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ME IMPORTA UN BLEDO


Un bledo es una acelga, y "dársele o importarle a uno un bledo" una cosa o persona significa sentir hacia ella la más absoluta indiferencia o desinterés.
Según explica Covarrubias: "Bledos. Hortaliza conocida: hay dos especies de ellos, unos son blancos y otros rojos, son de suyo desabridos, si no los guisan con aceite, agua, sal y vinagre y especias".

Nueces para el amor y alcauciles para el olvido

Quizás tengamos que hablar del equilibrio, como aquella búsqueda inquieta o como destino en el final del camino. Camino de autopistas (el amor) y colectoras (el olvido) aunque en algunos casos las aclaraciones entre paréntesis pueden invertirse.
Cuentan que las nueces generarían vigor a la hora de hacer el amor, pero… ¿A que nuez se refieren: a la nuez como fruto seco o a la nuez de Adam?

Estirar la pata

Los grupies del hombre de la cruz habrán escuchado y creído aquello de multiplicar los panes y los pescados pero jamás supieron que pueda estirar una pata de pollo o cualquier otra parte del ave cocinada al espiedo, horno, parrilla o tipo suprema.

Contigo, pan y cebolla

El tema del amor es el tema que la difusión de la cultura estadounidense ha impuesto al -ya pasado- mes de febrero, con su Día de San Valentín. Y la frase que hoy les presento, la cual según el Diccionario Ideológico de Casares sería una «frase proverbial» (y no un refrán como muchos creen) por motivos cuya explicación exceden el propósito de este espacio...

Cada loco con su tema

En cumplimiento con cierta invitación al postre que hube realizado por senderos que no vienen al caso mencionar, he decidido publicar este apetitoso post, que retoma el tema de la locura y comienza a puro canto:
“Cada loco con su tema,
contra gustos no hay disputas:
artefactos, bestias, hombres y mujeres,
cada uno es como es,
cada quién es cada cual
y baja las escaleras como quiere.”
Estos son los maravillosos versos iniciales de una conocida canción del cantautor catalán Joan Manuel Serrat, conocido como “El Nano”, para quienes le escuchamos desde hace eras (ver video más abajo). Sus admiradores porteños, le agradecemos que haya estrenado esta canción hace más de veinte años en la mismísima Buenos Aires y que con ella haya también definido con tanta precisión el significado de la frase que aquí hemos dado en publicar.
En nuestro país, utilizamos mucho esta expresión y varias más de significado similar, como, entre otras:
-Sobre gustos no hay nada escrito.
-Qué cada cual haga de su c**lo un pito (algunos agregan: y de su panza un plumero, o un chorizo).
-Gustos son gustos (los más gourmets condimentan esta locución de la siguiente y autóctona manera: Gustos son gustos, dijo una vieja...y le agregaba dulce de leche [o cualquier otra cosa dulce] al locro [o a cualquier otra comida típicamente criolla de alto grado de sazonamiento]).
Todas giran en torno a un hecho real y subjetivo: lo que para uno es afín a sus gustos, para otro puede no serlo. Sin embargo, en lo personal la más gráfica y explícita me parece la última, dado que hace alusión a ciertos gustos alimenticios bastante (casi diría por demás) peculiares. Dicha frase, según una fuente de cierta confianza, se le atribuye al humorista argentino Luis Landriscina, aunque quizás él mismo la haya tomado de la generosa lengua popular.
Salut! y...
Buen Provecho!, como decimos por acá.

Y para quienes se hayan quedado con ganas de escuchar cantar al Nano, les deseamos disfruten como mejor deseen el siguiente video en vivo:

Sacar tajada

El verbo tajar y el verbo rajar son sinónimos; ambos significan dividir algo en dos o más partes con un instrumento cortante.
Dependiendo de la región es más usado uno que el otro, al igual que ocurre con tajada y raja.
La locución sacar raja era propia del lenguaje de los carpinteros y significaba sacar una astilla o tabla de un leño, lo que trasladado a un sentido figurado o metafórico pasó a significar obtener un beneficio, ya que se obtenía algo útil para trabajar y vender.
En virtud de la sinonimia señalada, se crea la locución sacar tajada, que se asimila a obtener una parte de un trozo de carne, melón, sandía, queso o cualquier otro alimento que se pueda tajar, en el momento de su reparto entre varios comensales.
Aquí el sentido figurado es tanto o más claro que en el caso anterior, y la frase se aplica a la obtención de una parte en el reparto de beneficios en cualquier asunto o negocio.
Sacar partido o sacar un buen partido son otras frases que aluden a obtener una parte o porción del bien a repartir.

Fuente: Carlos Rivera

Papar moscas

“Papar moscas” es una locución coloquial que alude a una situación muy concreta : estar con la boca abierta y sin hacer ni decir nada, con referencia a quien está absorto y distraído. El verbo “papar” viene a significar “comer cosas blandas que no necesitan masticarse”, aunque también se utiliza de manera exclamativa, en modo imperativo, para llamar la atención de alguien o para indicarle que va a recibir su merecido (“¡pápate esa!”). Coloquialmente el verbo “papar” se utiliza también en la forma de “papear”, habitualmente en Andalucía. Por extensión se ha dado el sobrenombre de “papamoscas” a cierto artilugio del siglo XVI que marca las horas en la catedral de Burgos. El “papamoscas” burgalés (que nada tiene que ver con el nombre del pájaro que se alimenta de moscas) es una figura grotesca de rostro humano que emerge sobre la esfera del reloj y hace sonar la campana de las horas mientras abre y cierra la boca.

Fuente: Carlos Rivera

Pedir la dolorosa

En España, en castizo, significa pedir la cuenta en cualquier lugar hostelero donde se hubiere comido y bebido. Es uno de tantos dichos y expresiones en que se hace evidente la enorme influencia que ha tenido el cristianismo, y más en concreto, la Iglesia Católica, en el léxico popular. Hace referencia a las imágenes de la Virgen Dolorosa que representan a la imagen de la madre de Cristo durante la Pasión cristiana. Suele representarse a la Virgen María con graves muestras de dolor y de tortura sentimental, llorando y en muy lamentable actitud. Es expresión comparativa, al estimarse que la cuenta del restaurante va a producir en el cliente los mismos síntomas que le produjo a la Virgen María la muerte de su Hijo.

Fuente: http://www.elpelao.com/letras/3215.html

Nacer con un pan debajo del brazo

El origen de esta frase hecha, afortunadamente cada vez más en desuso, procede de la cultura campesina y está relacionado con la fortuna que, en los tiempos de escasez, advenía a una familia con el nacimiento de un hijo varón. El nacimiento de un nuevo miembro en la familia era considerado de manera optimista, ya que significaba una nueva fuente de trabajo y de ingresos, lo que es decir una nueva forma de prosperar y de aumentar la hacienda. Recalco lo del hijo varón, pues no se consideraba signo especialmente afortunado el nacimiento de una hija, como ha sucedido desde tiempo ancestral en China y en otros lugares del mundo.

Fuente: Carlos Rivera

Las cosas claras y el chocolate espeso

Cuando desde América, el monje español fray Aguilar envió las primeras muestras de la planta de cacao a sus colegas de congregación al Monasterio de Piedra, para que la dieran a conocer, al principio no gustó, a causa de su sabor amargo, por lo que fue utilizado exclusivamente con fines medicinales.

Posteriormente, cuando a unas monjas del convento de Guajaca se les ocurrió agregarle azúcar al preparado de cacao, ese nuevo producto causó furor, primero en España y luego en toda Europa.

En esos tiempos, mientras la Iglesia se debatía sobre si esa bebida rompía o no el ayuno pascual, el pueblo discutía acerca de cuál era la mejor forma de tomarlo: espeso o claro.

Para algunos, el chocolate se debía beber muy cargado de cacao, por lo que preferían el chocolate espeso, o sea, "a la española"; para otros, el gusto se inclinaba por la forma "a la francesa", esto es, más claro y diluido en leche.

Los ganadores, finalmente, fueron los que se inclinaron por el chocolate cargado, por lo que la expresión las cosas claras y chocolate espeso se popularizó en el sentido de llamar a las cosas por su nombre.

Entre nosotros, circulaba hace algunos años la variante las "cuentas" claras y el chocolate espeso, usada en relación con las deudas (sobre todo de dinero) que suelen mantener las personas.

Fuente: BELCA

Al freír será reír

Existen varias versiones para justificar el origen de este dicho, utilizado generalmente para pronosticar el cumplimiento de algún hecho adverso, o bien para reprobar la escasa prudencia en la ejecución de cierta tarea.

La versión más probable dice que en la España del rey Felipe IV existía un calderero (vendedor de calderas, salamandras, ollas y sartenes, entre otros utensilios) muy famoso por sus picardías.

Pero sucedió que una vez, otro pillo ansioso de jugarle una mala pasada y de burlarse de él, entró en su comercio y pidió comprar una sartén. Con el mayor de los desparpajos, el calderero le alcanzó una que estaba quebrada por abajo.

El comprador, ignorando aparentemente la falla de la sartén, abonó satisfecho el importe del elemento, pero lo hizo con plata falsa que el calderero recibió también descuidadamente.

Cuando el calderero advirtió que su comprador se retiraba sonriendo con malicia, dijo intencionadamente: "je, je... al freír será el reír", como previendo el mal momento que su cliente habría de soportar al querer utilizar la sartén.

Una vez que el comprador escuchó esta frase, replicó en igual tono, diciendo: "ja, ja... al contar será el llorar", seguro de la desagradable sorpresa que se llevaría el comerciante al hacer el recuento de sus ganancias del día.

Fuente: BELCA

Atar los perros con longaniza

¡Qué hermosa manera de comenzar el día, admirados lectores!
¡Imagínense lo surrealista que llegaría a resultar si saliéramos a desperezarnos a la puerta de nuestro hogar y encontráramos en el poste de alumbrado más cercano a un precioso can de pedigree sujetado por su cuello a dicho poste nada menos que con una tira de longanizas listas para comer!
Digno de ser pintado por Dalí, ¿no es cierto?
Bueno, quizá no es para tanto. Y para los que opinen igual, les comentamos que el origen de esta expresión, que se utiliza desde entonces “para resaltar la exageración con que se demuestra a veces la opulencia y el derroche” (BELCA), data de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. El lugar, Candelario, provincia de Salamanca, Comunidad Autónoma de Castilla y León, España. Famoso por sus “chorizos colorados” (como se conocen en la Argentina) y por el festejo del “Día de la Candelaria” todos los 2 de febrero, este exótico lugar dio origen a un famoso Constantino Rico, conocido entonces con el (como decimos siempre) poco-original-pero-muy-efectivo seudónimo de “El Choricero” e inmortalizado en 1780 por el pintor Ramón Bayeu y Subías (clic aquí para ver el retrato).
Cuentan los que saben del tema, que una de las operarias de la fábrica de don Constantino, presa del apremio –no sabemos cuál- provocado por las circunstancias, tuvo la idea de atar un perro a la pata de un banco con una ristra de longanizas. No fue hasta que un día entró el hijo de otra operaria y vio la encantadora escena del canino mestizo sujeto con semejante atadura, que se acuñó la frase a que aquí hacemos mención, gracias a que el muchacho se encargó de diseminarla –quizá por el mundo entero- al grito de “en casa del tío Rico se atan los perros con longaniza”.

Fuente: BELCA

Derramarse la sal, mala señal

La sal es un elemento de la tierra, un compuesto de sodio que desde la antigüedad se ha considerado protectora frente a los maleficios y portadora de buena suerte. Puede que esta superstición esté relacionada con la importancia de la sal como conservante de alimentos (salazón...) Además la sal simboliza la alianza del hombre con la divinidad. Este último aspecto queda destacado en la Biblia (Lev. 2, 13).

Se cree que cuando hay sal en una casa siempre habrá dinero y si se echaba sal en los rincones de las cuadras el día primero de abril se evitaban las enfermedades del ganado.
Como amuleto la sal se utilizaba en rituales dibujando un círculo de sal alrededor de aquel que deseaba protegerse contra el diablo. Este círculo era llamado "círculo mágico".
Para contrarrestar el mal de ojo se bañaban en agua con sal las plantas de los pies y las palmas de la mano tres veces, se bebía tres sorbos del agua salda y después se echaba al fuego lo que quedaba de dicha agua.
Hay sin embargo un remedio para conjurar la mala suerte: echar una pizca de sal por encima del hombro izquierdo, porque de este modo se ciega al diablo y a los malos espíritus, o tirar agua por la ventana.
Era costumbre echar sal al fuego cuando entraba en casa una persona sospechosa de dedicarse a la hechicería. También se evitaban las visitas de alguien indeseable echando sal donde había estado, recogiéndola y quemándola después. Otro remedio utilizado era echar sal en el umbral después de su partida.
Se creía que poniendo un plato con sal debajo de la cama de un enfermo ésta absorbía el mal y protegía contra la enfermedad.
Para evitar que un niño sin bautizar fuera objeto de hechicerías se ataba a sus ropas un saquito con un poco de sal cuando se le ponía a dormir en su cuna.
Es de mal agüero derramar de forma involuntaria la sal o que se caiga un salero: el responsable de ese fatal descuido verterá tantas lágrimas como granos de sal se hayan desperdigado. Pretenden algunos que esta creencia procede de la Última Cena, en la que Cristo cometió tal torpeza.
El refranero nos lo dice: "Derramar el vino es buena señal, pero no la sal"; "Si se vierte el salero, faltará la razón, pero no el agüero"; "Verterse el vino es buen sino, derramarse la sal, mala señal".
Quién pisa la sal derramada tendrá disgustos y si se trata de alguien que va a casarse pronto, no cumplirá este propósito. Aquel que persiga quebrantar la felicidad de unos recién casados le basta con echar sal en el lecho nupcial.

Fuente: Madritel

Pedir Peras al Olmo

“Esperar en vano de alguien lo que naturalmente no puede provenir de su educación, de su carácter o de su conducta”, dice el DRAE (*).
Traducido al castellano, sería como “pedir algo imposible, algo que no es natural o querer exigir demasiado”, como dicen los colegas de Expresiones españolas para Erasmus en apuros (ver sitio).
Les aclaro que he debido cursar tres décadas en la carrera de Botánica para llegar a conocer el origen de la expresión. Lo bueno es que con esto de la Internet, he logrado reducir las tres décadas a un par de horas, navegando con el buscador que ustedes mismos hubiesen utilizado en mi lugar.
Es así como me he topado con dos amigos fieles del hombre de campo: el Ulmus minor Miller (foto), y el Pyrus communis.
Se equivocan aquellos que piensen que el primero es el hijo menor de padre anglosajón y madre latina y que el segundo es la traducción romana de ‘fuego común’.
Se trata del Olmo y el Peral, respectivamente. Árboles como no hay otros dos.
Como la vida en general se trata de dar frutos (o al menos a esto se dedica gran parte de los seres vivientes, sino todos), nuestros amigos troncudos no son para nada la excepción (salvo excepciones excepcionales).
El señor Peral (José Luis, en singular), da unos frutos comestibles y de hecho apetitosos, jugosos, aunque a menudo laxantes, conocidos como peras. Don Olmo (no confundir con el vecino de la otra calle), también da sus frutos, según dicen los especialistas aunque - permítanme disentir los eruditos - a mi me parecen más bien semillas, porque son unas cosas ovaladas planas y membranosas, semejantes a una sámara (**) aplastada - no hay duda que todos sabemos lo que es una sámara - con un ala orbicular que rodea completamente la semilla. Las mismas se encuentran agrupadas en ramilletes y , en caso de que cualquiera de ustedes encontrase tirada en el suelo alguna de estas rarezas, pensarían junto conmigo “¿qué clase de basura es esto?”.
Semejante horripilancia de aspecto y chatura, jamás estimularía a nadie (salvo bizarras excepciones) a darle un mordisco, a diferencia de las peras, con esa forma casi femenina, tersa piel y sedosidad al tacto.
Quizás por esta diferencia a la hora de tentarse es que ha surgido el dicho que involucra a todos estos elementos antes descritos.
Y como el que es-pera no es-manzana, pretender que esta explicación sea veraz, sería como “pedir peras al olmo”.
Salut!

Fuentes: Wikipedia, “Erasmus”, DRAE (*)
Imagen: Università della Terza Età di Cinisello Balsamo

Referencias:
(*)DRAE: abreviatura de ‘Diccionario de la Real Academia Española (de Lenguas)’.
(**) sámara: es un tipo de fruto en el que se desarrolla un ala aplanada de tejido fibroso y papiráceo a partir de la pared del ovario. Una sámara es un fruto seco indehiscente (que no se abre por una valva). La forma de la sámara favorece su dispersión por el viento o anemocoria. (Wikipedia) Es del tipo de frutos del fresno, el arce y el olmo, agrego yo.

Ir al grano

Con el único objetivo de atender a la sustancia cuando se trata de algo, omitiendo superfluidades”, diremos que un grano (sustantivo de género masculino) es, entre otras quince definiciencias oficiales, la semilla y fruto de las mieses (trigo, cebada, etc.) como nos ilustra el DRAE*.
La agricultura ha sido, una vez más, la fuente de inspiración, la musa de algún ingenioso gentilhombre o alguna ingeniosa gentildama, o quizá algún ingenioso cúmulo o conjunto de gentilhombres y gentilesdamas que tal vez cientos o miles de años atrás han dado a luz esta coloquial y verbal locución (parafraseando al revés al DRAE), que tiene el mismo significado que el objetivo inicialmente planteado en este post.
Cumplido de esta forma el primer ciclo de esta publicación, estamos en condiciones de comentar su uso más frecuente, como se nos está empezando a hacer costumbre: con un ejemplo aclaratorio.
Supongamos que viene nuestro mejor amigo y nos comienza a relatar una verosímil historia de romance con alguna simpática señorita que conociera quizá de noche, quizá de día. Al ver que nuestro amigo comienza a describir con excesivo puntillismo el cuadro de tan azaroso y tierno encuentro, sentimos correr dentro de nosotros el fuego de la curiosidad. Curiosidad que es impaciencia. Impaciencia que es ansiedad. Ansiedad que desea brotar como erupción volcánica de nuestra garganta. Y brota, al fin, en un odiable pero sincero “Podés ir al grano de una buena vez?” (o en ‘castellano neutro’: “puedes…?”).
Ante una situación así, la curiosidad –que fue el primer eslabón de la reacción en cadena, (¿recuerdan?)- suele referirse casi únicamente a si hubo o no intimidad, revolcón, sexo. Todo lo demás figura –en ese momento, al menos- en el rubro ‘superfluidades de la Real Academia Racing Club’ o de cualquier otra entidad por el estilo.
Podría citarles mil ejemplos más, muy graciosos por cierto, pero debo hacer lo que debe ser hecho, que es, simplemente, ir al grano y dar por finalizado este post, aunque con ello me esté arriesgando a ser demasiado conciso, cosa que suele costarme bastante.
Ustedes sabrán juzgar oportunamente.
Salut!
Fuentes: DRAE, español.sin.fronteras
*DRAE: Diccionario de la Real academia española.

Descubrir el pastel

Se utiliza para expresar que una cosa que se procuraba mantener oculta salía a la luz. Para averiguar el origen del dicho, hay que tener en cuenta la definición de pastel: "masa de harina y manteca en que ordinariamente se envuelve crema o dulce". Antiguamente, también se llamaba pastel a una empanadilla cuadrada rellena de carne picada o pistada. Pero no siempre éste era su contenido, ya que los pasteleros llevaban fama de adulterarlo, según constata Sebastián de Covarrubias en su obra Tesoro (1611). De este modo, descubrir el pastel podía aludir a verificar si éste tenía o no el relleno esperado. El origen de la expresión también podría ser otro relacionado con los naipes, ya que el vocablo pastel define "una fullería en el juego que consiste en barajar y disponer los naipes de modo que se tome el que los reparte lo principal del juego o se le dé a otro su parcial".

Fuente: Félix Cardona


Sebastián de Covarrubias

Sebastián de Covarrubias y Orozco (Toledo, 1539 - 1613), lexicógrafo, criptógrafo, capellán del rey Felipe II, canónigo de la catedral de Cuenca y escritor español. (Wikipedia)


Mucho ruido y pocas nueces

No es muy segura la procedencia de esta locución, aunque es sobradamente conocida en España una anécdota que podría explicar el origen del dicho.

Según relato del conde de Clonard, en 1597 las tropas españolas tomaron la ciudad francesa de Amiens, merced a una treta urdida por el capitán Hernán Tello de Portocarrero, que vistió de labradores a dieciséis de sus soldados que hablaban muy bien el francés.

Estos hombres penetraron en la ciudad provistos de sacos de nueces, cestos de manzanas y un carro de heno. Apenas entraron en la ciudad, uno de los soldados dejó caer voluntariamente uno de los sacos de nueces, lo que movió a los soldados franceses a recogerlas del suelo. Esta situación permitió a los españoles que sacaran sus armas de la carreta de heno y así consiguieron reducir a las tropas locales, permitiendo el asalto de una columna invasora.

Posteriormente, los franceses recobraron la plaza, pero la astucia de la estratagema habría dado origen al dicho “ser más el ruido que las nueces”.

Con el correr del tiempo, la frase pasó a formar parte del léxico popular, como manifestación de exagerada demostración de un hecho que no tiene tanta trascendencia.

Fuente : Profesor Esteban Jiménez

La Sartén por el Mango

Si visitan nuestro país u otro de habla castellana, seguramente van a oír la frase “tener la sartén por el mango”.También pueden llegar a oír “Tener la manija”.
En ambos casos, serán testigos del uso de dos frases que aluden a tener la situación bajo control o tener el poder.
El origen de la expresión que originó (valga el pecado original de la redundancia) la necesidad de publicar este post, se relaciona con las cuestiones culinarias –de la cocina, no de otros quehaceres domésticos o fisiológicos.
Sabemos, aunque no desde el nacimiento, que una (o un) sartén es un “Recipiente de cocina, generalmente de metal, de forma circular, poco hondo y con mango largo, que sirve para guisar” (ver en la foto lo que empuñan las damas con una de sus manos), como encontramos en la fuente única de nuestra magra sabiduría, el DRAE*.
Y es la misma ‘Real Academia’ la que dice lo siguiente acerca de sostener este recipiente por su mango “Ser dueño de la situación, poder decidir o mandar.”, coincidiendo con –y quizá copiándose de- nosotros.
(Deseo aclararles que los argentinos –por lo menos-, hacemos papas o huevos fritos dentro de una sartén, además de guisados, señores lectores y Sra. Academia).
También se le dan usos violentos, como elemento contundente para golpear la cabeza o las nalgas de los hijos que molestan a la hora de cocinar o los esposos que tienen el mal hábito de manosear a sus esposas mientras éstas cocinan (quizá alguno tenga una sola esposa y no le quede otra opción que manosear sólo a esa).
Otro uso, bastante frecuente entre los niños, es a manera de raquetas o paletas con las que golpean una pelota en ese juego tan competitivo e individual (aunque a veces puede ser que sea doble o que yo no me haya puesto los lentes) cuyo nombre me recuerda al verbo tener, conjugado para las segundas personas (y no para los terceros en discordia). (Lamento decirles que quienes pensaron ‘Ajedrez’ deben estar padeciendo algún tipo de carencia nutricional o vitamínica muy severa, o les falta imaginación, con todo respeto).
Pero el uso más culto y jamás imaginado de esta herramienta de cocina, lo ha llevado a cabo el señor Hugo Varela, quien lo ha transformado en un instrumento musical con el que se puede tocar ‘Zorba, el griego’ (o al menos él lo puede tocar) mientras nuestras mujeres cocinan –en una cacerola, claro está, la sartén la tiene Hugo-, en lugar de andar manoseándolas todo el tiempo (o ‘manoseándola’ si tienen la suerte-desgracia de tener una sola).
Vean esto y van a ver –valga la redundancia visionaria- que no les miento:
Salut et Bon Appétit!
Fuentes : DRAE, erasmus, BELCA
Imagen: « Pancake Racers » (Corredoras de Panqueques o tortillas) colección Hulton Archive, del fotógrafo Eward Miller

Agarrar para el lado de los tomates

Traduciendo del argentino al castellano neutro, “agarrar para” significa “dirigirse hacia”. Reemplazando entonces el original por su traducción, la frase quedaría más o menos así: “dirigirse hacia el lado de los tomates”, perdiendo fuerza y gracia como suelen hacerlo todas las traducciones del lenguaje arrabalero al socialmente aceptado léxico ‘de salón’.
Esta expresión, de significado descabellado y origen hortícola, se utiliza para señalar que alguien ha comprendido mal, que se ha ido “lejos en sus razonamientos” (Zimmerman, Tres mil historias de frases…).
Frecuentemente la utilizamos en el caso de alguien cuyos razonamientos erráticos lo llevan a encontrar un doble sentido de connotación sexual a cualquier cosa que se le diga. Tal es el caso de los adolescentes, presos de su ingobernable tendencia a seguir los instintos naturales hacia el sitio más alejado de la huerta, como se verá más adelante.
El origen hortícola, tiene que ver con el sitio donde suelen plantarse los cultivos de tomate. Y éste es, precisamente, siempre el más alejado dentro de una huerta (o quinta como le decimos por aquí), cosa que se llega a comprender si se tiene en cuenta cómo se disponen usualmente las plantas de tomate.
A todo aquel que no ha visto nunca un almácigo de tomate o tomatal, le contamos que antes de trasplantar a tierra los plantines (pequeñas plantas desarrolladas corrientemente en pequeñas macetas conservadas dentro de invernáculos o espacios similares), el encargado de la huerta configura un entramado de cañas alineadas en hileras de dos y aseguradas por el extremo superior, de modo que formen un triángulo con base en el suelo de cultivo y vértice apuntando hacia los cielos, donde mora el Creador-de-todo-lo-que-existe-sobre-la-faz-de-la-tierra-
incluso-el-hombre-con-sus-tomates. Entonces, dado que la planta (o árbol?) de tomate es una trepadora, como tantas otras de su género, dedica sus horas y sus días a subir por el entramado de cañas hasta alcanzar la altura necesaria (unos 2 m., aproximadamente) y dar sus tan ansiados frutos limpios de todos los maltratos e impurezas que tendrían si se dejara crecer impunemente la planta al ras del suelo.
El resto es obvio. Nos referimos al por qué de plantar semejante ingenio en el lugar más alejado. Imagínense si plantásemos los tomates delante de la huerta. ¡Sería imposible ver qué hacen nuestros hijos adolescentes entre los repollos, las calabazas y las acolchonadas lechugas! ¡Dios nos libre y guarde! Se comprende que de ocurrir esto, la frase en cuestión llegaría a tener tantos destinos como las preferencias de textura-sobre-la-cual-yacer-durante-ciertos-actos- impostergables-dictados-por-instintos-inevitables-a-cierta-edad que tuviesen aquellos jóvenes a quien hemos hecho referencia.
A la salud de los señores lectores!

Hacer el caldo gordo

Dicho popular que se utiliza con el significado de adular, ayudar o favorecer a alguien con el fin de obtener algún beneficio. El “caldo gordo” es un plato imaginario, no existen recetas que sirvan para prepararlo, aunque su contenido sería diverso y variado, con verduras y carnes de todo tipo. El caldo, sustancia reconstituyente, era en otro tiempo alimento para trabajadores a domicilio, viajeros y menesterosos que necesitaban un sustancioso aporte de calorías. Por lo que se sabe, el significado de “caldo gordo” sería lo contrario que el aguachirle, insustante por naturaleza, sin apenas calorías en su contenido alimenticio. Con el caldo gordo se agasajaba a personajes de importancia y el aguachirle se reservaba para los que no podían pagar o andaban escasos de recursos económicos.