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Vale lo que pesa

Aun cuando se dice que este dicho tendría su origen en la cultura escandinava, se cree que la práctica era común a muchos de los pueblos de la Antigüedad.
Existía entre algunos pueblos, una costumbre consistente en que, cuando un hombre mataba a otro, estaba obligado a pagar en oro o en plata, el peso de la víctima a sus familiares.
Posteriormente, esa práctica se trasladó al ámbito religioso, de manera que los parientes de un enfermo ofrecían a la Providencia por su pronto restablecimiento, el peso de aquel en plata, cera, trigo, etcétera.
El mismo significado tienen hoy las ofrendas que se elevan a la Virgen o a algún santo en los templos; asimismo, entre los ismaelitas parsi de la India subsiste la costumbre de regalar anualmente a su jefe espiritual, el Aga Khan, su peso en oro.
Todos estos antecedentes dieron lugar a la creación del dicho popular vale lo que pesa, utilizado para ponderar el valor (moral, intelectual, artístico o práctico) de una persona en particular. La locución, en ocasiones determinadas y según la costumbre de expresarla en ciertas regiones lingüísticas del castellano, aparece modificada en el sentido de “vale su peso en oro”.



Hacer de tripas corazón

Hacer un gran esfuerzo para enfrentar un obstáculo.
Cuando alguien hace un gran esfuerzo para disimular el miedo y se sobrepone a la inseguridad a pesar del temor interior, está poniendo en práctica esta frase.
Aunque la expresión se asocia principalmente a cómo enfrentar situaciones que provocan temor, también se usa para referirse a situaciones de incomodidad. Por ejemplo, verse obligado contra toda voluntad o deseo a cumplir con un compromiso social, como asistir a una cena donde se sirva un tipo de comida que se detesta, o en compañía de gente a la que no se soporta.
En este caso, hacer de tripas corazón es la única alternativa.
Desde antiguo se ha considerado al corazón como órgano depositario de las emociones.
El hecho de que su ritmo se viese acelerado por situaciones como el miedo, el amor o el peligro y que se mantuviese calmo en situaciones de tristeza o languidez, llevó a tal creencia.
Aún hoy, que se sabe que el corazón no es recipiente de ningún sentimiento, se le sigue considerando -en un sentido figurado- como depositario del amor, el valor y los buenos sentimientos, por poner algunos ejemplos.
Pues bien, cuando se pasa por una situación de fuerte carga sentimental y no se debe hacer caso a los sentimientos para poder seguir adelante, se dice que se hace de tripas corazón, queriendo expresar que otras vísceras (o tripas) han de ocupar su lugar y seguir cumpliendo con su función, pero sin la carga añadida del sentimiento.

Fuentes: 1de3, El Refranista

Estirar la pata

Antes de comenzar a definir, pediré encarecidamente a los lectores un minuto de silencio.
Muchas gracias.
(Se ruega a las personas impresionables que no continúen la lectura, ya que contiene material explícito acerca de temas que pueden excitar su impresionabilidad, [Nota del Autor])
Una vez realizados todos los preámbulos, he aquí lo que sigue:
Mientras buscaba sinónimos de fallecer en el diccionario, me vino a la mente la reflexión de que, indudablemente, el tema de la muerte es tabú en nuestra cultura occidental, con su típico apego a la vida, a juzgar por la enorme cantidad de sinónimos de morir, sean verbos, frases o expresiones coloquiales. Me arriesgo a decir que para muchos, las palabras muerte y morir, así como sus sinónimos llegan a ser verdaderas “malas palabras”. Todas ellas están teñidas por el sufrimiento cultural de la pérdida y el duelo subsiguiente, motivo por el cual, a lo largo de la historia nos hemos esforzado en ocultarlo debajo de la gruesa alfombra del disimulo, el sarcasmo, el optimismo y todos los demás posibles artilugios.
De todo este tema, lo que más me ha llamado la atención es la cantidad de expresiones coloquiales que giran en torno al verbo morir, más que el extenso listado de verbos sinónimos.
Entre ellas, la que intitula a este post y otras de la misma índole, que nuestra riquísima lengua popular (Calamaro dixit) nos ofrece:

“irse al otro mundo”
“irse al otro barrio”
“doblar/torcer la cabeza”
“estar fiambre” (Argentina)
“mirar los rabanitos desde abajo” (Argentina)
“salir con los pies/las patas para adelante” (Argentina, haciendo clara referencia a cómo se empuja un cuerpo en una camilla)
“irse a la quinta del Ñato” (Argentina)
“colgar los guayos” (Colombia)
“ponerse el traje de madera” (España)
“irse a criar malvas” (España)
“liar los petates” (México)
“colgar los tenis” (México)
“entregar el equipo” (México)

Entre otras con significado similar, pero más benévolas figuran: “pasar a mejor vida”, “apagarse” (opcional: como una vela), “cerrar los ojos”, “dar el último suspiro”, “irse al cielo”, etc.
El origen de estirar la pata, según la fidedignísima aseveración de nuestro gran amigo, el frondosamente experimentado y nunca bien ponderado José “El Antiguo”, radica en la forma en que mueren los pajaritos. Según me ha referido personalmente Don Pepe, como cariñosamente le llamamos en nuestro círculo íntimo, los canarios y otros tipos de aves de diminuto porte, domésticas o silvestres (las cuales en mi país llamamos, con inspirada originalidad, pajaritos), al morir adoptan una rigidez característica: con las patas estiradas hacia delante, las cuales, al yacer sobre el dorso los cuerpos a los que aun pertenecen, quedan apuntando hacia el cenit en lugar de apuntar hacia abajo, como cuando se hallan parados. Quienes hayan conocido de cerca a los pajaritos, darán fe por sí mismos de la afirmación de Don Pepe. Quienes no hayan visto fenecer una de estas avecillas, deberán saber que si las encuentran con las patas estiradas hacia delante, será en vano que insistan en soplarles las partes íntimas en franco intento de reanimarles. Ya no habrá soplido que pueda hacerles aflojar esas patitas, ni volver a hacerles levantar el vuelo, desdichadas criaturitas de este mundo.
Espero, sinceramente, no haber herido la susceptibilidad de ninguno de ustedes y dejaré por hoy el teclado en reposo para irme a estirar las piernas, que no es lo mismo que ya saben qué.
Salut!
Imagen: La Coctelera

Tumbarse (echarse) a la bartola

El significado de este viejo dicho popular español es holgazanear, despreocuparse, descuidar o abandonar el trabajo sin mostrar el menor interés. Bartola designa, en sentido figurado, a la panza o barriga. “Tumbarse a la bartola” sería, pues, tumbarse boca arriba y con una actitud holgazana. Probablemente su origen proviene de la fiesta de San Bartolomé, 24 de agosto, final de la cosecha en la cultura agraria. Fiesta asociada, por tal motivo, al ocio, al jolgorio, tras las labores de la recolección. San Bartolomé, apóstol de Cristo, murió desollado. La jocosidad popular posiblemente asocia esa imagen del torso desollado de San Bartolomé con la imagen del vago, del holgazán durmiendo con la barriga al aire.

Fuente: Carlos Rivera

Cuatro ojos ven más que dos

Afirmación que se expresa para señalar la importancia de aceptar ayuda, para realizar algún propósito. Esta frase suele aplicarse, durante el transcurso de una conversación, en la que uno de los presentes explica alguna situación de dificultad, por lo general referido a alguna búsqueda. A lo que otro de ellos le responde con dicha frase, tratando de decirle que pidiendo ayuda, entre todos resultará más fácil realizar la labor.
Su uso más frecuente va vinculado a la búsqueda mediante la vista, y menos específicamente a cualquier otra percepción, y por extensión, no solo se reduce a lo anterior, sino también a otras cuestiones donde se realiza una labor individual y por cuyo modo de proceder se le reprocha que si pide ayuda no se le niega, y la labor entonces se presta a mayores facilidades.

Fuente: Carlos Rivera

Duro de mollera

Paradójicamente esta expresión ha cambiado, en el transcurso del tiempo, su significado original para dar a entender lo opuesto a lo que representaba, que ahora es “cabezota” o “de torpe entendimiento”.
La procedencia de la metáfora está en el concepto de la mollera de los bebés, que es muy blanda y sensible hasta que se endurece conforme el niño va creciendo. Así, las personas mayores ya tienen cerrada la mollera. Esto explica por qué, antiguamente, el dicho “duro de mollera” equivalía a ser sesudo y tener sensatez y cordura. No obstante, hoy se emplea el término para referirse al que es torpe para comprender cosas o es tozudo y no atiende a razones.

Fuente: Carlos Rivera

No tener dos dedos de frente

Ser un irresponsable. Actuar a lo loco y sin conocimiento.

La civilización occidental siempre ha pensado que la inteligencia se medía por la configuración de la frente. A lo largo de la historia y en la Literatura se describe a los sabios con la frente despejada, amplia. En cambio, se toman por malvados o estúpidos los individuos a los que les nace el pelo muy cerca de las cejas. De estos últimos se dice que tienen la frente calzada. La craneoscopia o la frenología es el estudio de la forma y las funciones del cerebro humano. Esta disciplina tuvo sus seguidores entre los que destacó un médico conocido como el Doctor Gall, muy famosos a principios del siglo XIX. Este científico elaboró varios manuales en los que se describían minuciosamente todas las características del cráneo y del cerebro, con sus correspondencias de carácter del individuo. Su teoría era tan compleja y deficiente que bien pudiera ser que la palabra “galimatías” estuviera pensada para él. El prototipo de asesino convicto, del loco y del estúpido se refleja en las láminas de sus manuales como un hombre que no tiene más de dos dedos de frente. No será necesario advertir que en la actualidad el profesor Gall no tiene ningún predicamento y que los rasgos de carácter y de personalidad se hallan en otros lugares y no necesariamente en la forma de la cabeza.

Fuente: Mao Valverde

Si las miradas pudieran matar

Una “mala mirada”, una “mirada asesina”, “si las miradas pudieran matar” y “mirar aviesamente” son tan sólo unas pocas de las expresiones comunes derivadas de uno de los temores más universales: el del mal de ojo. Se encuentra esta superstición virtualmente en todas las culturas.
En la antigua Roma, los hechiceros profesionales especializados en mal de ojo eran contratados para ejercer sus sortilegios contra los enemigos de una persona. A todos los gitanos se les acusaba de tener ese poder siempre temible, que también estaba difundido a través de la India y el Oriente Próximo.
En la Edad Media, los europeos temían tanto padecer sus efectos, que cualquier persona cuya mirada estuviera desviada o presentara cualquier anomalía podía ser candidata a morir en la hoguera. Un caso de cataratas podía significar la muerte para el desdichado que las sufría.
¿Cómo pudo originarse independientemente esta creencia entre tantos pueblos distintos?. Una de las teorías más aceptadas por los folkloristas se refiere al fenómeno del reflejo en la pupila. Al mirar a los ojos de una persona, nuestra propia imagen, minúscula, aparecerá en la parte oscura de la pupila. y, de hecho, nuestra palabra “pupila” procede de la palabra “pupilla”, que en latín significa “muñequita”.
Al hombre primitivo debía de resultarle extraño y atemorizador el hecho de contemplar su propia imagen en miniatura en los ojos de otros tribeños. Debía de creerse en peligro personal, al pensar que aquella reproducción de sí mismo pudiera alojarse permanentemente en una mirada maligna, y ser secuestrada por ella. Esta noción se ve reforzada por la creencia, entre las tribus primitivas africanas, hace menos de un siglo, de que ser fotografiado equivalía a perder para siempre el alma.
Los egipcios tenían un curioso antídoto contra el mal de ojo: el kohl, el primer cosmético de la historia. Utilizado por hombres y mujeres, se aplicaba formando un círculo o en un óvalo alrededor de los ojos. La base química era el antimonio, un metal, y si bien los adivinos preparaban el compuesto que se aplicaban los hombres, las mujeres se fabricaban sus propias fórmulas a base de antimonio, a las que añadían sus ingredientes secretos predilectos.
Actualmente, nadie está seguro al respecto, pero unos círculos de pintura oscura alrededor de los ojos absorben la luz solar y, por consiguiente, minimizan el reflejo en el ojo. Este fenómeno les es familiar a los futbolistas y jugadores de béisbol, que se aplican una grasa negra debajo de cada ojo antes del partido.
Los antiguos egipcios, que pasaban largo tiempo bajo la cruda luz del desierto, pudieron haber descubierto por su cuenta este secreto, e ideado esta máscara, no primordialmente con fines de embellecimiento, como suele creerse, sino para otras finalidades de tipo práctico y supersticioso.

Fuente: Tinet

Tener mala pata

Esta frase hecha se utiliza como expresión de la mala suerte que una persona puede tener en las contingencias de la vida. Existe la creencia de que las patas de algunos animales, especialmente la pata del conejo, traen buena suerte y por eso suelen utilizarse como amuletos en algunas culturas. En el caso de la expresión “tener mala pata” significaría, en su sentido original, que el uso de la pata de conejo no ha producido el efecto deseado, sino el contrario.

Relacionada con esta locución estaría la superstición netamente española de “levantarse con el pie derecho”. Hay quienes atribuyen este acto a propiciar un día favorable, mientras, si las circunstancias no han sido propicias, se emplea la expresión contraria : “levantarse con el pié izquierdo”.

Fuente: Carlos Rivera

La extraña tradición de llevar una pata de conejo en el bolsillo para atraer la suerte no nace de este animal, sino de la liebre. En las regiones medievales de Europa existía la creencia de que las brujas se transformaban en liebres para sorber la leche de las mujeres que habían dado a luz. ¿Pero cómo nace esta creencia? Antiguamente, las cabras, vacas, cerdos, liebres y otros animales de granja entraban libremente en la casa de sus amos, ya que la familia aprovechaba su calor corporal para protegerse del frío invernal. Los campesinos criaban liebres para comérselas y las cuidaban con esmero y cariño. De hecho, por ejemplo, los antiguos britanos pensaban que estos animales eran criaturas mágicas que incluso había que evitar ingerir.

Algunos tratados de la época mencionan que las mujeres embarazadas y durante la época de lactancia acostumbraban a sentarse en un rincón del hogar y ponerse en el regazo uno de estos nobles animales para que las calentara. A cambio, dejaban que la liebre tomara de su pecho. La tradición popular; como ya se ha mencionado, aseveraba que durante la caza de brujas, éstas se transformaban en liebres y se colaban en las casas de los campesinos para salvarse del peligro. Incluso había una manera de reconocer el engaño: si la liebre, una vez atrapada, resultaba difícil de despellejar o cocinar, entonces la bruja se había transformado en animal antes de morir. La idea de que la pata de liebre trae buena suerte nació de la primitiva creencia de que los huesos de sus patas curan la gota y otros reumatismos, así como los calambres. Pero, para ser eficaz, el hueso debía tener una articulación intacta. Por ser tan parecidos, la liebre y e] conejo se unieron como fruto de las supersticiones relativas a sus virtudes mágicas.

Fuente: Planeta Sedna

No es nada lo del ojo

Según cuenta la tradición, alguien, como consecuencia de una riña callejera, tuvo la mala suerte de resultar herido en el rostro y perder uno de sus ojos. Entonces, lo recogió en su propia mano y comenzó a correr por las calles de la ciudad, en busca de ayuda.

Mientras iba a toda velocidad por la vía pública y para darse valor ante la gente que lo miraba con preocupación por tan grave accidente, iba diciendo ... no sufro nada... no pasa nada... en realidad, no es nada lo del ojo...

Claro, esta afirmación ante tan grave hecho, cayó muy bien en el jocoso espíritu popular y la gente, tomando al pie de la letra la expresión, la completó diciendo no es nada lo del ojo... y lo llevaba en la mano, cuya parte final suele omitirse.

Posteriormente, parece ser que la escena volvió a repetirse, esta vez protagonizada por el célebre torero Manuel Domínguez "Desperdicios", toreando en la Plaza de Puerto de Santa María, en 1857.

De todas formas, la locución quedó en el uso popular para subrayar burlonamente la actitud de quien, ante un grave trance, trata de minimizar la urgencia de una situación.

Fuente: BELCA

Manuel Domínguez y Campos, llamado Desperdicios; Gelves, 1816- id., 1886) Matador de toros español. Tomó la alternativa en Zafra (1836) de manos de Juan León. De estilo dominador y austero, rivalizó con Cúchares. Inventó el farol.

Fuente: Biografías y Vidas

Llevar la frente bien alta.

Esta expresión, que en su significado literal se utiliza para indicar orgullo, seguridad o presunción respecto a algún tema o asunto, es sin embargo indicativa de la actitud de la persona limpia de espíritu, honrada y cabal a cuyo comportamiento en la vida ningún pero puede oponerse. En tal sentido cabe destacar su procedencia de cierta posición que se adopta al andar, lo cual denota seguridad y aplomo sin que se suela utilizar la locución como indicativo de orgullo y firmeza de carácter sino como reflejo de la personalidad que quiere dejar bien claro su comportamiento ético como actitud ante la vida.

F. Imagen: Digital Photo