Gozar de la fresca viruta

"Usted estaba sentado gozando de la fresca viruta." Así da comienzo Roberto ArIt a Psicología simple del latero, una de sus inolvidables Aguafuertes porteñas. Tres líneas más adelante habla nuevamente de la fresca viruta al describir a su protagonista apoltronado en una silla de café, bebiendo cerveza bajo un toldo y repitiéndose, hasta el hartazgo, que la vida tiene sus partes lindas.

Esta expresión argentina es equivalente al dolce far niente, al dulce abandono a lo bueno de la vida y al disfrute de lo que se tiene a mano.

El origen de la locución lo encontramos en el hecho de que hasta hace no mucho era común aprovechar la viruta para rellenar colchones.

Tanto las tiras de madera como el aire que queda entre ellas son excelentes aislantes y este relleno se acomoda muy bien al peso y forma del cuerpo.

Por ello la viruta —con la frescura y mullidez que comporta— formó parte del ocio, y su disfrute se convirtió casi en un arte, como el practicado por el que sabe gozar de la fresca viruta.

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