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SER UN CHUSMA

Se tiene al chusmerío por ocupación de la chusma, ese “conjunto de gente soez”. Contra lo que parece, la palabra chusma tiene uso regional pero su origen es el latín vulgar y, con más precisión, proviene de “ciusma”, del genovés antiguo.
Según el “Diccionario del habla de los argentinos” (2008) chusma es el “conjunto de indios que, por su sexo, edad o condición física no combatían”.

ESTO ES JAUJA

“Esto es jauja” solemos decir, pero, ¿de dónde procede esta frase? ¿Jauja es un lugar donde pagan por dormir y existe comida por doquier? Parece utópico que encontremos dicho lugar, pero antiguamente se propagó esta historia.
Cuando Colón regresó de América en su primer viaje, comenzaron a extenderse las vivencias de las penalidades que habían superado en la travesía (enfermedades, hambrunas, incomodidades, etc…) y no se lograron reclutar marineros para el segundo viaje.

Arrastrar el ala

Aquí en mi país, frente a la Casa de Gobierno -La Casa Rosada, que le decimos- hay una plaza enorme: la Plaza de Mayo, cuyo nombre viene a cuento de la Revolución de Mayo de 1810, en que los criollos se reunieron allí –en aquel entonces, su nombre era Plaza Mayor- para derrocar al Virrey Cisneros, reconociendo la autoridad de la Junta Revolucionaria y formándose así el Primer Gobierno Patrio. (Fuente: Ministerio de Educación de la Nación Argentina)

Cualquier bondi te deja en la puerta

(Cualquier colectivo te deja en la puerta)

Recuerdo que de niño, solía vanagloriarme ante mis amigos del centro, porque la única línea de colectivos que había en el pueblo tenía una parada justo en la esquina de mi casa, a tan sólo media cuadra. Claro, todos ellos tenían la plaza a la vuelta, cosa que en la infancia solía ser más divertido.

Engaña Pichanga

A continuación transcribo los resultados de la investigación de Mme. "La Précision" con respecto al tema "Engaña Pichanga". En mi opinión, son del todo respetables. Uds. sabrán juzgar.
Salut!
Athos

ENGAÑAPICHANGA
por Mme. La Precision

El término figura en el Diccionario de la Real Academia Española, con las siguientes definiciones:
engañapichanga.
1) (Bolivia) Charlatán (vendedor callejero).
2) (Argentina y Uruguay) engañabobos (cosa que engaña o defrauda con su apariencia).
Pero la cuestión aquí planteada es qué significa “pichanga” y cómo llegó a formarse la expresión “engañapichanga”.

“Agarrate Catalina”

Catalina pertenecía a una familia de trapecistas que trabajaban en un circo recorriendo los barrios porteños en los años cuarenta. Su bisabuela, su abuela y su madre habían muerto durante diversas actuaciones, sin embargo a pesar de los consejos, decidió seguir con la tradición familiar.

Tirar a la Marchanta

Damos la bienvenida con este post al mes de diciembre, que nos trajo de la mano a una nueva colaboradora definicientífica a quien he dado en apodar "Madamme La Précision". Esta nueva colega, en un debut que refleja sin lugar a dudas la esencia de su apodo, ha escrito lo siguiente.


¡Qué lo disfruten, queridos lectores!


Salut!




Tirar a la marchanta


(En su totalidad por Mme. “La Précision” y CIA.)


"TIRAR A LA MARCHANTA" NO TIENE NADA DE RARO.


“Marchanta” parece provenir del fr. “marchand” (traficante), y este a su vez de “merchant” (comerciante). En castellano, dieron “merchante” (comerciante) y “merchán”, que es apócope de la primera forma. (Fuente: D.R.A.E.)


A LA MARCHANTA, locución adverbial, es un argentinismo, y significa sin ton ni son, de cualquier manera, descuidadamente.
TIRARSE A LA MARCHANTA, frase coloquial, es otro argentinismo, y significa abandonarse, dejarse estar.


En cuanto al juego de arrojar figuritas por los aires puesto en práctica por escolares “vivarachos” (de otros tiempos, imagino, pues no puedo creer que los de ahora sigan siendo tan inocentones) para que los otros pibes se despanzurraran tratando de apropiárselas, entiendo que lo habrán copiado de una práctica común en Argentina –hasta no hace demasiado, porque yo la llegué a ver– que consistía en arrojar monedas para que se las disputaran los niños. Esto podía verse a la salida de las iglesias: los padrinos de las bodas tenían por costumbre tirar monedas a la marchanta, para que las agarraran los pibes, y si no lo hacía… “¡padrino pelado!” le gritaban.
(Las tiraban).
Y, a propósito, recuerdo:
“los morlacos del otario / los tirás a la marchanta” etc., ya saben, "Mano a mano".



Apéndice


Comentarios Complementarios de un "Filólogo en Pantuflas" -transmitidos por Mme. La Précision-"



Mi hermano menor –un caradura que abreva de mí y luego se manda la parte...– se enteró del tema y aporta datos:


1) Dice que en un diccionario de voces de los argentinos, de Félix Coluccio, está registrado MANCHANCHA como la costumbre, ya casi perdida, de arrojar monedas para los niños a la salida de los casamientos y bautismos; pero agrega que él nunca oyó “manchancha” (“Mme. La Précision” tampoco).


2) Señala el parecido entre manchancha y marchanta y dice que puede haber existido contaminación... (eso también lo dicen Conde y Oliveri en sus diccionarios de lunfardo).


3) Dice que MANCHANCHA podría venir de MAN(O)-CHANCHA (por hacer alusión al hecho de tirar las cosas de cualquier manera, “a la que te criaste” – pues dice que proceder así es casi una chanchada).


4) De manera que –siempre según él– primero debe de haber sido “a la manchancha” y luego, tal vez por asimilar ese término casi desconocido a otro de uso común, se habría empezado a decir “a la marchanta”.


5) Finalmente, dice que en una obra de 1788, de Miguel de Learte, leyó el siguiente párrafo: “se difundió que me habían ahorcado y, suponiéndolo cierto, hicieron manchancho en Córdoba de mi hacienda” (es decir, se la repartieron de cualquier manera, sin miramiento, según lo que cada quien pudo apropiarse), y que si bien el término es manchancho (con o) resulta claro que tiene el mismo significado que manchancha (con a).


Todo puede ser y estas elucubraciones no me parecen tan descabelladas; pero aclaro que “Mme. La Précision” no avala los dichos de su hermano menor, pues considera que es un filólogo en pantuflas (¡Ja, a mamá mona con bananas verdes!).



Referencias


D.R.A.E.: Diccionario de la Real Academia Española

Irse a la Quinta del Ñato


He aquí una locución que en apariencia promete hablar sobre algún paseo de recreación de fin de semana. No puedo ocultarles que de algo más o menos así se trata, aunque debo confesar que “La Quinta del Ñato” no es ninguna estancia típica de las afueras provincianas de la región pampeana*, ni tampoco evoca a cierto productor de frutas finas y horticultura** del pueblo de Alejandro Stefenelli, Río Negro. Se trata de un destino algo diferente y emplazado en pleno corazón de la Gran Metrópoli Rioplatense, precisamente en el sitio donde finaliza la porteñísima Avenida Corrientes. Allí se encuentra la necrópolis más famosa de la ciudad, cuyo nombre ha dado nombre al barrio que le incluye: La Chacarita.
Haciendo honor a la historia, citaré textualmente un pintoresco relato acerca de la creación del Cementerio de La Chacarita: “Sobre el piso de la humilde habitación del conventillo yace muerta una mujer joven. A su lado, su pequeño bebé pugna por alimentarse del pecho de la madre ya inerte. Más atrás, las figuras conmovidas de los doctores Manuel Argerich y Roque Pérez, completan la estremecedora escena. El episodio parece haber sucedido el 17 de marzo de 1871, y pertenece a un óleo en tela del pintor Juan Manuel Blanes conocido con el nombre de La fiebre amarilla. Aquella tragedia que azotó la primitiva aldea aún no convertida en metrópoli, selló la suerte de un apacible barrio en la periferia oeste de la ciudad. Al paso de la mortal epidemia, Buenos Aires iba sembrándose de cadáveres. Por lo tanto era necesario en aquellos tiempos, establecer una nueva morada donde pudiera sepultarse semejante tendal de cuerpos. A tales efectos, las autoridades de entonces crearon el actual cementerio de  la Chacarita. Lugar de pequeños agricultores italianos y alemanes, refugio de conventos y seminaristas jesuíticos, la Chacarita había tomado su nombre del quechua.  La palabra “chácara”, que en ese idioma significa “tierra de cultivo”, sirvió para designar aquel espacio de huertas y quintas parceladas. Dicho lugar, transformado a finales del siglo XIX en última rincón de las almas o, como dicen algunos, (incluido Borges) en “la quinta del ñato”, comprende  aproximadamente 8 hectáreas y es una urbe callada de cruces y figuras geométricas diversas que conforman en sí, una variada muestra de la arquitectura funeraria. (10tango.com)
Acerca del origen de la denominación “Quinta del Ñato” para el vocablo cementerio (a secas), dicen en Clarín.com "Algunos creen que viene del lunfardo de comienzos del siglo XX, otros, del habla gauchesca que queda fijada literariamente con el "Martín Fierro" de José Hernández, en la década de 1870. El ñato es la calavera de huesos desnudos, ya sin nariz. La quinta es el cementerio." También encontamos la misma explicación en la  Revista Literaria Mapuche. Si bien no puedo asegurarles la veracidad de esta afirmación, diré en su favor que la palabra ñato tiene el verdadero significado “de nariz poco prominente”, según el infinitamente consultado DRAE****.
Sin embargo, no hemos hallado datos concretos acerca de por qué en la porteña Buenos Aires, a quien dice "La Quinta del Ñato", se le entiende "El Cementerio de la Chacarita". En nuestra ociosa investigación, sólo hallamos la siguiente mención del célebre escritor Jorge Luis Borges (q.e.p.d.), quien en la milonga “El Títere”*** cuenta lo siguiente acerca de cierto compadrito sobre el cual versa su canción:

“Un balazo lo paró
en Thames y Triunvirato,
se mudó a un barrio vecino
el de la quinta del ñato”.

De por qué Borges llamó a La Chacarita de este modo no podría dar ninguna explicación, al igual que tampoco puedo precisar de dónde viene el consenso popular acerca de llamar a esta morada final de muchos famosos y no famosos "La" Quinta del Ñato. 
¡Las cosas que uno aun no sabe!

Salut!

PD: Deseo hacer una mención especial a la lectora Viviana F., quien señaló con tino una interpretación aberrante de las fuentes realizada por mí, lo cual me llevó a tener que modificar (para bien) el texto del post. Nuevamente, ¡Gracias Viviana F.!

Referencias
 *Región Pampeana: La región Pampeana está integrada por las provincias de Buenos Aires (excluido el conurbano), Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe. La población total de la región es de 12.368.415 habitantes (Censo 2001), delos cuales el 39.2% es población materno infantil (menores de 6 años y mujeres de 10 a 49 años) según se ve en el Cuadro 1 y el 87% de la población total habita en área urbana.  (Fuente: Ministerio de Salud de la Nación)
 ***La milonga ‘El Títere’ forma parte del libro Para las Seis Cuerdas, de Borges y que fue musicalizada por Ástor Piazzolla y cantada por Edmundo Rivero. (Fuente: De todo un poco, como en botica)
 ****DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.

Tener poco hilo en el carretel


He citado en anteriores posts esta frase de un modo no tan infinitivo como figura en el título del presente. Es que entre mi gente, suele decirse que a alguien “le queda poco hilo en el carretel” cuando ha llegado a cierta edad en que sus días están por acabar y se encuentra más cerca de “pasar a mejor vida” que de permanecer por mucho tiempo entre los mortales, lo cual no quiere decir que tenga “los minutos contados”, frase que se utiliza más para indicar que alguien está por dejar de formar parte de la vida de uno, que para hacer alusión a aquellas personas que están por “estirar la pata”.
Según el DRAE*, abrevadero en que solemos saciar nuestra ardiente sed de castizo, la palabra carretel tiene dos acepciones: la primera, de uso corriente en marina dice “carrete grande, propio para enrollar cables”; la segunda, de utilización preponderante en Islas Canarias y América, es sinónima de “carrete de hilo para coser”, y es la que viene, en este caso, a prestar ayuda en la explicación del origen de la locución que aquí les presento.
Simple pero veraz, la misma consiste en nada menos que una metáfora que compara la cantidad de hilo que queda en un carretel con el tiempo de vida que le queda a la persona aludida. No sorprenderá al lector la crudeza de la metáfora, siempre y cuando tenga en cuenta que el humor es “quizás el producto más característico y más genial de la humanidad”, como dice Harry Haller, el lobo estepario del libro de Hesse**. Es por ello, me animo a suponer, que la acidez y doble sentido que caracterizan al humor de la gente de mi país argento han hecho posible el nacimiento de expresiones como la que hoy trato aquí y que engrosan las filas del exquisito lenguaje popular de los países de habla castellana.
No permita Dios que se sientan ofendidos los demás países hispanoparlates adjudicatarios de la gestación de esta locución. Más bien puede escribirnos alguno de sus representantes para realizar el correspondiente descargo.
Aquí no declaramos guerras, sólo desafíos.

Salut!

Referencias
 * DRAE: Diccionario de la Real Academia Española, 22ª edición.
** “El lobo estepario”, Herman Hesse, Ed. Arenal, 2003.

Estar más cerca del arpa que de la guitarra


En esta frase, la palabra arpa hace referencia a la lira, instrumento musical con que suele verse a los ángeles en varias pinturas. De su comparación con la guitarra, instrumento de música más terrenal, surge el significado subyacente en esta locución, similar al de “se le está acabando la cuerda” y a “le queda poco hilo en el carretel”.
Este grupo de frases se utiliza para referirse de un modo jocoso, sarcástico, al estado pre mortem o, más precisamente, a la avanzada edad de otra persona y no justamente porque se considere que tal sujeto seguirá el camino de los ángeles, sino más bien porque se le notan inconfundiblemente los años vividos (las sotas en su mazo –o baraja-, dirían los más ludópatas).
Es así como resulta común hoy en día, momento histórico en que el sarcasmo es una de las monedas corrientes y que, particularmente, en mi país ha pasado a formar parte de la idiosincrasia del pueblo hace ya varias décadas, que algunas personas se mofen de los de avanzada edad utilizando estas frases y otras igualmente burlonas como “está por estirar la pata”, “está por irse al otro barrio” o “está por ponerse el traje de madera” (como dicen en nuestra Mater España).
Y hablando de guitarras, de “sotas en el mazo”, trajes de madera y Madres Españas, deseo compartir con ustedes estos versos testamentales de cierto cantautor ubetense:

“[...]
 “Desde que salgo con la pálida dama
ando más muerto que vivo,
pero dormir el sueño eterno en su cama
me parece excesivo,
y, eso que nunca he renunciado a buscar,
en unos labios abiertos,
dicen que hay besos de esos que, te los dan,
y resucitan a un muerto.

“Y, si a mi tumba, os acercáis de visita,
el día de mi cumpleaños,
y no os atiendo, esperádme, en la salita,
hasta que vuelva del baño.
¿A quién le puede importar,
después de muerto, que uno tenga sus vicios…?
el día del juicio final
puede que Dios sea mi abogado de oficio.

“Pero sin prisas, que, a las misas
de réquiem, nunca fui aficionado,
que, el traje de madera, que estrenaré,
no está siquiera plantado,
que, el cura, que ha de darme la extremaunción,
no es todavía monaguillo,
que, para ser comercial, a esta canción
le falta un buen estribillo.”
 Joaquín Sabina, "A mis cuarenta y diez" (fragmento), del álbum 19 días y 500 noches (1999).

A quienes sepan alguna otra frase de significado similar, los invito a compartirlas con nosotros, Los Creadores de Definiciencia Popular y nuestros asiduos lectores.

Salut!

De aquí para allá, como maleta de loco

La locura vuelve a dar que hablar en Definiciencia. Y esta vez, se trae de la mano una expresión coloquial de uso no tan infrecuente por estos pagos (los que vienen del latín pagus), cuya aplicación tiene lugar en aquellos casos en que uno desea señalar que una persona anda -o se la tiene- de aquí para allá, “como bola sin manija”.
La definición oficial que encontramos en nuestro venerado DRAE, reza, en el versículo maleta 1:8, lo siguiente: loc. verb. Arg. y Ur. No tener objetivo claro, no saber bien qué se quiere o se pretende.” Amén (agrega este devoto feligrés).
En nuestro bastante extenso, mas o menos bienaventurado (a veces) y, mayormente, sudamericano país, esto de “como maleta de loco” se utiliza también para hacer referencia al trato habitual que recibe casi todo aquel que tiene la valentía –o temeridad- de aventurarse a realizar un trámite en cualquier dependencia de servicios públicos, la que Uds. elijan, por ejemplo al tramitar la “forma A-38”, como les sucedió a dos viejos amigos míos de la infancia (ver video).
En cuanto a por qué las maletas de loco son llevadas de aquí para allá, aun no tenemos datos oficiales, aunque nos inclinamos a adjudicar el origen de esta frase al comportamiento sin objetivo de varios exponentes de aquellas penurias que desde tiempo inmemorial se conocen bajo el nombre de locura.
Para que finalicen la lectura del post de un modo un poco menos triste que los desdichados locos, les invitamos a que echen un vistazo a esta genialidad:
Asterix y Obelix en La Casa Que Enloquece

Las cosas claras y el chocolate espeso

Cuando desde América, el monje español fray Aguilar envió las primeras muestras de la planta de cacao a sus colegas de congregación al Monasterio de Piedra, para que la dieran a conocer, al principio no gustó, a causa de su sabor amargo, por lo que fue utilizado exclusivamente con fines medicinales.

Posteriormente, cuando a unas monjas del convento de Guajaca se les ocurrió agregarle azúcar al preparado de cacao, ese nuevo producto causó furor, primero en España y luego en toda Europa.

En esos tiempos, mientras la Iglesia se debatía sobre si esa bebida rompía o no el ayuno pascual, el pueblo discutía acerca de cuál era la mejor forma de tomarlo: espeso o claro.

Para algunos, el chocolate se debía beber muy cargado de cacao, por lo que preferían el chocolate espeso, o sea, "a la española"; para otros, el gusto se inclinaba por la forma "a la francesa", esto es, más claro y diluido en leche.

Los ganadores, finalmente, fueron los que se inclinaron por el chocolate cargado, por lo que la expresión las cosas claras y chocolate espeso se popularizó en el sentido de llamar a las cosas por su nombre.

Entre nosotros, circulaba hace algunos años la variante las "cuentas" claras y el chocolate espeso, usada en relación con las deudas (sobre todo de dinero) que suelen mantener las personas.

Fuente: BELCA

Esquivar el bulto


Relacionada con el significado de la frase de algún post anterior (v.g.Irse por los cerros de Úbeda [por la tangente]”) la locución que aquí les presentamos alude, según su uso acostumbrado, a similares hábitos evitatorios, de naturaleza instintiva o racional, que algunos seres humanos encarnan a la hora de jugar una opinión, emitir un juicio, expresar un sentimiento o comprometer una acción dirigidos, cualesquiera de los anteriores, hacia otro individuo de su especie. Algo así como “hacerse el sota” o “el otario”, en perfecto lunfardo porteño rioplatense.
La vasta colección de fuentes consultadas no se ha dignado a arrojar un mísero fotón sobre el origen de esta evasiva frase, cosa que nos ha tentado a aventurar alguna que otra suposición bien fundada en los misterios de la mente y que, bajo la estrictísima y difícil-de-conseguir autorización del Comité Peregrino Restaurador de Fuentes Fidedignas (Co.Pe.Re.Fu.Fi) de Definiciencia Popular, daremos a conocer al Mundo a continuación. (Bajo la tácita suposición –ahora no tan tácita- de que el Mundo estaría íntimamente interesado en conocer información de tan precioso interés epistemofilosóficalifragilísticoespialidoso, como sabiamente nos enseñara nuestra Maestra de Corte y Confección de La Lengua, Licenciada María Encarnación de la Uña Muchorruido y Pocasnueces, Dios la tenga en la Gloria y la reencarne en algún dedo majestuoso del David de Miguel Ángel.)
Más allá de su discutida gestación, estas han sido nuestras conclusiones:
a. Bien podría tratarse de una mala traducción de cierto apellido común entre los antiguos habitantes de la América previkinga (ellos –navegantes del helado Ártico- llegaron antes que el emisario de los Reyes Católicos –también conocidos como Rayos Catódicos) que al oído de los colonizadores nórdicos sonaba Assakivaarbultur, ni una vocal de menos ni una consonante de más. Es por demás conocida la anécdota que contara en sus Cartas Orales de Navegación el Capitán Erik Rohensson (siglo XXX, d.C.), en que hacía mención de una constante y obstinada negativa del Emperador Solohitzquintl Assakivaarbultur (según el oído vikingo del narrador) y su pueblo a pasar por encima de ciertos montículos de acceso irrestricto que eran considerados por los lugareños como residencia de mágicos espíritus viperinos, bajo las cuales éstos yacían enroscados sobre sus propias entidades abstractas en franca actitud de reposo absoluto. Según Rohensson, los nativos se conducían de tan extraña manera con el objeto de evitar ser devorados por los “cánones del deber y la exigencia”.
b. La variante que ofrecen nuestros ratones intelectuales a la propuesta anterior es un poco menos autóctona aunque no menos sugestiva. Revisando los Inexistentes Archivos de Memorias Remotas Sobre Tiempos No Vividos, los cuales se ubican en la Inflamable Biblioteca ‘Ciudad de Magnalejandro’ de la sede africana-septentrional de Definiciencia Popular, encontramos lo siguiente: "En los comienzos de cierto deporte de origen alpino que consiste en deslizarse un elemento humano por la nieve sobre dos gigantescos palitos de helado doblados hacia el cenit por la punta delantera, se llevaba a cabo en tales latitudes centroeuropeas una importante competencia que más tarde dio origen al nombre del deporte" y –presunta pero inexplicablemente- al título de esta frase a la que intentamos dar genealogía. Se trata del Torneo Intraeuropeo “Sky Van Bullit”, que llevaba dicho nombre en honor a cierto campeón holandés de los tiempos preglaciales en que la nieve escaseaba y abundaban los traficantes de telgopor y coco rallado. La peculiaridad del torneo radicaba en que los competidores debían transitar cuesta abajo y a toda velocidad por una pista repleta de obstáculos montañeses dispuestos según la invisible mano del Gran Artesano Paisajista, los cuales dichos atletas frigoríficos debían esquivar hábilmente o morir en el intento. En cierta oportunidad, un presentador tuvo la sublime ocurrencia de comparar la habilidad de los competidores con las estrategias evasivas del público presente a la hora de pagar las entradas, con lo cual, este deporte cobró fama local y -siglos después- mundial debido a la cantidad de “colados” (esos que entran sin pagar, en argentino puro y sin retoques) que ingresaban a la competencia por las laderas no vigiladas de las grandes montañas helvéticas.
Sin duda que futuras investigaciones y debates definicientíficos arrojarán más datos sobre la cuestión.
Agradeciendo, como siempre, vuestra abnegada paciencia y pidiendo sepan comprender lo que nos pasa a la hora de tomar la pastilla rosada ranurada, les dejamos que sigan rumbo por las aguas virtuales de Internet, en busca de otros vientos más propicios.
Salut!

Foto: Britannica.com

Bajar la caña

Si hubo algo que me cautivó cuando niño, ese ‘algo’ fue la pesca. Deporte unipersonal. Hombre o niño compitiendo contra un rival con idénticas huellas digitales y fecha de nacimiento. Presa oculta bajo el agua. Y la caña.
Sí, ese precioso instrumento de fibra de vidrio o carbono (o cualquier fibra que no fuera una de esas para colorear).
El aprendizaje y concreción de un tiro (lanzamiento) de la línea ‘de fondo’ o ‘de flote’ era –aaaaahhh!!!- una maravilla. Llegar a tirar ‘justo ahí, en la boca del pescado’. Una verdadera felicidad ribereña.
El día que escuché por primera vez la frase ‘bajar la caña’, mi ingenuidad constitucional agravada por la crianza típica dada a todo primer hijo, nieto, sobrino -y demás defectos congénitos con que he nacido-, no comprendía por qué se usaba dicha frase refiriéndose a una pareja (hombre-mujer) reciente y casualmente formada.
Ahora, miles (o millones) de años después, la ‘d’ final de mi ingenuidá’ ha sido derribada por esta excelentísima definición hallada por azar durante una nostálgica búsqueda de ‘técnicas de lanzado’ con caña de pescar en vuestro buscador favorito.
La sabiduría vino esta vez de la mano del “Mini Diccionario de Lunfardo” (Mini, de aquí en adelante) publicado por Colecciones Buenos Aires, un sitio web con el aval de la Secretaría de Cultura de la Nación (Argentina, por supuesto).
Y allí pude leer lo siguiente:

-bajar la caña.
1. Cobrar por algo un precio excesivo.
2. Poseer carnalmente a una mujer” (o a un hombre, agrego yo)

En un intento de traducir estas escuetas definiciones, propongo:
1. No necesita traducción.
2. Tampoco necesitaría, pero tratándose de un tema tabú, permítanme atreverme. Y la traduzco así: Cuando una ‘niña’ (o no tan niña) consigue el cometido de acostarse con un muchacho y viceversa (un viejo amigo del muchacho). (Cuando son varios seguidos, se dice “no deja títere con cabeza”).

Luego del esfuerzo traductoral, me surgió una pregunta inevitable: ¿Qué tiene que ver la caña con dos actos tan disímiles?
La respuesta del “Mini” no se hace esperar y está expresada así (con paréntesis y corchetes que llaman a ‘reserva y discreción’): “(Si no fuera tan nena le habría bajado la caña. 127/202). [Para interpretar este modismo conviene recordar la aguijada o picana que se baja sobre el buey para castigarlo, y también a la caña con que algunos cambalacheros bajaban las perchas con ropa de vestir destinadas a la venta]”.
Puede que esto corra para la acepción que lleva el as, pero ¿quién me explica el segundo significado?
Como ‘a falta de pan, buenas son las tortas’, intentaré hornear yo mismo un esponjoso pastel de definiciencia pretendidamente correcta para la acepción namber chú, de ignoto origen.
Y mis aproximaciones (no me cansaré de recordarles que si son del género f., siempre las prefiero de a muchas) se relacionan nuevamente con el deporte de la pesca.
La primera que me surge, tiene que ver con una técnica de recogimiento de la línea, en la que se realiza un movimiento descendente con la caña –hasta ese momento en posición casi vertical- llevándola a la posición (casi) horizontal, de manera de poder tomar impulso y elevarla repentinamente y con fuerza hacia su posición ‘anatómica’ original (sin ‘casi’). Con esto se consigue traer la ‘presa’ con mayor celeridad (Imaginen ustedes cuál puede ser la ‘presa’).
La segunda y última por hoy, no difiere tanto de la anterior, pero posee un orden diferente. En caso de ser una señorita la que ‘baja la caña’ al hombre - siendo este último el portador de ‘la caña’-… dejo a ustedes imaginar cuál podría ser esa ‘caña’ y a qué se llamaría en este caso ‘bajar’.
Dejo a vuestra más sincera creatividad, queridos lectores, la propuesta de participar aportando nuevos probables orígenes para la acepción que desentona.
Salut y disculpas por tanta implícita y grosera chabacanería!

Fuentes: Colecciones Buenos Aires
Foto: Iberimages

Pan-queso,pan-queso,pan

Legendario método mediante el cual los capitanes de los equipos de fútbol amateur deciden quién será el primero en elegir a los integrantes de su escuadra. Este sistema consiste en que cada capitán de los equipos rivales estén enfrentados a una distancia de no menos de 3 metros y no más de 10 metros, (no hace falta que se alejen dándose la espalda contando en voz alta y al llegar a la distancia preestablecida se den vuelta violentamente y griten "pan" o "queso" según corresponda. Eso es un duelo a muerte y nosotros estamos en contra de la violencia en el fútbol). Una vez posicionados a la distancia acordada comienza un capitán a caminar hacia el otro capitán. A cada paso, el capitán del equipo "A" dirá "pan" y el capitán del equipo "B" le responderá al grito de "queso".
Pero he aquí una duda ¿Quién debe dar el primer paso?
Algunos opinan que esto se resuelve previamente en un "cara o ceca", otros dicen que con un "piedra, papel o tijera" y hay algunos pocos que sostienen que esto se decide con un anterior "pan-queso, pan-queso, pan". Aunque estos últimos pocos responden levantado los hombros cuando son consultados sobre quién debe dar el primer paso en ese supuesto anterior "pan-queso, pan-queso, pan".
Supongamos que ya se resolvió quién debe dar el primer paso, por lo cual, el capitán del equipo "A" enfrentado a unos 7 metros del capitán contrario da el primer paso al grito de "pan" (siempre es pan y luego queso, la FIFA en su Congreso del año 1948 decidió en votación unánime que no es valido si se comienza con queso y luego pan basándose en el armado del "sanguche") a lo cual el capitán contrario responde "queso". Esto se repite hasta que alguno de los dos llegue a pisar el pie del rival. Cuando esto sucede, debe gritar “pica para mi y para todos mis compañeros”.
El ganador obtiene el derecho a elegir primero a sus compañeros de equipo, dicha selección se hace de un jugador por equipo, por lo general se suele escoger en primer lugar a los mejores jugadores, los habilidosos, aunque esto puede variar -por ejemplo- cuando el capitán elige al hermano de la chica que le gusta, aunque este sea lo que en el barrio se denomina un autentico "pata dura".
Por qué se realiza este método de selección de jugadores al grito de pan-queso y no al de "fresco y batata" o alguna otra dupla de comestibles, no lo sabemos y dudamos que haya explicación científica para ello.

Cruzar el charco

Cruzar los océanos
Cortesía ToucanArt.com
La expresión "cruzar el charco" significa atravesar el mar o el océano y más concretamente está referida al Océano Atlántico desde el punto de vista de un habitante de España. En sentido figurado, el mar o el océano son considerados “charcos” en el sentido popular por su cercanía cultural o afectiva desde que el Descubrimiento de América por parte de la Corona Española estableció las bases relacionales de una amplia comunidad lingüística, religiosa y cultural .
Esta expresión ya se documenta a principios de siglo en el “Diccionario de argot español” de L. Besses (1905). Cuando un miembro de la comunidad hispana, a un lado y al otro del Atlántico, habla de “cruzar el charco”, siempre alude al viaje transatlántico entre España y América en uno y otro sentido.

Fuente: Carlos Rivera

Éramos pocos y parió la abuela

En los tiempos de calles de tierra, el tiqui taca, los carruajes y casas chorizos eran muy comunes las familias numerosas tales como los García Diez, los Quatrocchi y el Anís 8 Hermanos.
También fue la época de las primeras migraciones internas, provocadas por las victorias electorales de los unitarios contra los federales (para los más jóvenes les decimos que eran lo que son ahora “las populares” y “las divinas”), así fue como una familia harta de la dulzura de su Tucumán natal (para los lectores del extranjero le decimos que Tucumán es una provincia del norte de nuestro país, en donde los índices de diabetes son altísimos) se mudo a la Capital Federal que por esa época no estaba buena como lo esta ahora.
La familia que no se llama Ortega como muchos sospechaban sino que respondían al nombre (apellido) de los Baigorria, dicha familia estaba compuesta por el matrimonio de Maria y José, sus hijos por orden alfabético: Anabel, Belén, Carolina, Eva, Fabiana, Liliana, Maria Ángeles, Maria Claudia, Maria Marta, Noelia, Paula y Roberto, quien fue engendrado bajo el lema “hasta que no tengamos el varón no paramos”, también estaban los hermanos de José, Pedro y Pablo, la madre de todos ellos Emilce y la madre de Maria, quien respondía al nombre de Tita que viajo acompañada por su inseparable amiga de la infancia Rodesia Terra de Bussi (repudiable familia genocida de la provincia).
Todos ellos se instalaron en una pensión de la calle Casita de Tucumán al 900, según consta en el diario íntimo de una de las Maria, para no extrañar tanto. La pensión era un dormitorio de 8,75 metros por 12 metros, con un entre piso en donde solo cabía el colchón del matrimonio bíblico.
No fueron fáciles los primeros tiempos en la ciudad, tampoco lo fueron los últimos pero eso no nos incumbe ahora. Todas las hijas estaban en edad escolar, su padre de oficio carpintero se pasaba los días en un bar lamentando que no se le haya ocurrido a él la idea de darle vida a un muñeco de madera (idea que si tubo Yepeto al crear a Pinocho), sus tíos se ganaban la vida cantando en las paradas del tranvía, su madre se ocupaba de amamantar al pequeño Roberto, mientras que Tita y Rodesia no hacían nada todo el día. Así fue como harta y aburrida Tita se va una noche a bailar tangos a un bolichón por Congreso en donde es seducida por un apuesto anciano del quien no se tienen mayores datos, sí se sabe que un mozo los vio en un reservado dándole rienda suelta a la lujuria (con todas las limitaciones del caso). Al cabo de unas semanas Doña Tita se inflo cual globo en cumpleaños hasta que a los 9 meses dio a luz a un pequeño a quien bautizo como Ricardito. Con la llegada del bebe la familia debió mudarse a un duplex en Caballito en el cual vivieron hasta que la vida los fue llevando por caminos distintos.

Cayó piedra sin llover

Dudo que alguien desconozca o no llegue imaginar a qué se refiere la lapidación con que comienza esta locución verbal coloquial. A quienes acierten, les daremos como premio una insignia dorada de Definicientífico Popular y automáticamente pasará a ser miembro del escalafón de Actividades Inespecíficas Derivadas del Ocio y la Holgazanería (A.I.D.O.H.), palco V.I.P. del anfiteatro-estilo-griego-antiguo de nuestro blog.
Efectivamente, las piedras se refieren al granizo (quienes no hayan acertado, deben quedarse después de hora a lavar los vasos descartables, rasquetear las bandejas de cartón, afilar los mondadientes que hayan quedado enteros y planchar las servilletas de papel que no estén demasiado manchadas).
Este origen pluvial de la frase, quizás no aclare (a menos que soplen vientos específicos para cada región –El Pampero, para la Argentina-) demasiadas cosas acerca de su intestino significado.
De más está agregar, (aunque siguiendo a Fontova (*), ‘más vale que sobre y que no le falte’) que quien haya visto granizo sin lluvia alguna vez, desde ya será adjudicatario de nuestro ‘Pinocho (**) de Oro’, quedando el de plata para repartir entre los que no puedan ser incluidos en ninguna de las clasificaciones hasta aquí mencionadas.
Juntando todo lo anterior, si “cayera piedra” sin llover, lo menos que nos llevaríamos serían unos cuantos coscorrones y no menos de una -extremadamente desagradable- sorpresa. Con esto se van disipando las nubes que obstaculizan ver el radiante significado del dicho.
En efecto, cuando al estar uno en una grata reunión con gente “del mismo palo” –amigos, colegas, etc.-, se hace presente de manera inesperada alguien que no es de nuestro mayor agrado o que quizás no resulte depositario de nuestros mejores sentimientos, estaremos habilitados (por la Comisión Administradora de Descalificativos e Insultos Sutiles de Definiciencia Popular –C.A.D.In.S.De.Pó) para comentar a viva voz y gritar al cielo “¡Cayó piedra sin llover!”, precedida por la interjección que corresponda, según el sitio geográfico donde se esté (por aquí solemos decir ¡Uhh!).
Los más discretos escriben las frases en las servilletas que los perdedores del segundo párrafo han planchado con gran esmero y las hacen circular hasta que llegan a las tapas de algún medio gráfico especializado en espectáculos.
Si es que aún no han entendido, que alguien arroje la primera piedra!
Salut!

Imagen: Borja Agudo, Mitxel Atrio y Maika Salguero

Referencias:
(*) Horacio Fontova, “El Negro”: cantante, guitarrista, compositor, actor, humorista y mas recientemente, escritor, nacido en Buenos Aires, Argentina, el 30 de octubre de 1946. Su padre era cantante lírico y productor cinematográfico. Su madre, concertista de piano. Cursó sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes "Manuel Belgrano". Se inició artísticamente a comienzos de la década del 70, en la versión argentina de la comedia musical "Hair". En 1985 hizo un show en Obras junto al uruguayo Leo Maslíah que se llamó: "Maslíah–Fontova: Bienvenidos a la Argentina". En los 90 formó parte del elenco del programa de televisión "Peor es Nada", junto a Jorge Guinzburg, siendo muy recordado su personaje de "Sonia Braguetti". En 1995 reemplazó a Daniel Rabinovich (integrante de Les Luthiers) en la gira por España de "Grandes hitos". En el año 2002 formó parte del dúo "Fontovarios" junto al bajista José Ríos y realizó un espectáculo musical y humorístico en el teatro Ateneo con los músicos invitados Liliana Herrero y Daniel Melingo. Con el álbum "Fontova-2004 / NEGRO", obtuvo el Premio Carlos Gardel 2005 en el rubro “Mejor Album Artista Canción Testimonial”. Integró los siguientes grupos musicales: "Fontova trío" (con Carlos Mazzanti y Fena Della Maggiora), "Los sobrinos" (con Alejandro Donés, Ricardo Olarte, Raúl Pugach, y Eduardo Rodríguez), "Fontovarios" (con José Ríos). Protagonizó las siguientes películas: "¿De quién es el portaligas?" (2007), "El regreso de Peter Cascada" (2005), "El jardín de las hespérides" (2004), "Adiós, querida luna" (2003) y “La peste" (1992), participando en la banda sonora de dos de ellas (“El regreso de Peter Cascada” y “Adiós, querida luna”). Su libro, editado en 2007, lleva el original título de “Témpera Mental”, digno de un genio como lo es “El Negro”. (Fuente: Wikipedia)
(**) Pinocho: Mentiroso de madera producto del genio del italiano Carlo Collodi, al que con cada mentira le crecía la nariz y hasta le llegaron a salir orejas de burro y que, finalmente, termina ahorcado por sus innumerables faltas. Sin embargo, este trágico final sólo aparece en la versión original, ya que no era un cuento para niños. En posteriores versiones, la engañosa marioneta termina siendo perdonada y convertida en niño de verdad por su hada madrina. (Fuente: Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi, 1882-83)

Quedar en Pampa y la vía

Muchas pueden ser las conexiones a establecer con la palabra pampa (ver algunas). Quizá varios de ustedes la hayan conocido tras haber oído los famosísimos versos del poema “El Ombú” (*) que cito a continuación:
“Cada comarca en la tierra
tiene un rasgo prominente
el Brasil su sol ardiente
minas de Plata el Perú
Montevideo su cerro
Buenos Aires, patria hermosa
tiene la pampa grandiosa,
la pampa tiene el ombú”.

Diré, sin reparos, que La Pampa no tiene tanto ombú como dice el poema. El árbol típico de la región, que se puede ver en la mitad superior del escudo de esta provincia argentina, es el Caldén (ver artículo).
El ombú (Phytolacca dioica), según los especialistas, sería oriundo de la región Nordeste de la Argentina (El Libro del Árbol, 1973, ver fragmento).
Para culminar este apartado semántico, les cuento que el vocablo pampa proviene de la lengua quechua y significa llanura, especialmente “llanura entre montañas” (Wikipedia).
Los invasores españoles (algunos los llaman conquistadores, que sería un sinónimo) extendieron el uso del vocablo, denominando “las pampas” a las llanuras centrales de la América del Sur y “Pampas” a los pueblos originarios de la región conocida como “Llanura Pampeana” (más Wikipedia).
Pero la Pampa de nuestra frase, no posee otras cosas en común con lo anterior que su nombre y su ubicación en la Ciudad de Buenos Aires (‘Autónoma’ hace poco), que a su vez se halla en la “Llanura Pampeana”.
Esta Pampa trata de una de las calles que se cruza con las vías del ex Ferrocarril Mitre, justo después de intersecar la Av. Virrey Vértiz (paralela a las vías), a dos cuadras de la famosa estación Belgrano C, barrio de Belgrano, valga la redundancia.
Este barrio, comparte con su vecino Palermo el origen de la frase, veamos por qué.
En honor al detalle, la intersección de Pampa y la vía, está apenas unos 400 metros al noroeste del límite entre los dos barrios mencionados.
Lo diré en estos términos, entonces: La expresión empieza en Palermo –más precisamente en el Hipódromo- y termina en Belgrano –más precisamente en La Pampa 1587, más conocida como ‘Pampa y la vía’-.
En esta ya renombradísima intersección, terminaba el recorrido del tranvía que llevaba gratis –según Ñusleter-, o por diez centavos ida y vuelta –según MiBelgrano.com.ar- a los concurrentes al Hipódromo, desde 1895.
De allí partía otro tranvía hacia el centro, a diez centavos el boleto de ida.
Y allí mismo quedaban varados quienes habían dilapidado hasta el último centavo en las carreras (de caballos, claro está), debiendo volver como pudieran a sus hogares para recibir, como si no fuera poco, los reproches y recriminaciones de sus respectivos cónyuges o cualquier parientes proporcionado ad hoc por las adversas circunstancias.
Se ve que la incidencia de estos “despojos monetarios” era de tal magnitud por aquél entonces, que surgió la frase que hoy les presento, la cual con los años ha trascendido los significados puramente hípicos, dando lugar a su uso para toda situación en que alguien ha caído en la ruina económico-financiera.
Salut!

Fuentes: Wikipedia, Taringa, El Libro del Árbol (1973, Ed. Celulosa Argentina S.A.), Luis L. Domínguez, Genealogía de Luján, Ñusleter, Mi Belgrano.
Imagen: Enjoy Patagonia

Referencias
(*)El Ombú, poema de Luis L. Domínguez (1819-1843). Político argentino opositor al gobierno de Rosas.

Tener la vaca atada

Esta expresión se utiliza a menudo cuando uno desea remarcar que alguien tiene asegurado el buen rendimiento económico de una empresa o emprendimiento, especialmente en aquellos casos en que se planean estrategias con el único objetivo de lograr tales resultados (es decir, el lucro).
Ejemplo ilustrativo:
Personajes: Padre médico. Madre bioquímica. Hijo farmacéutico. Hija ecografista. Paciente sexo masculino, soltero, 35 años, empleado administrativo.
Escena V, Acto III: Paciente va al médico. Lo atiende una hora y media más tarde por exceso de tentempiés entre turnos. Muy bien, veamos. Por sus síntomas va a necesitar unos análisis de rutina, sangre y orina, que los va a hacer donde le indique la secretaria así se los hacen rápido y también una ecografía ginecológica, que también le vamos a decir dónde hacerla. Pero “doc”, si yo soy varón. Ahh, m’hijito, eso nunca se sabe. ¡Ud se hace la ecografía y listo! Después vemos qué dice el estudio. No hay que creer todo lo que se ve a simple vista. ¿Estamos? Bueh, mientras esperamos los resultados va tomando este remedio para la sangre, este para el hígado, este para los dolores menstruales…Pero doctor, ya le dije que soy varón. ¡Pero qué duro que es Ud! ¡Le he dicho que hasta que no veamos el informe de la ecografía no se hablaba más del tema! Decía, tome este otro para los huesos, estas vitaminas, este colutorio, este colirio, esta pomada, este y este y este otro para lo que le desarreglan los anteriores y este último para lo que le desarregla el anterior. Vaya a tal farmacia y dígale que va de parte mía que le van cobrar más caro pero lo van a atender como a un príncipe.
Bonita carátula para este post, no?
Bien, en un caso como este, dejando de lado el discurso “persuasivo” de nuestro personaje, el Dr. Ficticio, solemos decir que la familia tiene “la vaca atada” para resaltar que todo está armado en función del lucro y nada más.
El origen de la expresión, creíamos que tenía que ver con la facilidad con que uno faenaría todo lo faenable en una vaca si la tuviese ya atada desde un principio.
Sin embargo, buscando y busqueteando por todos lados hallamos un simpático “Diccionario de argentinismos” que detalla esta explicación, por demás creíble y que dice que la frase en cuestión significa Ser favorecido por la fortuna y la riqueza. La palabra proviene de principios del siglo XX, cuando las familias adineradas viajaban a Europa en barco, y, como ostentación de fortuna, se llevaban una vaca para que les diera leche fresca diariamente.”
De acuerdo con lo anterior, la frase original dicen que sería “viajar con la vaca atada”. Los años hicieron que la vaca no viajara más y tan sólo quedase atada. Aceptamos ofertas y discrepancias, aunque vengan “a granel”.
Y nos despedimos hasta el próximo post, con la siguiente reflexión gestada por nuestro querido Atahualpa Yupanqui: “Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas…” (El arriero, canción triste, si las hay)
Salut!
Fuentes: Diccionario de Argentinismos, Crónicas desde Buenos Aires
Imagen:
Ghislain & Marie David de Lossy