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“Agarrate Catalina”

Catalina pertenecía a una familia de trapecistas que trabajaban en un circo recorriendo los barrios porteños en los años cuarenta. Su bisabuela, su abuela y su madre habían muerto durante diversas actuaciones, sin embargo a pesar de los consejos, decidió seguir con la tradición familiar.

Bajar la caña

Si hubo algo que me cautivó cuando niño, ese ‘algo’ fue la pesca. Deporte unipersonal. Hombre o niño compitiendo contra un rival con idénticas huellas digitales y fecha de nacimiento. Presa oculta bajo el agua. Y la caña.
Sí, ese precioso instrumento de fibra de vidrio o carbono (o cualquier fibra que no fuera una de esas para colorear).
El aprendizaje y concreción de un tiro (lanzamiento) de la línea ‘de fondo’ o ‘de flote’ era –aaaaahhh!!!- una maravilla. Llegar a tirar ‘justo ahí, en la boca del pescado’. Una verdadera felicidad ribereña.
El día que escuché por primera vez la frase ‘bajar la caña’, mi ingenuidad constitucional agravada por la crianza típica dada a todo primer hijo, nieto, sobrino -y demás defectos congénitos con que he nacido-, no comprendía por qué se usaba dicha frase refiriéndose a una pareja (hombre-mujer) reciente y casualmente formada.
Ahora, miles (o millones) de años después, la ‘d’ final de mi ingenuidá’ ha sido derribada por esta excelentísima definición hallada por azar durante una nostálgica búsqueda de ‘técnicas de lanzado’ con caña de pescar en vuestro buscador favorito.
La sabiduría vino esta vez de la mano del “Mini Diccionario de Lunfardo” (Mini, de aquí en adelante) publicado por Colecciones Buenos Aires, un sitio web con el aval de la Secretaría de Cultura de la Nación (Argentina, por supuesto).
Y allí pude leer lo siguiente:

-bajar la caña.
1. Cobrar por algo un precio excesivo.
2. Poseer carnalmente a una mujer” (o a un hombre, agrego yo)

En un intento de traducir estas escuetas definiciones, propongo:
1. No necesita traducción.
2. Tampoco necesitaría, pero tratándose de un tema tabú, permítanme atreverme. Y la traduzco así: Cuando una ‘niña’ (o no tan niña) consigue el cometido de acostarse con un muchacho y viceversa (un viejo amigo del muchacho). (Cuando son varios seguidos, se dice “no deja títere con cabeza”).

Luego del esfuerzo traductoral, me surgió una pregunta inevitable: ¿Qué tiene que ver la caña con dos actos tan disímiles?
La respuesta del “Mini” no se hace esperar y está expresada así (con paréntesis y corchetes que llaman a ‘reserva y discreción’): “(Si no fuera tan nena le habría bajado la caña. 127/202). [Para interpretar este modismo conviene recordar la aguijada o picana que se baja sobre el buey para castigarlo, y también a la caña con que algunos cambalacheros bajaban las perchas con ropa de vestir destinadas a la venta]”.
Puede que esto corra para la acepción que lleva el as, pero ¿quién me explica el segundo significado?
Como ‘a falta de pan, buenas son las tortas’, intentaré hornear yo mismo un esponjoso pastel de definiciencia pretendidamente correcta para la acepción namber chú, de ignoto origen.
Y mis aproximaciones (no me cansaré de recordarles que si son del género f., siempre las prefiero de a muchas) se relacionan nuevamente con el deporte de la pesca.
La primera que me surge, tiene que ver con una técnica de recogimiento de la línea, en la que se realiza un movimiento descendente con la caña –hasta ese momento en posición casi vertical- llevándola a la posición (casi) horizontal, de manera de poder tomar impulso y elevarla repentinamente y con fuerza hacia su posición ‘anatómica’ original (sin ‘casi’). Con esto se consigue traer la ‘presa’ con mayor celeridad (Imaginen ustedes cuál puede ser la ‘presa’).
La segunda y última por hoy, no difiere tanto de la anterior, pero posee un orden diferente. En caso de ser una señorita la que ‘baja la caña’ al hombre - siendo este último el portador de ‘la caña’-… dejo a ustedes imaginar cuál podría ser esa ‘caña’ y a qué se llamaría en este caso ‘bajar’.
Dejo a vuestra más sincera creatividad, queridos lectores, la propuesta de participar aportando nuevos probables orígenes para la acepción que desentona.
Salut y disculpas por tanta implícita y grosera chabacanería!

Fuentes: Colecciones Buenos Aires
Foto: Iberimages

Gozar de la fresca viruta

"Usted estaba sentado gozando de la fresca viruta." Así da comienzo Roberto ArIt a Psicología simple del latero, una de sus inolvidables Aguafuertes porteñas. Tres líneas más adelante habla nuevamente de la fresca viruta al describir a su protagonista apoltronado en una silla de café, bebiendo cerveza bajo un toldo y repitiéndose, hasta el hartazgo, que la vida tiene sus partes lindas.

Esta expresión argentina es equivalente al dolce far niente, al dulce abandono a lo bueno de la vida y al disfrute de lo que se tiene a mano.

El origen de la locución lo encontramos en el hecho de que hasta hace no mucho era común aprovechar la viruta para rellenar colchones.

Tanto las tiras de madera como el aire que queda entre ellas son excelentes aislantes y este relleno se acomoda muy bien al peso y forma del cuerpo.

Por ello la viruta —con la frescura y mullidez que comporta— formó parte del ocio, y su disfrute se convirtió casi en un arte, como el practicado por el que sabe gozar de la fresca viruta.

Éramos pocos y parió la abuela

En los tiempos de calles de tierra, el tiqui taca, los carruajes y casas chorizos eran muy comunes las familias numerosas tales como los García Diez, los Quatrocchi y el Anís 8 Hermanos.
También fue la época de las primeras migraciones internas, provocadas por las victorias electorales de los unitarios contra los federales (para los más jóvenes les decimos que eran lo que son ahora “las populares” y “las divinas”), así fue como una familia harta de la dulzura de su Tucumán natal (para los lectores del extranjero le decimos que Tucumán es una provincia del norte de nuestro país, en donde los índices de diabetes son altísimos) se mudo a la Capital Federal que por esa época no estaba buena como lo esta ahora.
La familia que no se llama Ortega como muchos sospechaban sino que respondían al nombre (apellido) de los Baigorria, dicha familia estaba compuesta por el matrimonio de Maria y José, sus hijos por orden alfabético: Anabel, Belén, Carolina, Eva, Fabiana, Liliana, Maria Ángeles, Maria Claudia, Maria Marta, Noelia, Paula y Roberto, quien fue engendrado bajo el lema “hasta que no tengamos el varón no paramos”, también estaban los hermanos de José, Pedro y Pablo, la madre de todos ellos Emilce y la madre de Maria, quien respondía al nombre de Tita que viajo acompañada por su inseparable amiga de la infancia Rodesia Terra de Bussi (repudiable familia genocida de la provincia).
Todos ellos se instalaron en una pensión de la calle Casita de Tucumán al 900, según consta en el diario íntimo de una de las Maria, para no extrañar tanto. La pensión era un dormitorio de 8,75 metros por 12 metros, con un entre piso en donde solo cabía el colchón del matrimonio bíblico.
No fueron fáciles los primeros tiempos en la ciudad, tampoco lo fueron los últimos pero eso no nos incumbe ahora. Todas las hijas estaban en edad escolar, su padre de oficio carpintero se pasaba los días en un bar lamentando que no se le haya ocurrido a él la idea de darle vida a un muñeco de madera (idea que si tubo Yepeto al crear a Pinocho), sus tíos se ganaban la vida cantando en las paradas del tranvía, su madre se ocupaba de amamantar al pequeño Roberto, mientras que Tita y Rodesia no hacían nada todo el día. Así fue como harta y aburrida Tita se va una noche a bailar tangos a un bolichón por Congreso en donde es seducida por un apuesto anciano del quien no se tienen mayores datos, sí se sabe que un mozo los vio en un reservado dándole rienda suelta a la lujuria (con todas las limitaciones del caso). Al cabo de unas semanas Doña Tita se inflo cual globo en cumpleaños hasta que a los 9 meses dio a luz a un pequeño a quien bautizo como Ricardito. Con la llegada del bebe la familia debió mudarse a un duplex en Caballito en el cual vivieron hasta que la vida los fue llevando por caminos distintos.

Quedar en Pampa y la vía

Muchas pueden ser las conexiones a establecer con la palabra pampa (ver algunas). Quizá varios de ustedes la hayan conocido tras haber oído los famosísimos versos del poema “El Ombú” (*) que cito a continuación:
“Cada comarca en la tierra
tiene un rasgo prominente
el Brasil su sol ardiente
minas de Plata el Perú
Montevideo su cerro
Buenos Aires, patria hermosa
tiene la pampa grandiosa,
la pampa tiene el ombú”.

Diré, sin reparos, que La Pampa no tiene tanto ombú como dice el poema. El árbol típico de la región, que se puede ver en la mitad superior del escudo de esta provincia argentina, es el Caldén (ver artículo).
El ombú (Phytolacca dioica), según los especialistas, sería oriundo de la región Nordeste de la Argentina (El Libro del Árbol, 1973, ver fragmento).
Para culminar este apartado semántico, les cuento que el vocablo pampa proviene de la lengua quechua y significa llanura, especialmente “llanura entre montañas” (Wikipedia).
Los invasores españoles (algunos los llaman conquistadores, que sería un sinónimo) extendieron el uso del vocablo, denominando “las pampas” a las llanuras centrales de la América del Sur y “Pampas” a los pueblos originarios de la región conocida como “Llanura Pampeana” (más Wikipedia).
Pero la Pampa de nuestra frase, no posee otras cosas en común con lo anterior que su nombre y su ubicación en la Ciudad de Buenos Aires (‘Autónoma’ hace poco), que a su vez se halla en la “Llanura Pampeana”.
Esta Pampa trata de una de las calles que se cruza con las vías del ex Ferrocarril Mitre, justo después de intersecar la Av. Virrey Vértiz (paralela a las vías), a dos cuadras de la famosa estación Belgrano C, barrio de Belgrano, valga la redundancia.
Este barrio, comparte con su vecino Palermo el origen de la frase, veamos por qué.
En honor al detalle, la intersección de Pampa y la vía, está apenas unos 400 metros al noroeste del límite entre los dos barrios mencionados.
Lo diré en estos términos, entonces: La expresión empieza en Palermo –más precisamente en el Hipódromo- y termina en Belgrano –más precisamente en La Pampa 1587, más conocida como ‘Pampa y la vía’-.
En esta ya renombradísima intersección, terminaba el recorrido del tranvía que llevaba gratis –según Ñusleter-, o por diez centavos ida y vuelta –según MiBelgrano.com.ar- a los concurrentes al Hipódromo, desde 1895.
De allí partía otro tranvía hacia el centro, a diez centavos el boleto de ida.
Y allí mismo quedaban varados quienes habían dilapidado hasta el último centavo en las carreras (de caballos, claro está), debiendo volver como pudieran a sus hogares para recibir, como si no fuera poco, los reproches y recriminaciones de sus respectivos cónyuges o cualquier parientes proporcionado ad hoc por las adversas circunstancias.
Se ve que la incidencia de estos “despojos monetarios” era de tal magnitud por aquél entonces, que surgió la frase que hoy les presento, la cual con los años ha trascendido los significados puramente hípicos, dando lugar a su uso para toda situación en que alguien ha caído en la ruina económico-financiera.
Salut!

Fuentes: Wikipedia, Taringa, El Libro del Árbol (1973, Ed. Celulosa Argentina S.A.), Luis L. Domínguez, Genealogía de Luján, Ñusleter, Mi Belgrano.
Imagen: Enjoy Patagonia

Referencias
(*)El Ombú, poema de Luis L. Domínguez (1819-1843). Político argentino opositor al gobierno de Rosas.

Tener la vaca atada

Esta expresión se utiliza a menudo cuando uno desea remarcar que alguien tiene asegurado el buen rendimiento económico de una empresa o emprendimiento, especialmente en aquellos casos en que se planean estrategias con el único objetivo de lograr tales resultados (es decir, el lucro).
Ejemplo ilustrativo:
Personajes: Padre médico. Madre bioquímica. Hijo farmacéutico. Hija ecografista. Paciente sexo masculino, soltero, 35 años, empleado administrativo.
Escena V, Acto III: Paciente va al médico. Lo atiende una hora y media más tarde por exceso de tentempiés entre turnos. Muy bien, veamos. Por sus síntomas va a necesitar unos análisis de rutina, sangre y orina, que los va a hacer donde le indique la secretaria así se los hacen rápido y también una ecografía ginecológica, que también le vamos a decir dónde hacerla. Pero “doc”, si yo soy varón. Ahh, m’hijito, eso nunca se sabe. ¡Ud se hace la ecografía y listo! Después vemos qué dice el estudio. No hay que creer todo lo que se ve a simple vista. ¿Estamos? Bueh, mientras esperamos los resultados va tomando este remedio para la sangre, este para el hígado, este para los dolores menstruales…Pero doctor, ya le dije que soy varón. ¡Pero qué duro que es Ud! ¡Le he dicho que hasta que no veamos el informe de la ecografía no se hablaba más del tema! Decía, tome este otro para los huesos, estas vitaminas, este colutorio, este colirio, esta pomada, este y este y este otro para lo que le desarreglan los anteriores y este último para lo que le desarregla el anterior. Vaya a tal farmacia y dígale que va de parte mía que le van cobrar más caro pero lo van a atender como a un príncipe.
Bonita carátula para este post, no?
Bien, en un caso como este, dejando de lado el discurso “persuasivo” de nuestro personaje, el Dr. Ficticio, solemos decir que la familia tiene “la vaca atada” para resaltar que todo está armado en función del lucro y nada más.
El origen de la expresión, creíamos que tenía que ver con la facilidad con que uno faenaría todo lo faenable en una vaca si la tuviese ya atada desde un principio.
Sin embargo, buscando y busqueteando por todos lados hallamos un simpático “Diccionario de argentinismos” que detalla esta explicación, por demás creíble y que dice que la frase en cuestión significa Ser favorecido por la fortuna y la riqueza. La palabra proviene de principios del siglo XX, cuando las familias adineradas viajaban a Europa en barco, y, como ostentación de fortuna, se llevaban una vaca para que les diera leche fresca diariamente.”
De acuerdo con lo anterior, la frase original dicen que sería “viajar con la vaca atada”. Los años hicieron que la vaca no viajara más y tan sólo quedase atada. Aceptamos ofertas y discrepancias, aunque vengan “a granel”.
Y nos despedimos hasta el próximo post, con la siguiente reflexión gestada por nuestro querido Atahualpa Yupanqui: “Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas…” (El arriero, canción triste, si las hay)
Salut!
Fuentes: Diccionario de Argentinismos, Crónicas desde Buenos Aires
Imagen:
Ghislain & Marie David de Lossy

No Qerer Más Lola

Al caer la tarde, mamá me enviaba a la casa de Misia Escolástica, la Señorita Mayor; momentos del rito de las golosinas y las galletitas Lola, a cambio del recado de siempre: «Manda decir mamá que cómo está y muchos recuerdos». Cosas así, no grandes, sino pequeñas y modestísimas cosas. "Antes del fin. Memorias” de Ernesto Sábato.
Lola era una marca argentina de galletitas de principio de siglo

Pisar el Palito

" No me arrimo así nomás
a los jardines floridos.
Sin querer vivo alvertido*
pa' no pisar el palito.
Hay pájaros que solitos
se entrampan por presumidos."- fragmento de "Coplas del Payador Perseguido", del genial Don Atahualpa Yupanqui.

Frases Derrochonas

He aquí tres hermosos ejemplares para adornar nuestros discursos ante masas apiñadas a la hora de hablar de cómo administrar el vil metal que todo lo corrompe. No escatimen en empeño los lectores a la hora de toparse con tan amplio repertorio fraseológico, que la vida es una sola y hay que vivirla a todo lujo.
Aquí van las frases:

A troche y moche