólico de sumisión que se saldaba con el pago de una tasa en especie o metálico y una ceremonia; los hay, por fin, que aceptan que el abuso sexual era un hecho social (no referido a las bodas, aunque sí a la servidumbre feudal), pero no un derecho: más bien el reflejo de la dominación de una clase privilegiada y de la baja consideración que se tenía de la mujer en la época.


Fuente: Fuente: Diario Panorama, Wikipedia
F. Imagen: Wikipedia


Referencias

*abreviatura de Diccionario de la Real Academia de Lenguas Española

Hasta que las velas no ardan

¿ Quién de nosotros, en algún encuentro con amigos, después de haber tomado alguna bebida espirituosa, no ha mencionado esta frase, popular si las hay, en este tipo de reuniones?
La frase se originó en los prostíbulos, en épocas en que no existía la luz eléctrica y los relojes eran objetos de lujo. La madama le entregaba al cliente una o varias velas, según lo pagado. Cuando se consumían, el turno había concluido, esto es, había sexo “hasta que las velas no ardan".



Fuente: http://www.boletinargentino.com/index.php?p=1473

Va-Ca-Yendo Gente al Baile

Dicen dos estrofas consecutivas del clásico de la poesía argentina "El Gaucho Martín Fierro"(1872):

"Como nunca, en la ocasión
por peliar me dio la tranca.

Y la emprendí con un negro

que trujo una negra en ancas.

Al ver llegar la morena,

que no hacía caso de naides,

le dije con la mamúa:

va-ca-yendo gente al baile."


Miren si será antigua la expresión que ya en el siglo XIX se utilizaba con el mismo significado que hoy en día, es decir, con la intención peyorativa de comparar la gordura del bovino que forma parte de la fusión de palabras ('va-ca-yendo': vaca + cayendo) con la obesidad de aquellos comensales que van llegando a un banquete, reunión, festín o simplemente a la casa de uno.
En este blog, utilizaremos la frase (con auténtico cariño y respeto) para dar la bienvenida a quienes se animen a "engrosar" nuestras filas.
Ya que estamos, les dejamos este corto de animación, por cierto muy divertido.
Salut.


www.Tu.tv



Fuentes: El Gaucho Martín Fierro de José Hernandez (1834-1886), poeta y escritor argentino

A seguro se lo llevaron preso


Castillo de Segura de la Sierra, Andalucía.
En España existía un castillo, el castillo de Segura de la Sierra, que servía de prisión. Era una cárcel para los delincuentes comunes, quiénes tenían muy pocas probabilidades de sobrevivir en ese lugar

¡Viva La Pepa!


¡¡¡VIVA!!!
Aunque en nuestros tiempos el nombre "Pepa" se suele utilizar para nombrar a cierta sustancia alucinógena derivada del cornezuelo de centeno a la que el grupo Liverpoolense (si cabe tan retorcido gentilicio) "The Beatles" le hubo dedicado el mítico "Lucy in the Sky with Diamonds", la frase "Viva La Pepa" posee un origen un tanto menos toxicológico y bastante más político.
Allá por el año 1812, en la alguna vez llamada "Madre Patria" alias España, un día 19 de Marzo

Ni Chicha ni Limonada


Si en cosas autóctonas se basan algunas de nuestras tradiciones ¿qué mejor que esta frase para homenajear a cierta bebida que solían preparar los pueblos originarios de nuestra América del Sur y Central?

Como Turco en la Neblina

Así nos encontrábamos todo este tiempo que duró la gestación de este blog, aunque según dicen las malas lenguas, tal es nuestro estado habitual. Por más que intentemos desmentir esta aseveración, el resultado más probable sería seguramente 'no aclaren que oscurece'. Por lo tanto, mejor dejemos las cosas como están y no le busquemos 'la quinta pata al gato', ni 'el pelo al huevo' que se nos va a 'armar la Marimorena' y echémosle un vistazo a esta versión del significado de la expresión que intitula este copete.
"Como Turco en la Neblina, la frase es producto de una serie de cambios y derivaciones que comienzan cuando en España se llamó turca a la borrachera.