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ESTO ES JAUJA

“Esto es jauja” solemos decir, pero, ¿de dónde procede esta frase? ¿Jauja es un lugar donde pagan por dormir y existe comida por doquier? Parece utópico que encontremos dicho lugar, pero antiguamente se propagó esta historia.
Cuando Colón regresó de América en su primer viaje, comenzaron a extenderse las vivencias de las penalidades que habían superado en la travesía (enfermedades, hambrunas, incomodidades, etc…) y no se lograron reclutar marineros para el segundo viaje.

Tener siete vidas como el gato

El que los gatos tengan siete vidas es una antigua creencia de origen egipcio, que consideraban tal animal como sagrado.

Como ocurre con todos los felinos, la flexibilidad de su columna vertebral y su agilidad —que les permite volverse rápidamente en al aire aún cayendo de espaldas— les hace salir indemnes de situaciones comprometidas. Y las almohadillas de sus patas evitan que los impactos con el suelo sean violentos.

Su proverbial facilidad para suavizar el impacto de las caídas desde lugares altos, su habilidad para retorcerse en el aire y no caer nunca de espaldas, su especial predisposición para la supervivencia, les otorgó fama de tener siete vidas, de tener siete oportunidades para salvarse de peligros.


En Egipto el gato estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad. Los gatos también eran momificados y todo aquel que se atrevía a matar un gato era acreedor de la pena de muerte.

En el siglo XII la Iglesia comenzó una persecución a los gatos, a los que consideraba símbolo del diablo y cuerpo metamórfico de las brujas. Se alentó de tal forma esta persecución que llegó a convertirse en espectáculo la quema de estos animales en las hogueras la noche de San Juan.

Se reivindicó la existencia de los gatos a partir del XVII debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de temibles y desoladoras plagas. Durante el siglo siguiente recuperó su prestigio y por su belleza sirvió como modelo para múltiples cuadros y esculturas..

La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca dio lugar a que en las supersticiones relacionadas con él se le considere representante de la mala o la buena suerte, según las circunstancias o lugar en que naciesen.

El gato negro puede traer buena o mala suerte dependiendo del lugar y la circunstancia de su encuentro: unos dicen que el gato negro es portador de mala suerte, mientras que otras creen que la mala suerte la trae el rojo.

Se dice que el vaticinio es nefasto si se cruza en el camino de una persona de derecha a izquierda. También que pierde este carácter de maldad si tiene un lunar blanco en alguna parte del cuerpo.

En Europa y Norteamérica se considera que un gato negro trae buena suerte si camina hacia ti, pero si se aleja se lleva la suerte consigo. Lo mismo sucede si el gato se cruza de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, considerado de mal agüero.

Desde tiempos lejanos las madres deben tener los gatos alejados siempre de los bebés porque "sorben el aliento" del niño como los vampiros. Si observamos a los gatos cuando los tenemos en el regazo tienden a acercarse a la boca y husmear. No es difícil imaginar que, dado el miedo a las fuerzas tenebrosas, este gesto parecería un intento de sorber que podría poner en peligro a un niño, pues el gato le sorbería la vida.

Ser la manzana de la discordia

"El origen de la expresión podemos encontrarlo en la mitología griega. Erida, diosa de la discordia, no fue invitada a la boda de Peleo y Tetis celebrada en el monte Ida. Como venganza, y sabiendo que Hera, Afrodita y Atenea sí que habían sido invitadas, envió una manzana de oro con una inscripción que decía: para la más bella. Como todas ellas se consideraban la más bella, Zeus nombró a Paris juez de esta liza. Afrodita lo sobornó prometiéndole el amor de Helena de Troya, y así fue elegida la más bella. Ante eso, Atenea y Hera decidieron destruir Troya."



Fuente: 1de3

Cabeza de turco

Se denomina como cabeza de turco a una persona o grupo de ellas a quienes se quiere hacer culpables de algo que no lo son, sirviendo así de excusa a los fines del inculpador. De manera más específica, se emplea este apelativo para calificar a aquellos sobre quienes se aplica injustamente una acusación o condena para impedir que los auténticos responsables sean juzgados.

Desde una perspectiva histórica, en el período de las Cruzadas, los cristianos mantuvieron cruentas batallas con los turcos. La animadversión que se profesaban ambos bandos era tan grande, que cercenarle la cabeza a un turco era un logro encomiable. Cuando lo lograban, los cruzados colgaban la cabeza en un mástil de barco o la ensartaban en una lanza y los soldados le acusaban de todos los males habidos y por haber. Por esta motivo, se dice que alguien es cabeza de turco, cuando es objeto de todo el daño y las acusaciones de las que son culpables otros.

Fuente: Wikipedia

No estar muy católico

Dicho popular, evidentemente de origen religioso, que significa estar levemente enfermo o encontrarse con síntomas de alguna enfermedad.
En otros tiempos el término “católico” era sinónimo de legal y bueno, como opuesto a hereje, ilegal y malo. En tal sentido el dicho parece hacer referencia a ciertos procedimientos inquisitoriales. Los inquisidores tenían la extraña creencia de que los sometidos a tortura si eran católicos, integrados en la iglesia de Roma, no se quejarían. Si los considerados herejes no se retractaban, tras estar sometidos a diversos suplicios, decían los verdugos : “este está poco católico, hay que torturarlo más”. Y así se hacía hasta que el reo acababa por admitir que la única iglesia verdadera era la católica y romana. Estar católico, por tanto, significaba estar perfectamente, y no estarlo, ser sometido a suplicio.

Fuente: Carlos Rivera


Foto: Francisco Jiménez de Cisneros O.F.M. cuyo nombre de pila era Gonzalo, más conocido como el Cardenal Cisneros (Torrelaguna, 1436 - Roa, 8 de noviembre de 1517). Cardenal, Arzobispo de Toledo y Primado de España, perteneciente a la Orden Franciscana, tercer Inquisidor General de Castilla y regente de la misma a la muerte de Fernando el Católico. A la muerte de Felipe el Hermoso presidió también el Consejo Real que asumió funciones de Regencia sin consentimiento de la reina Juana, hasta la llegada de Fernando el Católico.

Fuente: Wikipedia

Meterse en un laberinto

Esta expresión popular indica estar en una situación comprometida o de difícil solución. Aplícase a las conductas imprudentes o a los discursos cuya evolución se va complicando a medida que avanzan, al igual que la ya publicada "Meterse en camisas de once varas".
El laberinto ha sido, desde la Antigüedad, un símbolo del estado del hombre en el mundo. Elaborado como un juego, como un enigma o como una trampa, el laberinto ha ejercido una poderosa influencia sobre el ser humano. La invención del laberinto se atribuye a Dédalo, escultor y arquitecto y personaje mitológico, hijo de Alcipe y Eupálamo. Expulsado de Atenas por la acusación de haber asesinado a su sobrino, se estableció en Creta donde inventó diversos ingenios, tales como el autómata de Talos y muy especialmente el Laberinto, un conjunto de corredores y pasadizos subterráneos tan bien ensamblados y organizados que quien en el penetraba no podía salir.

Fuente: Carlos Rivera

Matar al mensajero

Este dicho popular se utiliza en el sentido de acusar a una persona que da una mala noticia de ser el origen o la causa de los males que cuenta. También se utiliza para lamentar la injusticia y el desagradecimiento de las personas que reciben una mala nueva por su ira contra el mensajero.
Se trata de una costumbre ancestral, referida ya en los más antiguos libros sagrados : el portador de malas noticias era castigado y sometido a escarnio. En ocasiones, se ahorcaba al mensajero o se le cortaba la lengua o la cabeza. En Grecia y Roma continuó tan desafortunada tradición. Durante la Edad Media era frecuente azotar a los mensajeros que traían desagradables comunicados. Por el contrario, el mensajero que portaba buenas nuevas era agasajado y tratado con honores.

Fuente: Carlos Rivera

Cuando mengua la luna, no comiences cosa alguna

Este proverbio se basa en una creencia supersticiosa que aún subsiste en algunos lugares de España. Proviene de una supuesta historia referida al rey Felipe II, que se hallaba tan deprimido en cierta ocasión que no hubo más remedio que llamar a consulta al afamado médico burgalés Francisco Vallés, quien, después de reconocer al paciente, ordenó que le fuese administrado un poderoso purgante, para gran escándalo de los médicos de cámara.
Vallés comprendió de inmediato cuál era la razón para tanto escrúpulo por parte de sus colegas (la posición desfavorable de la Luna) y cerrando los postigos, dijo: "Yo mismo, descuidad, daré tan quedo a su Majestad la pócima que ni la propia Luna se enterará".

Fuente: Carlos Rivera

Nacer con un pan debajo del brazo

El origen de esta frase hecha, afortunadamente cada vez más en desuso, procede de la cultura campesina y está relacionado con la fortuna que, en los tiempos de escasez, advenía a una familia con el nacimiento de un hijo varón. El nacimiento de un nuevo miembro en la familia era considerado de manera optimista, ya que significaba una nueva fuente de trabajo y de ingresos, lo que es decir una nueva forma de prosperar y de aumentar la hacienda. Recalco lo del hijo varón, pues no se consideraba signo especialmente afortunado el nacimiento de una hija, como ha sucedido desde tiempo ancestral en China y en otros lugares del mundo.

Fuente: Carlos Rivera

Tirar monedas en una fuente trae buena suerte
























No es de sorprender que las monedas y el agua figuren en tantas supersticiones y profecías. A lo largo de la historia el agua ha sido el símbolo de la fertilidad, pues sin ésta nada vive o se regenera. Un tazón lleno de agua era el símbolo egipcio de la maternidad. Y para agrado de dioses y demonios, gitanos y pordioseros, el dinero siempre ha tenido una magia infalible por sí mismo.

Desde tiempos muy remotos hasta la actualidad, las personas han creído que la cualidad limpiadora del agua puede vencer las enfermedades y alejar la maldad. En las civilizaciones primitivas, a los recién nacidos se les sumergía en un lago o un río; esta costumbre aún persiste en nuestro rito bautismal.

Cuando una fuente brotaba de la tierra era un acontecimiento digno de culto y de respeto, pues se interpretaba como un regalo de los dioses destinado a curar las enfermedades. Debido a que el agua corriente refresca y enfría más que la de un estanque, se pensaba que poseía mayores propiedades curativas. Las aguas termales y los manantiales de agua mineral resultaron ser los más benéficos. Los enfermos se sumergían en éstos para curarse de sus dolencias, tal y como lo hacen hoy día otros tantos pacientes.

Las mágicas propiedades del agua hicieron que se desarrollaran diversas prácticas destinadas a agradar a los dioses que habían otorgado dichos beneficios. Como se afirmaba que el agua contrarrestaba a los malos espíritus, se creía que era de mala suerte arrojarla después del anochecer, cuando se suponía que tales espíritus andaban sueltos.

Desde las primeras monedas, hechas probablemente en Asia Menor por los lidios hasta las actuales, estas pequeñas piezas de metal han sido consideradas como símbolos de buena suerte. Hoy día es muy común verlas en pulseras y collares. Algunas novias ponen una moneda dentro de su zapato y muchas personas se niegan a gastar su moneda de la suerte.

Fuente: Revista Selecciones

Mi media naranja

La expresión amorosa "la media naranja" tiene su origen en un mito que narra el poeta de comedias griego Aristófanes en la obra de Platón llamada "El Banquete".


Contaba Aristófanes que, en un principio, la raza humana era casi perfecta. Los seres eran esféricos como naranjas; tenían dos caras opuestas sobre una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas que utilizaban para desplazarse rodando. Estos seres podían ser de tres clases: uno, compuesto de hombre + hombre, otro de mujer + mujer y un tercero (el 'andrógino'), de hombre + mujer.

Su vanidad les llevó a enfrentarse a los dioses creyéndose semejantes a ellos. Zeus los castigó partiéndolos por la mitad con el rayo; y mandó a Hermes que a cada uno le atara la carne sobrante en torno al ombligo. Ya repuestos, los seres andaban tristes buscando siempre a su otra mitad, y si alguna vez llegaban a encontrarse con ella, se enlazaban con sus brazos hasta dejarse morir de inanición.


Zeus, compadecido por la estirpe humana, ordenó a Hermes que les girase la cara hacia el mismo lado donde tenían el sexo: de este modo, cada vez que uno de estos seres encontrara a su otra mitad, de esa unión pudiera obtener placer y si además se trataba de un ser andrógino pudieran tener descendencia.


Desde entonces los seres humanos nos vemos condenados a buscar entre nuestros semejantes a nuestra media naranja con la que unirnos en abrazos que nos hagan más "completos". Sin embargo, Zeus amenazó con cortarnos de nuevo en dos mitades -para que, así, caminemos dando saltos sobre una sola pierna-, en caso de que la raza humana no aprenda a respetar sus propios límites y a superar su peligrosa arrogancia.


Fuente: Foros en Perú

Color azul para los niños y el rosa para las niñas

Los investigadores afirman que en la Inglaterra anglosajona de los siglos V y VI, los bebés varones eran más apreciados que las niñas. Según una creencia general, espíritus malignos omnipresentes visitarían la cuna y dañarían o se llevarían al bebé si éste era varoncito. El azul, color poderoso porque proviene del cielo, ahuyentaría a estas fuerzas maléficas.
En esa época, las niñas carecían de un color protector. Más tarde, en Alemania, una leyenda muy conocida sostenía que las niñas provenían de una rosa color de rosa, y se acostumbraba vestir a las niñas de ese color. Tal costumbre se mezcló con la británica de vestir a los varones de color azul y se difundió a otros países del mundo occidental.
Los psiquiatras y los diseñadores saben desde hace tiempo que el color puede tener un significado específico. Un ejemplo común en los países occidentales es el uso del rojo como señal de peligro. Cuando el semáforo cambia a rojo es una orden inmediata de detenerse; en los tiempos de la Guerra Fría, una alerta roja significaba la posibilidad de un ataque nuclear.
En nuestra cultura, el color rojo como señal de peligro quizá esté vinculado con el color de la sangre o del fuego. Entre los chinos, el rojo simboliza la felicidad.

Fuente: Revista Selecciones

Trae mala suerte cruzar los cubiertos

Esperando próximo plato
por NormasdeProtocolo.com
Cruzar o no el tenedor y el cuchillo se ha convertido en un asunto de educación, pero originalmente era cuestión de mala suerte, y entre algunos supersticiosos aún se interpreta de esta manera.
Después de la muerte de Jesús, colocar cualquier objeto de manera que formara una cruz se interpretaba como un recuerdo de su muerte, lo cual se convirtió en un presagio de mala suerte.
En el siglo XVIII, cuando se regularizó el uso de los cubiertos, los comensales evitaban cuidadosamente no dejarlos cruzados sobre el plato al terminar de comer.Dos cuchillos cruzados presagian mala suerte. Si se dejan así, según algunos, la amistad de quienes estén sentados a la mesa seguramente terminará. Esta superstición proviene de la época en que las dagas se usaban como arma y para comer; las espadas y las dagas se cruzaban durante un duelo, así que el cruzarlas sobre la mesa se interpretaba como un acto hostil. Se creía también que el metal de que estaban hechas, el hierro, tenía poderes mágicos y era capaz de convertir dos cuchillos cruzados en un conflicto real.
Debido a sus múltiples usos en las batallas, para matar animales, para comer, como herramienta, los cuchillos fueron objeto de diversas supersticiones. El hierro con el que estaban hechos protegía al propietario contra las brujas y los malos espíritus. Muchos escoceses creían que dormir con el cuchillo bajo la almohada evitaría que las brujas se los llevaran mientras dormían.
En algunos países se considera de mala suerte darle un cuchillo a otra persona. En otros nunca se dan como regalo, ya que su afilada punta puede cortar la amistad. Por eso, cuando se recibe un juego de cuchillos se da una moneda como símbolo de pago.
Muchas supersticiones están vinculadas al hecho de dejar caer un cuchillo. Si se clava en el piso se cree que pronto llegará la buena suerte o algunos buenos amigos. Si el mango del cuchillo apunta en una dirección en particular, eso indica de dónde provendrá la buena suerte o los amigos.
Algunas personas dicen que el dejar caer un cuchillo o un par de tijeras puede terminar un romance. Si el cuchillo queda con la punta hacia arriba, se espera mala suerte, pues las hadas se cortarán los pies.
Fuente: Revista Selecciones

Ponerse echo una furia

Es frase que califica a aquél al que, en determinadas circunstancias, la ira hace gritar, gesticular y no atender a razones.
Las Furias eran las divinidades infernales romanas, asimiladas a las Erinias, las divinidades infernales griegas: Hades, Deméter, Hécate, Perséfone…
Son unas de las divinidades más antiguas, anteriores a Zeus y a los dioses del Olimpo. Simbolizaban las leyes del mundo moral y castigaban a los transgresores, vengando especialmente los crímenes cometidos en el seno familiar.
Se las representaba en forma de monstruo de mirada amenazadora, con grandes alas desplegadas y pies de bronce. Las serpientes formaban sus cabellos y se enrollaban alrededor de sus manos y brazos.
Es frase similar a ponerse hecho una hidra o ponerse hecho un basilisco.

Fuente: 1de3

Trae mala suerte pasar debajo de una escalera

Algunas personas se toman grandes trabajos con tal de no pasar debajo de una escalera; hasta se arriesgan a bajarse de la escalera y caminar entre los automóviles. Otras afirman que el riesgo está en mojarse con pintura o en recibir el golpe de la escalera si ésta les cae encima.

La superstición se explica con una referencia a las creencias cristianas. La escalera que se apoya en una pared o en un árbol forma un triángulo que se identifica con la Santísima Trinidad. Atravesarlo es profanar lo sagrado y atraer al demonio.

Existen varias formas de contrarrestar esa infracción: cruzar los dedos y mantenerlos así hasta ver a un perro; escupir sobre un zapato y dejar que la saliva se seque allí; incluso hacer el signo de la "figa" cerrando el puño con el pulgar metido entre el dedo medio y el índice.

Las supersticiones con respecto a las escaleras tienen que ver con las creencias cristianas, pero ya existían antes del nacimiento de Jesús. En el antiguo Egipto, Osiris, el dios del Sol, estaba en guerra constante con Set, el amo de las tinieblas. Después de una victoria, Set empujó a Osiris a la oscuridad de la tumba. Horus, el dios del Sol naciente, de cabeza de halcón, ayudó a su padre a salir de las tinieblas con dos poderosos hechizos: una escalera y el signo de la “V” hecho con dos dedos. En algunas tumbas egipcias se han encontrado amuletos de buena suerte en forma de pequeñas escaleras, y algunas personas aún usan versiones modernas de dichos amuletos.

Ciertas pinturas muestran al alma subiendo la escalera para salir de la tumba o para llegar a la cima de la luz eterna. Según la Biblia, Jacob soñó con una escalera que llegaba al cielo y en la cual había ángeles. De esta forma, la escalera se convirtió en una figura divina que se reforzó con la idea del Triángulo Sagrado, el cual era símbolo de la vida en los tiempos antiguos.

Una antigua creencia decía que caminar debajo de una escalera acortaría la visita de los dioses a la Tierra, los que, ofendidos, mandarían terribles desgracias.

Las primeras representaciones de la Crucifixión alimentaron la idea de que la escalera simbolizaba tanto a Dios como a Satanás. En ellas, Satanás, furioso porque la muerte de Jesucristo ha salvado a la humanidad, se encuentra de pie debajo de una escalera que está apoyada en la cruz. El área entre la escalera y la cruz estaba bajo el dominio del diablo, así que sólo quien lo adorara pasaría por allí. Sin embargo, hacer el signo de la cruz con los dedos pone a salvo a la persona, lo cual impide a Satanás tomar venganza.

En algunos países, las escaleras se asocian con los criminales y con la muerte, pues los verdugos hacían las horcas apoyando una escalera en un árbol. Después de la ejecución, nadie se atrevía a pasar debajo de la escalera, por temor a encontrarse con el fantasma del ahorcado.

En Francia, antes de que se usara la guillotina, a los condenados se les hacía pasar por debajo de la escalera que los llevaba al cadalso. Cada vez que el verdugo tenía que subir o bajar de la escalera, tornaba la precaución de escupir varias veces entre los travesaños para asegurarse de rechazar las maldiciones del condenado.

Fuente: Revista Selecciones

Gato negro trae la mala suerte

Entre las supersticiones, el temor a un gato negro que se cruce en nuestro camino es de origen más bien reciente. Asimismo, se opone por completo al lugar preferente ocupado por el gato, cuando fue domesticado por primera vez en Egipto, unos 5.000 años. Todos los gatos, incluidos los negros, eran tenidos en muy alta estima por los antiguos egipcios, y la ley les protegía contra los malos tratos y la muerte.
Tal era la idolatría que inspiraba el gato, que la muerte de uno de estos animales hacia que toda la familia que le había albergado le guardara luto, y tanto ricos como pobres embalsamaban los cadáveres de sus gatos con el mayor lujo, envolviéndolos con un fino lienzo y colocándolos en sarcófagos de materiales valiosos, como el bronce e incluso la madera, todo un lujo en un Egipto tan pobre en árboles.
Los arqueólogos han exhumado cementerios enteros de gatos momificados en los que abundaban los negros. Impresionados por la supervivencia del gato, animal capaz de soportar numerosas caídas desde gran altura y salir ileso de ellas, los egipcios originaron la creencia de que el gato tiene siete vidas, e incluso nueve según otros.
La popularidad del gato se extendió rápidamente a través de las civilizaciones. Textos en sánscrito que cuentan más de dos mil años de antigüedad hablan del papel de los gatos en la sociedad india. En China, hace unos 2.,500 años, Confucio tenía un gato como animal de compañía predilecto.
Alrededor del año 600 de nuestra era, el profeta Mahoma predicaba con un gato en sus brazos y, más o menos en la misma época, los japoneses empezaron a mantener gatos en sus pagodas para proteger los manuscritos sagrados.
En aquellos siglos, el hecho de que un gato se cruzara en el camino de una persona era signo de buena suerte. El temor a los gatos, especialmente a los negros, surgió en Europa durante la Edad Media, particularmente en Inglaterra.
La característica independencia del gato, junto con su testarudez y su afición al robo, unida al repentino aumento de su población en las grandes ciudades, contribuyeron a su caída en desgracia. Los gatos callejeros eran alimentados a menudo por ancianas pobres y solitarias, y cuando se propagó en Europa una oleada de histeria, en la que muchas de esas mujeres carentes de hogar fueron acusadas de practicar la magia negra, los gatos que les hacían compañía —especialmente los negros— fueron considerados culpables de brujería por asociación de ideas.
En Francia, millares de gatos eran quemados mensualmente hasta que, en la década de 1630, el rey Luis XIII puso fin a esta vergonzosa práctica. Dado el largo tiempo —varios siglos— durante el cual los gatos negros fueron sacrificados en toda Europa, es sorprendente que el gen del color negro no se extinguiera en esa especie... a no ser que el gato realmente tenga siete vidas.

Fuente: Tinet

Si las miradas pudieran matar

Una “mala mirada”, una “mirada asesina”, “si las miradas pudieran matar” y “mirar aviesamente” son tan sólo unas pocas de las expresiones comunes derivadas de uno de los temores más universales: el del mal de ojo. Se encuentra esta superstición virtualmente en todas las culturas.
En la antigua Roma, los hechiceros profesionales especializados en mal de ojo eran contratados para ejercer sus sortilegios contra los enemigos de una persona. A todos los gitanos se les acusaba de tener ese poder siempre temible, que también estaba difundido a través de la India y el Oriente Próximo.
En la Edad Media, los europeos temían tanto padecer sus efectos, que cualquier persona cuya mirada estuviera desviada o presentara cualquier anomalía podía ser candidata a morir en la hoguera. Un caso de cataratas podía significar la muerte para el desdichado que las sufría.
¿Cómo pudo originarse independientemente esta creencia entre tantos pueblos distintos?. Una de las teorías más aceptadas por los folkloristas se refiere al fenómeno del reflejo en la pupila. Al mirar a los ojos de una persona, nuestra propia imagen, minúscula, aparecerá en la parte oscura de la pupila. y, de hecho, nuestra palabra “pupila” procede de la palabra “pupilla”, que en latín significa “muñequita”.
Al hombre primitivo debía de resultarle extraño y atemorizador el hecho de contemplar su propia imagen en miniatura en los ojos de otros tribeños. Debía de creerse en peligro personal, al pensar que aquella reproducción de sí mismo pudiera alojarse permanentemente en una mirada maligna, y ser secuestrada por ella. Esta noción se ve reforzada por la creencia, entre las tribus primitivas africanas, hace menos de un siglo, de que ser fotografiado equivalía a perder para siempre el alma.
Los egipcios tenían un curioso antídoto contra el mal de ojo: el kohl, el primer cosmético de la historia. Utilizado por hombres y mujeres, se aplicaba formando un círculo o en un óvalo alrededor de los ojos. La base química era el antimonio, un metal, y si bien los adivinos preparaban el compuesto que se aplicaban los hombres, las mujeres se fabricaban sus propias fórmulas a base de antimonio, a las que añadían sus ingredientes secretos predilectos.
Actualmente, nadie está seguro al respecto, pero unos círculos de pintura oscura alrededor de los ojos absorben la luz solar y, por consiguiente, minimizan el reflejo en el ojo. Este fenómeno les es familiar a los futbolistas y jugadores de béisbol, que se aplican una grasa negra debajo de cada ojo antes del partido.
Los antiguos egipcios, que pasaban largo tiempo bajo la cruda luz del desierto, pudieron haber descubierto por su cuenta este secreto, e ideado esta máscara, no primordialmente con fines de embellecimiento, como suele creerse, sino para otras finalidades de tipo práctico y supersticioso.

Fuente: Tinet

Un espejo roto no admite más remedio que comprar otro

Romper un espejo da mala suerte. Esta creencia es común en todo Occidente cristiano, se sitúa entre las supersticiones más citadas y proviene para algunos del uso adivinatorio del espejo. En las sesiones de craptomancia de los antiguos griegos, la rotura del espejo anunciaba la muerte. Es probable, sin embargo que esta superstición obedezca a la idea de que la imagen reflejada en el espejo es el doble o el alma de quien los utiliza y que, en consecuencia, romperlo equivale a poner su vida en peligro.

Los factores económicos son también para algunos, el objeto de esta superstición. Los primeros espejos se fabrican en Venecia durante el siglo XV y estaban recubiertos por una lámina de plata. Eran muy caros, y las señoras para evitar que se rompieran, advertían a los criados que un espejo roto equivalía a siete años de mala suerte. Sin embargo, el sentido común popular aconseja en el refranero: Un espejo roto no admite más remedio que comprar otro. El mal agüero del espejo roto es que hay que comprar otro. Tampoco desaprovecha la ocasión el refranero para criticar a las mujeres que pierden el tiempo ante el espejo: Si mejorada tu casa quieres ver, rómpele el espejo a tu mujer.

El arte de la adivinación por medio del espejo se llama catoptromancia y se realiza mediante una persona que se mira fijamente hasta quedar hipnotizada, momento en el cual se le hacen todo tipo de preguntas. Originario de Persia es uno de los sistemas de adivinación más antiguos.

En Grecia, durante el siglo VI antes de Cristo, se llevaba a cabo con espejos de metal brillante, como el cobre, bronce, plata y oro. En la Edad Media y en la época moderna, se recurría a la ayuda de un niño o de una muchacha virgen, a quienes se le vendaban los ojos y se le colocaba delante o detrás, un espejo.

Pese a que estas prácticas adivinatorias fueron perseguidas por la Iglesia, las crónicas nos hablan de muchos reyes o príncipes que siguieron recurriendo a este método. Entre otros se cita al rey Enrique VII de Inglaterra o a Catalina de Médicis. En 1326, el papa Juan XXII amenazó con la excomunión a los que practicaban la catoptromancia, pues era una creencia muy extendida que los demonios encontraban a veces refugio en los espejos.

Durante el siglo pasado, en muchos pueblos se recurría a este método para desenmascarar al culpable de un robo, encontrar objetos perdidos y otros asuntos semejantes. El espejo corriente se sustituyó por el espejo consagrado, que se entronizaba en una altar y recibía bendiciones y oraciones y también por la bola de cristal, que en muchos casos se impuso sobre aquél.

Fuente: Madritel

Derramarse la sal, mala señal

La sal es un elemento de la tierra, un compuesto de sodio que desde la antigüedad se ha considerado protectora frente a los maleficios y portadora de buena suerte. Puede que esta superstición esté relacionada con la importancia de la sal como conservante de alimentos (salazón...) Además la sal simboliza la alianza del hombre con la divinidad. Este último aspecto queda destacado en la Biblia (Lev. 2, 13).

Se cree que cuando hay sal en una casa siempre habrá dinero y si se echaba sal en los rincones de las cuadras el día primero de abril se evitaban las enfermedades del ganado.
Como amuleto la sal se utilizaba en rituales dibujando un círculo de sal alrededor de aquel que deseaba protegerse contra el diablo. Este círculo era llamado "círculo mágico".
Para contrarrestar el mal de ojo se bañaban en agua con sal las plantas de los pies y las palmas de la mano tres veces, se bebía tres sorbos del agua salda y después se echaba al fuego lo que quedaba de dicha agua.
Hay sin embargo un remedio para conjurar la mala suerte: echar una pizca de sal por encima del hombro izquierdo, porque de este modo se ciega al diablo y a los malos espíritus, o tirar agua por la ventana.
Era costumbre echar sal al fuego cuando entraba en casa una persona sospechosa de dedicarse a la hechicería. También se evitaban las visitas de alguien indeseable echando sal donde había estado, recogiéndola y quemándola después. Otro remedio utilizado era echar sal en el umbral después de su partida.
Se creía que poniendo un plato con sal debajo de la cama de un enfermo ésta absorbía el mal y protegía contra la enfermedad.
Para evitar que un niño sin bautizar fuera objeto de hechicerías se ataba a sus ropas un saquito con un poco de sal cuando se le ponía a dormir en su cuna.
Es de mal agüero derramar de forma involuntaria la sal o que se caiga un salero: el responsable de ese fatal descuido verterá tantas lágrimas como granos de sal se hayan desperdigado. Pretenden algunos que esta creencia procede de la Última Cena, en la que Cristo cometió tal torpeza.
El refranero nos lo dice: "Derramar el vino es buena señal, pero no la sal"; "Si se vierte el salero, faltará la razón, pero no el agüero"; "Verterse el vino es buen sino, derramarse la sal, mala señal".
Quién pisa la sal derramada tendrá disgustos y si se trata de alguien que va a casarse pronto, no cumplirá este propósito. Aquel que persiga quebrantar la felicidad de unos recién casados le basta con echar sal en el lecho nupcial.

Fuente: Madritel

Martes 13, no te cases ni te embarques

Las encuestas demuestran que, entre todas las supersticiones referentes a la mala suerte, la inquietud relacionada con el número trece es la que hoy en día afecta a más gente.

Los franceses, por ejemplo, nunca dan a las señas de una casa el número trece. En Italia, la lotería nacional lo omite. Las líneas aéreas internacionales saltan ese número en las filas de asientos de los aviones. En los Estados Unidos, los modernos rascacielos, comunidades de propietarios y edificios de apartamentos dan al piso que sigue al 12 el número 14.

Un experimento psicológico puso a prueba la potencia de esta superstición. Un nuevo edificio de apartamentos de lujo, a una de cuyas plantas se le dio temporalmente el número trece, alquiló unidades en todas las demás plantas, y sólo muy pocas en la planta decimotercera. Cuando se cambió el número de esta planta por el de 12-B, los apartamentos sin alquilar en seguida encontraron inquilinos.

Todo esto se remonta a la mitología nórdica en la era precristiana. A un banquete en el Valhalla fueron invitados doce dioses. Loki, el espíritu de la pelea y del mal, se coló por las buenas, con lo que el número de los presentes llegó a trece. En la lucha que se produjo para expulsar a Loki, Balder, el favorito de los dioses, encontró la muerte.

Ésta es una de las primeras referencias escritas al infortunio relacionado con el número trece. Desde Escandinavia, la superstición se difundió a través de Europa, en dirección Sur.

Al iniciarse la era cristiana, estaba ya bien establecida en los países mediterráneos. Entonces, aseguran los folkloristas, la creencia fue notablemente reforzada, tal vez para siempre, por la cena más famosa de la historia: la Última Cena.

Cristo y sus apóstoles eran trece. Menos de veinticuatro horas después de esta cena, Cristo era crucificado.

Los mitólogos han considerado la leyenda nórdica como una prefiguración del banquete cristiano. Trazan paralelos entre el traidor Judas y Loki, el espíritu de la contienda, y entre Balder, el dios favorito que resultó asesinado, y Cristo, que fue crucificado. Lo indiscutible es que, desde principios de la era cristiana en adelante, invitar a cenar a trece personas significa buscar un desastre.

Como ocurre con toda superstición, una vez sentada una creencia, la gente busca, conscientemente o no, acontecimientos que encajen con el pronóstico. En 1798, por ejemplo, una revista británica titulada “Gentlemen's Magazine”, estimuló la superstición del número trece al citar estadísticas de seguros en aquella época, que revelaron que, como promedio, una de cada trece personas reunidas en una habitación moriría antes de un año.

En los Estados Unidos, el trece sería considerado como un número afortunado. Forma parte de muchos de los símbolos nacionales, ya que en el reverso de los billetes de banco hay una pirámide incompleta de trece escalones, el águila heráldica sostiene en una garra una rama de olivo con trece hojas y trece frutos, y en la otra, trece flechas. Hay, además, trece estrellas sobre la cabeza del águila. Todo esto, desde luego, nada tiene que ver con la superstición, sino que conmemora las trece colonias que originaron el país, y que por su parte fueron un símbolo de buen auspicio.

Pero según en que países, si el 13 cae en viernes la cosa se pone fea. Según la tradición, en un viernes día 13, Eva tentó a Adán con la manzana, el Arca de Noé inició su larga navegación durante el Diluvio, una confusión de idiomas puso fin a la construcción de la torre de Babel, el Templo de Salomón fue arrasado, y también en este día Cristo murió en la cruz.

Sin embargo, el verdadero origen de la superstición parece ser también un relato en la mitología escandinava. El nombre del viernes —Friday en inglés, Freitag en alemán— procede de Frigga, la liberal diosa del amor y la fertilidad. Cuando las tribus escandinavas y germánicas se convirtieron al cristianismo, Frigga fue execrada y desterrada a la cumbre de una montaña, considerada como bruja.

Se creía que cada viernes la diosa, rencorosa, celebraba una reunión con otras 11 brujas, más el demonio —con lo que eran 13 los asistentes—, y conspiraban para causar infortunios durante la semana siguiente. Durante muchos siglos, en Escandinavia el viernes fue conocido como el «Sabbath de las brujas».

Aunque se desconoce cuál pueda ser el proceso que en España dio lugar al «martes y trece, ni te cases ni te embarques», sí podemos recordar que el nombre del día procede de Marte, el dios de la guerra.

Fuente: Tinet